Colombia ante la segunda vuelta Imprimir
Sábado, 19 de Junio de 2010 02:00

 

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Más allá de los datos oficiales hay un deseo de cambio que sigue buscando expresión

La incapacidad de Mockus para enfrentar la guerra sucia, maniobras y fraude del régimen uribista es resultado en última instancia de su aceptación del sistema capitalista, su programa burgués y su carácter de clase pequeñoburgués, que ya hemos analizado en anteriores artículos. Pero, como también analizábamos en esos mismos trabajos (cuando decíamos que muy probablemente Mockus, antes o después, terminaría traicionando las expectativas de sus seguidores) lo interesante de la llamada “ola verde” es el proceso de fondo que refleja: la entrada en acción de capas importantes, sobre todo de jóvenes y sectores de las capas medias -aunque no sólo también de una capa de trabajadores- buscando una alternativa política capaz de transformar el país.

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Este fin de semana se celebra la segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas. La primera, celebrada el pasado 30 de Mayo, estuvo marcada inicialmente por las expectativas generadas por la llamada “ola verde” entorno  al candidato Antanas Mockus (al cual todos los sondeos daban  posibilidades de derrotar al uribista Juan Manuel Santos) y el choque espectacular entre estas -y el ambiente de cambio que se percibía en la calle- y los resultados finalmente anunciados oficialmente por el gobierno: 46% Santos-21% Mockus. Tras el anuncio de estas cifras asistimos a numerosas denuncias acerca de un posible fraude formuladas por activistas de izquierda y partidarios del propio Mockus.


¿Vientos de fraude?
En la misma noche electoral, antes de la contradictoria y desmovilizadora intervención de Mockus, varios de sus simpatizantes denunciaban ante las cámaras de Telesur que en varios centros de votación en los que los votos inicialmente escrutados les proporcionaban resultados muy favorables esta tendencia se había invertido de modo repentino y misterioso al ser transmitidos electrónicamente las actas de votación pasando a ser claramente favorable a Santos. Varios artículos en Internet denuncian la desaparición de votos en las actas transmitidas electrónicamente por el poder electoral y algunos incluso afirman que la participación fue de un 60% o más y no del 50% que finalmente se ha dado como dato oficial.


Sea como fuere, la sensación de que hubo elementos importantes de fraude (aunque resulta difícil saber –y sobre todo probar- el alcance exacto del mismo) y la evidencia de que el régimen uribista recurrió a todo tipo de maniobras legales e ilegales para viciar y distorsionar los resultados, hizo que sus seguidores recibieran a Mockus la noche electoral de la primera vuelta al grito de “No más fraude”. En su discurso, Mockus, en medio de sus abstracciones y contradicciones habituales, habló de que “no todo vale”, criticó la guerra sucia contra él en los medios de comunicación o repitió en varias ocasiones que “nosotros no compramos votos” (en evidente alusión a las denuncias acerca de la compra de votos por parte del uribismo mediante subsidios del Plan “Familias en acción” y otros métodos). Sin embargo, cuando más arreciaban los gritos denunciando fraude insistió en que el número de votos que se le otorgaba oficialmente (3.100.000) era un buen resultado y negó implícitamente el fraude al felicitar a todos los demás candidatos y llamar a seguir luchando para la segunda vuelta.


Esta aceptación en la práctica de un resultado que muchos de sus seguidores consideran fraudulento ha tenido el efecto de desmovilizar a una parte de la base social que impulsaba la llamada ola verde. De hecho, según algunos sondeos es bastante posible que en la segunda vuelta asistamos a una mayor abstención y un peor resultado de los verdes, como consecuencia de la renuncia de Mockus a movilizar a las masas contra las maniobras legales e ilegales del uribismo y presentar una alternativa capaz de convertir las ilusiones y anhelos de cambio que indudablemente existen en la sociedad colombiana en un plan de acción y un programa consciente para hacer ese cambio realidad.


