Las diez medidas socialistas para instaurar el control obrero en Guayana Imprimir
Lunes, 07 de Junio de 2010 17:06

chavez_con_trabajadiores.jpg¿Qué deberían hacer los nuevos presidentes elegidos en las empresas básicas apoyándose en los trabajadores? 

La reciente elección por parte de los trabajadores, así como el nombramiento y juramentación de los presidentes de las empresas básicas de Guayana el pasado 15 de mayo  por parte del Presidente Chávez, fue un paso adelante para la revolución y ha generado una enorme expectativa en la base del movimiento revolucionario y de los trabajadores. Muchos somos conscientes que del éxito de la gestión obrera de las empresas está el futuro de la revolución socialista en Venezuela. Esta medida refleja la disposición del Presidente a que sean los trabajadores los que se pongan  al frente de la revolución; al mismo tiempo esta medida  se da fruto  de la presión de los trabajadores de Guayana para tomar el control de las empresas donde laboran y luchar por una economía auténticamente socialista.

Las diez medidas socialistas  para instaurar el control obrero en Guayana

 

chavez_con_trabajadiores.jpg¿Qué deberían hacer los nuevos presidentes elegidos en las empresas básicas apoyándose en los trabajadores? La reciente elección por parte de los trabajadores, así como el  nombramiento  y juramentación de los presidentes de las empresas básicas de Guayana el pasado 15 de mayo  por parte del Presidente Chávez, fue  un paso adelante para la revolución y ha generado una enorme expectativa en la base del movimiento revolucionario y de los trabajadores. Muchos somos conscientes que del éxito de la gestión obrera de las empresas está el futuro de la revolución socialista en Venezuela. Esta medida refleja la disposición del Presidente a que sean los trabajadores los que se pongan  al frente de la revolución; al mismo tiempo esta medida  se da fruto  de la presión de los trabajadores de Guayana para tomar el control de las empresas donde laboran y luchar por una economía auténticamente socialista.  

Esta medida  es positiva, y los marxistas de la CMR la apoyamos, pero tenemos que señalar cuales deben ser las tareas que deben llevar a cabo los trabajadores y los presidentes elegidos  para que esta apuesta por parte del presidente Chávez  pueda conducir al control obrero real de la producción  de un modo exitoso. El hecho de que los trabajadores elijan el presidente de las empresas es un paso adelante, pero ello de por si no es control obrero de la producción, todavía queda un trecho y ése es el camino que queda por recorrer  ahora en Guayana. Partiendo  del debate político los trabajadores debemos dilucidar cuáles son los pasos necesarios para implementar el control obrero de la producción. En ese sentido desde la CMR proponemos diez medidas socialistas, que abrimos al debate de todos los revolucionarios, para que el control obrero se lleve acabo de un modo efectivo y exitoso en las empresas de Guayana y de toda Venezuela.

 

Primero. Todo el poder de decisión tiene que residir en la asamblea de trabajadores

Los trabajadores son los que mejor conocen cómo funcionan estas empresas y cómo se pueden poner a funcionar mejor .La última palabra de cara a la toma de decisiones no puede residir en la junta directiva, o en un presidente aunque sea elegido por los trabajadores, si no en la asamblea de trabajadores donde éstos decidan tras un debate donde elaboren un plan de producción que incluya todos los aspectos de la misma, comercialización de la planta, etc., y que tendría que llevarse a cabo por los consejos de trabajadores.  

 

Segundo: Elección de consejos de trabajadores en todas las empresas  y un consejo obrero regional elegido entre la base obrera de todas las empresas

La vieja estructura gerencial de las empresas de la CVG, que sigue siendo capitalista, va a ser un obstáculo para que se dé un control obrero efectivo. Por ello, una de las tareas de los trabajadores debe ser la disolución de esas estructuras, que por su propia esencia constituyen un peligro de burocratización para que quién las ejerza, por muy buenas intenciones que tenga y la creación de consejos de trabajadores en cada empresa que asuman el control de las mismas,  convirtiéndose en  el gobierno obrero  que sustituya a la  gerencia de las empresas. Estos consejos de trabajadores son elegidos por la asamblea de trabajadores, que es el máximo órgano de poder de la empresa y el que toma la decisión final, y elige y revoca a los voceros del consejo obrero.  Estos consejos trabajarían por comisiones de trabajo en función de las diferentes áreas de la empresa.  Debería coordinarse un consejo obrero regional de Guayana elegido democráticamente y revocable que coordinara todas las actividades productivas y sustituyera a la CVG y al Mibam, los cuales serían eliminados y su cuerpo de funcionarios disuelto y contratado en otras tareas garantizando sus derechos y beneficios como trabajadores. La última palabra para la gestión de las empresas básicas en Guayana está en la asamblea de trabajadores.

 

Tercero: Los miembros de  los consejos de trabajadores deben ser elegidos y revocables en todo momento por la asamblea de trabajadores

Si el poder es del pueblo, debe ser el pueblo y los trabajadores los que decidan que miembro del consejo debe ser elegido y  revocado en todo momento por la asamblea de trabajadores. Al mismo tiempo, se deberá facilitar la rotatividad de los puestos de dirigencia entre todos los trabajadores.