Esta incapacidad de Mockus para enfrentar la guerra sucia, maniobras y fraude del régimen uribista es resultado en última instancia de su aceptación del sistema capitalista, su programa burgués y su carácter de clase pequeñoburgués, que ya hemos analizado en anteriores artículos. Pero, como también analizábamos en esos mismos trabajos (cuando decíamos que muy probablemente Mockus, antes o después, terminaría traicionando las expectativas de sus seguidores) lo interesante de la llamada “ola verde” es el proceso de fondo que refleja: la entrada en acción de capas importantes, sobre todo de jóvenes y sectores de las capas medias -aunque no sólo también de una capa de trabajadores- buscando una alternativa política capaz de transformar el país.


La ola verde, ¿anécdota o expresión distorsionada de la lucha de clases?
Como siempre ha explicado el marxismo, lo importante no es lo que dice de sí o piensa cada dirigente sino los procesos objetivos que –independientemente de su voluntad y deseos- expresa y/o genera. Para un sector de la burguesía, como hemos analizado desde la CMR, el tándem Mockus-Fajardo representaba una posible alternativa al uribismo ubicada dentro del sistema y que al mismo tiempo que podía permitir encauzar más fácilmente el malestar existente entre las masas tenía la virtud de impedir que el mismo pudiese concentrarse alrededor del Polo, algo que –pese al programa reformista de derechas de Petro y su lamentable posición respecto a la revolución en Venezuela- encerraba un gran peligro potencial para ellos.


Y, sin embargo, el deseo de cambio entre las masas –particularmente entre la juventud- era tan grande que, pese a Mockus, pese a Petro, pese a Fajardo, intentaron expresar su ansia de transformación a través de la candidatura del Partido Verde y en menor medida de la del Polo, que obtuvo un meritorio 9%. Esto unido al voto a Mockus significa que incluso si aceptásemos los viciados datos oficiales un 30% de los votantes quiere un cambio. No sólo eso, agarraron a esos líderes y movimientos que tenían a mano e intentaron darles un contenido inequívocamente anti-uribista e incluso anti-sistema que ellos por sí mismos estaban lejos de pretender.


Esta contradicción entre las esperanzas de las masas y lo que realmente proponen sus dirigentes,  y la tendencia de las primeras a llenar los discursos vacíos y confusos de los segundos con sus propias aspiraciones, es una característica típica de las primeras etapas  de recuperación y despertar del movimiento de masas, especialmente si en el período precedente el retroceso tanto en el terreno práctico como en el de las ideas ha sido profundo. Y en Colombia, como hemos analizado en numerosos materiales, venimos de la derrota histórica del ascenso revolucionario de los 70-80 y de una ofensiva contrarrevolucionaria profunda por parte de la burguesía en el terreno económico, social e ideológico a lo largo de las últimas dos décadas y especialmente en los últimos 8 años, que todavía continúa


No obstante, lo más significativo de cara al futuro es que el dique de inercia, miedo y desmoralización ha empezado a romperse y las masas no sólo han protagonizado importantes luchas y movimientos sociales en los últimos años sino que han empezado a romper psicológicamente con el pasado y creer en la posibilidad de un cambio. La victoria del PDA en las elecciones a la alcaldía de Bogotá o ahora la ola verde representan los primeros pasos (que como todos los primeros pasos sólo pueden ser confusos y a tientas) en busca de una alternativa al uribismo y en última instancia al capitalismo. Porque esa es otra lección importante de estas elecciones: todo el desarrollo del capitalismo en Colombia a lo largo de los últimos años confirma que no existe otro modelo posible dentro del marco del capitalismo que el represivo, mafioso y absolutamente despreciativo hacia la vida humana que representan Uribe, Santos, Vargas Lleras, Sanín, etc.


Este salto cualitativo que se ha producido en el proceso subterráneo, “molecular” como decía Trotsky, de toma de conciencia de las masas en Colombia, y que hoy apenas esboza sus contornos (por lo que los más miopes y ciegos ni siquiera lo ven) representa un gran avance para el futuro y una gran oportunidad para la izquierda revolucionaria del PDA si es capaz de saber ver con ojos nuevos lo que expresan movimientos como la llamada “ola verde” expresan y no dejarse confundir por las contradicciones que reviste el movimiento y la espesa bruma de los prejuicios que siembra la burguesía, el escepticismo y fatalismo típicos de la pequeña-burguesía y los análisis perezosos y rutinarios de no pocos “expertos” y analistas.


El proceso de aprendizaje y toma de conciencia de las masas
En el contexto político y económico de crisis profunda del sistema y agudización de la lucha de clases que vivimos en todo el mundo, el shock experimentado por los sectores de las masas que creían que Mockus podía ganar y esto podría significar el inicio de un cambio no tendrá probablemente efectos muy profundos y duraderos. Antes al contrario, significará un aprendizaje como lo fue en Ecuador la traición de Lucio Gutiérrez y el desarrollo contradictorio del movimiento, también basado en sectores de jóvenes y de la pequeña-burguesía que sacó del poder a Gutiérrez. La experiencia por la que hoy están pasando ayudará a sectores de las masas a comprender más claramente que para cambiar las cosas (y más aún en una situación con la de Colombia) no basta con desear un cambio sino que hace falta un programa claro y muy concreto, que ofrezca una alternativa al capitalismo y permita movilizar no sólo a sectores de la juventud y las capas medias sino a las más amplias masas, así como un plan de acción para defender ese voto en la calle y llevar a cabo una transformación económica y política real.


Este aprendizaje de las masas a través de su experiencia está en pleno desarrollo. Junto a la desmovilización y posiblemente cierto desencanto temporal que produjo la derrota del 30 de mayo entre una capa de activistas verdes tenemos otras dos tendencias en el movimiento.  Una primera ha cerrado filas al menos por un tiempo, aferrándose a la esperanza de que Mockus pueda encarnar ese cambio que buscan, haciendo de tripas corazón. Han decidido al menos por el momento, aceptar el discurso de su dirigente llamando a dar ejemplo, ser un referente moral, etc. y volver al trabajo para la segunda vuelta, aunque –obviamente- sin la intensidad y expectativas de la primera y con muchos interrogantes en sus mentes y una actitud más crítica hacia el régimen y reflexiva.


Por otra parte, existe otra capa de activistas, simpatizantes y votantes verdes a los cuales esta experiencia les está haciendo sacar conclusiones mucho más avanzadas. El número de simpatizantes y votantes verdes que mira a la izquierda representada por el Polo como un punto de referencia ha aumentado.  Ahora corresponde a los dirigentes del PDA ganarlos con una política correcta o defraudarlos repitiendo las vacilaciones y contradicciones de los últimos años.


¿Es posible ganar a los seguidores verdes para una política genuinamente de izquierdas?
Como ya explicábamos en anteriores artículos, pese al programa pro-capitalista de Mockus y el carácter burgués y pequeño-burgués de los dirigentes del Partido Verde, era significativo que un 50% de sus electores considerase como segunda opción a la hora de votar al PDA y sólo un 14% mirase a Santos y el uribismo. Esto se reflejó una vez más en el discurso de balance de Mockus en la noche electoral. Cuando este se refirió a sus oponentes y alabó a Vargas Lleras, uribista de Cambio Radical separado temporalmente del uribismo por luchas internas por el poder, un número considerable de partidarios manifestaron su desacuerdo. En cambio la simple mención al Polo fue coreada con gritos de “coalición”. La gran mayoría de activistas verdes coreó consignas favorables a buscar alianzas de cara a la segunda vuelta con el Polo y los liberales.


El debate dentro del PDA acerca de un acuerdo con los verdes
La presión tanto entre los militantes y sobre todos simpatizantes y electores verdes y amarillos (ese es el color del PDA) a favor de algún tipo de acuerdo para derrotar a Santos era grande. La dirección del PDA envió incluso una carta a Mockus con sus propuestas. Esto creó una situación contradictoria en el seno de la izquierda. Muchos activistas del Polo, sobre todo de su ala izquierda, que comprenden acertadamente que el programa de Mockus es claramente burgués y que incluso rechazan el programa reformista de Petro y su política seguidista respecto a la burguesía en relación a Venezuela, se oponían a cualquier posiblemente acercamiento a los verdes. Temían, no sin razón, que un acuerdo o acercamiento a los verdes significase en la práctica un giro aún mayor a la derecha en la dirección polista.


La posición de no dar apoyo al programa neoliberal de Mockus y rechazar un pacto programático con partidos burgueses o pequeño-burgueses que defienden el capitalismo es correcta. Al mismo tiempo, para la izquierda revolucionaria –como explicaba el camarada Doroteo Zapata en su artículo “El fenómeno Mockus: Una expresión ideológica de la lucha de clases”- es fundamental saber distinguir entre los dirigentes de un movimiento confuso, contradictorio y con los elementos de espontaneidad que tiene la ola verde, y los millares de activistas y simpatizantes que participan en la misma.


Dentro del Polo el debate acerca de qué actitud mantener hacia los verdes era una excelente oportunidad para debatir cómo la política reformista seguida durante los últimos años impidió al PDA recoger el anhelo de cambio y malestar con el uribismo que expresaba la ola verde. Sobre todo era una excelente ocasión de luchar por un programa y unos métodos que permitieran a la izquierda polista, al mismo tiempo que critica la política de buscar acuerdos por arriba con partidos y líderes burgueses de Petro y el ala derecha del partido, presentar un programa capaz de ganar el apoyo de las masas. Estas,  hartas del uribismo, buscan una alternativa pero a causa de las contradicciones y errores del PDA todavía miran hacia otras opciones como los verdes o incluso el partido liberal. Esta contradicción no se resuelve mediante un acuerdo por arriba con los dirigentes verdes sino con un programa y un plan de acción que gane por abajo a los simpatizantes verdes y a millones de jóvenes y trabajadores que sufren la barbarie del capitalismo y la represión del uribismo pero siguen sin ver una alternativa que les entusiasme políticamente.


La única solución a esta contradicción es la que los marxistas colombianos de la CMR han venido defendiendo en sus volantes y desde su página web en los últimos 2 años y la que planteaban nuevamente en el artículo “El fenómeno Mockus: una expresión ideológica de la lucha de clases”. Los camaradas explicaron mucho antes de la primera vuelta el carácter burgués del programa de Mockus y las contradicciones internas de este movimiento. Por eso defendimos contra todos los prejuicios –tanto de tipo oportunista como ultraizquierdista- que la posición de la izquierda revolucionaria debía ser la de llamar a  votar al PDA, al mismo tiempo que explicábamos pacientemente y de un modo compañero y respetuoso a muchos de esos jóvenes ilusionados con la expectativa de cambio generada por la ola verde nuestras diferencias con Mockus y los demás dirigentes de este partido y, sobre todo, les llamábamos a luchar dentro del Polo y la CUT por un programa que responda realmente a sus necesidades.


Los camaradas explicaban una idea clave: que la llamada ola verde representa la primera expresión de un cambio político profundo en Colombia y significa un reto,  una oportunidad y una lección para la izquierda agrupada en el PDA. Sectores masivos de la juventud, las capas medias y la clase trabajadora están descontentos y quieren un cambio. Este cambio sólo puede proporcionarlo el PDA vinculando la lucha por la paz a un programa transicional que partiendo de las necesidades y reivindicaciones inmediatas de las masas denuncie la responsabilidad del uribismo y la burguesía tanto en la violencia como en las lacras que sufren los trabajadores (explotación, desempleo, etc.)


Lamentablemente, la actuación de buena parte de los dirigentes del (PDA), no ha sido la de enfrentar la campaña de propaganda, prejuicios, miedo y calumnias de la burguesía con este programa. Tampoco se han basado en las luchas obreras y populares más importantes de los últimos años para ponerse al frente de las mismas, unificar las reivindicaciones de todos los sectores (trabajadores, campesinos, estudiantes…) e impulsar un frente único de la izquierda. De hacerlo, no es ninguna exageración decir que el gobierno de Uribe habría podido ser bajado por la acción de las propias masas, como los marxistas de la CMR colombiana han defendido. La dirección del Polo y la CUT no sólo no aplicaron las políticas y programa que podían haber hecho esto posible sino que allí donde las masas le dieron la oportunidad de gobernar las están defraudando.


Efectos dentro del movimiento verde
Un resultado interesante del debate acerca del posible acercamiento entre los verdes y el Polo ha sido poner en evidencia ante sectores de las masas -incluidos muchos simpatizantes y votantes del Partido Verde- qué ideas e intereses de clase defienden realmente los principales dirigentes de este movimiento. El caso más claro fue el de Peñalosa, representante del sector más derechista del PV, que desde el principio, en contra del sentir mayoritario de los seguidores verdes, se opuso frontalmente a cualquier diálogo con el Polo y saboteó el mismo. El propio Mockus tras intentar ocultar sus intenciones mediante constantes bandazos a derecha e izquierda, declaraciones contradictorias y abstracciones, defraudó nuevamente las expectativas de sus bases al negarse a cualquier acuerdo con la izquierda.


¿Es imposible una victoria electoral de la izquierda en Colombia?

Una de las ideas más peligrosas que se han planteado entre algunos sectores de la izquierda en Colombia y en Venezuela al calor del debate sobre las elecciones colombianas es la que defienden algunos colectivos de la izquierda revolucionaria según la cual resulta imposible un cambio en Colombia a través de la lucha política de masas, incluida la lucha electoral, y que el único camino es el de la insurgencia guerrillera.


Como explicábamos en un artículo anterior a la jornada electoral, un elemento mayor o menor de fraude existe en todas las elecciones que se celebran en Colombia. La incógnita era saber si esta vez iba a ser masivo o no, si sería determinante para frenar el deseo de cambio que se respiraba en el ambiente y, de ocurrir, si tendría respuesta en las calles o no.  Como también explicábamos en ese mismo artículo, varios factores eran determinantes para esto: en primer lugar decíamos: “La clave para que Santos pueda ser derrotado es que los sectores que habitualmente no votan –pertenecientes  en su mayoría a los estratos más humildes (1 y 2), a sectores como los desplazados por el conflicto militar, etc.- se movilicen masivamente en apoyo  a un cambio”. El discurso abstracto y contradictorio de Mockus, sin ninguna referencia concreta a las necesidades de los trabajadores, al contrario: con más políticas privatizadoras pese al ambiente de cambio que existía no pudo lograr ese objetivo.


La actuación de los propios dirigentes de estos movimientos es determinante. La denuncia por parte de López Obrador del fraude en México, frente al intento de un sector de la burocracia del PRD de aceptar el mismo, fue clave para desatar un movimiento de masas que puso a la burguesía y al gobierno espurio de Calderón contra las cuerdas.  A su vez, la ausencia de una huelga general y de un plan preciso y concreto para tomar el poder por parte de la dirección del PRD fue determinante para que el gigantesco movimiento antifraude.  Algunos activistas de izquierda denuncian fraude y acusan al propio Mockus e incluso a la dirección del PDA de aceptarlo en la práctica. Lo cierto es que –con la salvedad de denunciar la compra de votos, y otras irregularidades- los dirigentes de todas las organizaciones políticas han aceptado la esencia de los resultados.


No sería la primera vez que un político burgués o pequeño-burgués que acepta el sistema pero al que las masas toman como punto de referencia para expresar su descontento e intentar cambiar las cosas acepta un fraude. Según muchos, pudo ocurrir en Venezuela en las elecciones de 1994 con Andrés Velasquez y la Causa R y lo vimos con Rojas Pinilla en la propia Colombia en 1970. Una diferencia fundamental es que en aquel caso el movimiento entorno a la ANAPO había adquirido mucha mayor organicidad y profundidad en la etapa anterior a las elecciones y sobre todo había movilizado no sólo a las capas medias sino también a sectores importantes de la clase trabajadora y los sectores populares. 


Tal como vienen defendiendo los marxistas de la CMR  colombiana desde hace tiempo, tanto la “ola verde” como todas las maniobras que la burguesía se ha visto obligada a hacer en estas elecciones para impedir que el uribista Partido de la U  abandone el Palacio de Nariño son un reflejo de las enormes contradicciones que existen en la sociedad colombiana. Estas contradicciones, como hemos insistido en anteriores artículos, deben ser analizadas por todos los activistas de izquierda en Colombia y también en Venezuela para comprender en qué momento de la lucha de clases estamos, y sobre todo para extraer lecciones que nos permitan aprovechar cualquier oportunidad para el avance y fortalecimiento de la izquierda que se presente.


Una vez más: ¿Cómo derrotar al uribismo?
Es un error, como hacen sectores de la izquierda revolucionaria colombiana y venezolana, pasar de puntillas sobre el profundo malestar y anhelo de cambio que, de una manera distorsionada y confusa, expresa la llamada “ola verde” y considerar este fenómeno como una simple anécdota. También lo es considerar que en todas las ocasiones y circunstancias tiene que volver a ocurrir lo que hemos visto en estas elecciones con la ola verde y que en Colombia es imposible que la izquierda pueda ganar unas elecciones. Los marxistas de la CMR hemos explicado claramente en diferentes artículos el carácter extremadamente reaccionario de la oligarquía colombiana y de su aparato estatal. Todavía en el artículo “¿El otoño del patriarca?”, donde planteábamos la posibilidad de que Uribe finalmente no pudiese presentarse y pudiese desarrollarse algún tipo de movimiento de masas buscando un cambio escribíamos lo siguiente: “Para los estrategas burgueses la opción de permitir un gobierno de coalición de algunos de sus partidos con el Polo sería la última salida. Una llegada del Polo al gobierno, incluso aunque fuese de la mano de un partido burgués como el liberal, en el contexto de crisis capitalista y lucha de clases que se vive en todo el mundo y en particular en Latinoamérica, y después de tantos años de represión, sería interpretado por las masas como una victoria y abriría las compuertas a la movilización social. En el caso de Colombia, el acceso de la izquierda a posiciones de poder significaría aún más que en cualquier otro país latinoamericano un choque rápido y frontal con el aparato del estado y la clase dominante. La cúpula del ejército, la narcoparaburguesía e incluso amplios sectores de la burguesía tradicional sólo aceptarían un resultado semejante si la movilización de las masas les obligase y llegasen a la conclusión de que cualquier intento de impedirla mediante un fraude, un golpe de estado, la violencia paramilitar, etc estaba condenado el fracaso.


Y a continuación explicábamos que la clave en cualquier caso para lograr ese cambio o no era si la dirección de cualquier fuerza o movimiento que intentase cambiar el pais estaba dispuesta a basarse en la organización y movilización de las masas entorno a un programa socialista: “Incluso en una situación semejante la llegada al poder de la izquierda no resolvería la cuestión del poder sino que la plantearía de un modo más claro y directo. Un gobierno de izquierda en Colombia sólo podría responderle a su base social y resolver los problemas del país tomando medidas decisivas contra la oligarquía y en particular contra el problema fundamental que históricamente ha generado la violencia en el país: la propiedad de la tierra por parte de los latifundistas. Pero cualquier reforma agraria seria pone en cuestión inmediatamente no sólo los intereses de los terratenientes, la narcoparaburguesía y los jefes del ejército vinculados a ellos. También afecta a los banqueros y la burguesía comercial e industrial que comparten propiedades agrarias y se benefician con los capitales que bombea el narcotráfico a todo el sistema. Por no hablar del miedo que infunde a todos y cada uno de estos sectores cualquier movilización de las masas. Inevitablemente, todos los sectores de la burguesía, con el apoyo del imperialismo, intentarían tumbar a cualquier gobierno de izquierdas o progresista que escapase a su control. La salvaje campaña del imperialismo y la reacción que vemos hoy en Venezuela contra el gobierno de Chávez sería un juego de niños ante lo que serían capaces de llevar a cabo la oligarquía y el imperialismo en Colombia. No es una hipótesis, es lo que hemos visto en cada momento histórico decisivo de la historia del país. La izquierda en Colombia, aun mas que en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, etc sólo tiene dos caminos: o armarse con un programa socialista que expropie política y económicamente a la burguesía y resuelva los problemas de las masas o intentar negociar con la burguesía, defraudar de ese modo las esperanzas populares de cambio y ser aplastada por la reacción.”


Una vez dejado claro el carácter especialmente reaccionario de la burguesía colombiana, la idea de que en Colombia es imposible una victoria electoral de la izquierda a causa de ese carácter reaccionario de la burguesía, su poder, el modelo de democracia burguesa existente, etc. es antidialéctica y puede llevar a sacar conclusiones bastante pesimistas. Hace depender la posibilidad de la victoria no de dónde realmente está la clave, la política que defienden los dirigentes de la clase obrera, su programa y actuación, sino de una abstracción: el carácter más o menos reaccionario de un determinado sistema político o clase social, su supuesta fuerza, algo que, como Trotsky siempre explicó, es relativo y depende fundamentalmente de la propia lucha entre las clases y que dirección tiene cada una al frente. Una concepción abstracta, y por lo tanto falsa, respecto a esta relación dialéctica, contradictoria y constantemente cambiante, entre las clases, los procesos sociales y políticos, la lucha entre la izquierda y la derecha, sólo ayuda a desaprovechar la oportunidad de intervenir en el movimiento real de las masas (con toda su confusión, ilusiones y contradicciones) y tiende a extender el fatalismo y el escepticismo.


En realidad, ese es uno de los principales peligros que desde hace décadas afronta la izquierda colombiana. Un sector de los activistas que miran hacia el guerrillerismo se basan en la idea de que no hay condiciones para otro tipo de lucha que la lucha armada de una vanguardia al margen de las masas a causa del carácter especialmente reaccionario del estado burgués y la burguesía colombiana. Y ciertamente el prontuario criminal de la burguesía y el estado colombiano ha llenado de sangre la historia del país. Pero igual que lo han hecho otras clases dominantes que enfrentadas a la movilización de las masas no han podido llevar a cabo planes de intervención, golpe, fraude, etc.


Sin ir más lejos, en las elecciones de El Salvador (un país cuya clase dominante no tiene mucho que envidiar al establecimiento colombiano en cuanto a niveles de brutalidad, corrupción y represión se refiere)  la burguesía consideró detenidamente la posibilidad de un fraude para evitar la victoria del FMLN pero finalmente la conciencia de ese peligro por parte de las bases obreras y campesinas del Frente Farabundo Martí, la movilización masiva en los actos electorales de centenares de miles de jóvenes y (muy importante) trabajadores y el riesgo de una explosión social si lo intentaban les disuadió. Tuvieron que optar por reconocer la victoria e intentar jalar a Funes para su lado y basarse en el sector más a la derecha del gobierno para frenar a las masas.


El ansia de cambio de las masas hunde sus raíces en la situación del capitalismo colombiano e internacional

En el citado artículo “¿El otoño del patriarca?” insistíamos en una idea fundamental que los marxistas a nivel internacional hemos defendido de manera incansable a lo largo de  años y décadas contra todos los análisis rígidos, esquemático y formalistas que consideran imposible la victoria de un movimiento de masas a causa del poder que mantiene y los planes y conspiraciones contrarrevolucionarios y criminales que son capaces de urdir la burguesía y el imperialismo. Sin embargo, el poder y capacidad destructiva de ambos (en Colombia y en cualquier otro lugar) con ser considerable tiene límites. El principal de ellos es la movilización de las propias masas, especialmente cuando estas tienen al frente una dirección que sabe mostrarles el camino para vencer, las inspira y las hace conscientes de su propia fuerza. Cómo decía León Trotsky en su libro “¿A dónde va Francia?” la conciencia de la propia fuerza es uno de los principales elementos constitutivos de  esa fuerza.


Como hemos explicado los marxistas de la CMR  en diferentes trabajos, las divisiones y contradicciones existentes en el seno de la burguesía colombiana no son un hecho baladí. Expresan en última instancia las crecientes dificultades que experimenta la clase dominante para seguir dominando el país de la misma manera que lo han hecho a lo largo de los últimos años. Más allá de que finalmente, pese a todas estas tensiones y contradicciones, toda la clase dominante -frente a la movilización de las masas- tienda a cerrar filas, el desarrollo de las mismas (y sobre todo el que por primera vez se expresasen de manera pública y abierta, con denuncias claras acerca de la vinculación al paramilitarismo de sectores del gobierno, salpicando al propio Presidente y su círculo más íntimo) marcó un salto cualitativo en este proceso de división interna. Las acusaciones públicas y abiertas de sectores del poder judicial y de la propia burguesía contra Uribe, Santos y los demás han incrementado el cuestionamiento tanto al uribismo como a la propia clase dominante incluso entre capas que hasta hace poco aceptaban el discurso oficial. Esto a su vez dificulta la capacidad de la burguesía para responder unificadamente y animaba a las masas a movilizarse contra un enemigo que por primera vez en los últimos años aparecía debilitado y fragmentado a lo interno.


En un contexto de crisis económica, que obligará al nuevo gobierno colombiano –probablemente presidido por santos- a atacar al movimiento obrero y popular aún más duramente y que reducirá el margen para llegar a acuerdos para repartirse el botín entre los distintos sectores de la burguesía tanto las contradicciones internas como la búsqueda de un cambio por parte de las masas continuarán.


Como decíamos en el artículo citado: El punto más difícil de determinar siempre a la hora de elaborar una perspectiva política, y más en una época de transición como la que se vive hoy en la sociedad colombiana, es cuando la cantidad se va a transformar en calidad. Antes o después, es inevitable que los sectores más atrasados de las capas populares y las capas inferiores de la pequeña-burguesía que han apoyado a Uribe y confiado en su discurso durante estos años, tras haber sido duramente golpeados por el derrumbe de las pirámides y estar sufriendo los golpes de la crisis económica, retiren su apoyo a éste y giren a la izquierda. ¿Ha empezado a ocurrir ya esto? ¿Podría ser el referéndum o una lucha de masas contra un hipotético fraude el punto de inflexión de ese cambio político? La respuesta a estas preguntas sólo la dará la propia práctica. Lo que sí podemos decir es que la tendencia de los acontecimientos va claramente en esa dirección.


Esta tendencia se ha visto confirmada por la llamada ola verde. En los próximos meses y años la misma, con avances y retrocesos, victorias y derrotas, continuará ofreciendo nuevas y mejores oportunidades para la izquierda de aprovecharla con una única condición, que sepamos verla a tiempo e intervenir en ella con un programa revolucionario. El que el deseo de cambio existente termine triunfando o sea una vez más derrotado no está decidido de antemano, depende del programa y la dirección que tengan la clase obrera y el resto de los explotados en Colombia y de la capacidad de los revolucionarios para construir una corriente marxista de masas en el Polo y la CUT y forjar una dirección a la altura de las circunsatnacias. Esa es la tarea de los marxistas en el Polo y la CUT. Unete a la CMR colombiana para llevar a cabo esa tarea con éxito.