 

Cuarto: Que los trabajadores que laboran en el consejo de trabajadores deben tener el mismo salario que tenían en su anterior puesto de trabajo

Nadie por encima de un trabajador medio cualificado; de tal modo que ser miembro del consejo de trabajadores no suponga ningún beneficio económico o personal, y alejar de los puestos a arribistas. Cualquier trabajador puede ser miembro del consejo sólo debe ser elegido entre sus compañeros.  

 

Quinto: La reducción de la jornada laboral

Este es un punto clave para el desarrollo del control obrero de la producción. Es crear las condiciones materiales para que los trabajadores puedan ejercer el poder. Los trabajadores tienen que tener tiempo para poder dedicarse a pensar y poder afrontar la gestión de la empresa. Un trabajador que tras una larga jornada de trabajo termina agotado no tendrá la energía necesaria para dedicarse a la gestión de la empresa o del país. Es necesario reducir la jornada laboral, primero a seis horas diarias, de un total de 30 semanales sin reducción salarial, para poder destinar tiempo de  trabajo a la gestión de la empresa que debe ser obra de todos los trabajadores.  

 

Sexto. Mejora sustancial de las condiciones de vida  salariales y de salud laboral de los trabajadores

El control obrero no puede significar un empeoramiento de las condiciones de trabajo. No se puede hablar de socialismo si las condiciones de trabajo en las empresas nacionalizadas son peores que en las capitalistas. Los trabajadores podrán sacrificarse por la revolución un tiempo, pero si no ven mejoras en sus condiciones de vida puede resultar en la desmoralización de los mismos; se puede dar la situación de que una capa de los obreros de las empresas que están nacionalizadas o bajo control obrero lleguen a pensar que es mejor vivir con un patrón capitalista si no se avanza clara y rápidamente a solucionar sus problemas básicos. Sólo se puede atraer a los trabajadores y al pueblo  hacia el socialismo demostrando que las condiciones de vida y los derechos de los trabajadores son superiores en las empresas nacionalizadas y bajo control obrero. Esto significa salarios más altos y mejora en los derechos y la salud laboral de los trabajadores.  Convenciones colectivas justas y que recojan el sentir de los trabajadores. Se tiene que terminar inmediatamente con la tercerización en todas las empresas, absorbiendo a todos los trabajadores tercerizados sin ninguna discriminación. Sin estas medidas, el control obrero y las nacionalizaciones, a la larga, puede contar con el boicot de los trabajadores que no verán por ningún lado las ventajas del socialismo y de la economía nacionalizada.

 

Séptimo. Criterio productivo en función de una Planificación democrática a nivel nacional  para satisfacer necesidades sociales. No a la búsqueda de “rentabilidad” individual y estrecha  de cada empresa

Del mismo modo que no se puede construir el socialismo en un solo país, no se puede construir el socialismo en una sola empresa. Una empresa aislada o un grupo de empresas en medio del mercado capitalista, sometida a las leyes de la oferta y la demanda y bajo la presión de la burocracia del aparato estatal burgués que hay en la CVG y en el Miban, conlleva su fracaso más tarde o más temprano.

La cuestión de la rentabilidad de las empresas es el punto que reclama  la burocracia estatal para desviar la lucha por el control obrero y una economía socialista. Los trabajadores somos los primeros interesados en que las empresas básicas sean rentables. El control obrero significa una mejora general de la productividad de las máquinas y de todo el proceso productivo porque los trabajadores sabemos cómo hacer funcionar mejor las empresas en que llevamos años trabajando. Sin embargo, la rentabilidad de las empresas depende fundamentalmente de la inversión productiva hecha en esas empresas. La rentabilidad está ligada a la mejora del proceso productivo y de una maquinaria más moderna y tecnificada.

El criterio para el funcionamiento de las empresas básicas no puede ser la rentabilidad, estrecha de la empresa. Esta es una visión capitalista y es una de las bases por la que no puede haber empresas socialistas aisladas. La producción de las empresas tiene que estar sometida a un plan, si no lo que hay es anarquía en la producción, que obedece a la ley de la oferta y la demanda,  es decir, capitalismo puro y duro.  

Así, ¿cuál debe ser el criterio del plan? En primer lugar debe ser satisfacer las necesidades sociales del conjunto del país. Por ello, el plan aislado de una empresa debe conectarse con un plan de producción del conjunto de la economía. Más aún, considerando que estamos hablando de industrias pesadas. ¿Cuáles son las necesidades nacionales de acero, aluminio y productos asociados? ¿Cuál es la capacidad actual de la maquinaria instalada para producir para resolver esas necesidades? ¿Cuál es la parte del presupuesto nacional que se debe dedicar a sostener y ampliar la productividad de estas empresas, a comprar materia prima, a construir nuevas plantas etc? Sólo desde este punto de vista se puede enfocar la rentabilidad de una empresa, como parte de un conjunto. Puede darse el caso, como ocurre en Guayana, que haya empresas que individualmente sean deficitarias, pero consideradas globalmente, dentro de la producción y el consumo nacional, aportan riqueza.

¿La producción, por ejemplo, del aluminio, está organizada conforme a un plan nacionalmente debatido y aprobado para satisfacer las necesidades del país? La respuesta es no. El aluminio venezolano que se produce en Venalum o  Alcasa está comprometido por dos años para surtir a las multinacionales extranjeras. El hecho ha llevado a la quiebra de toda una serie de empresas nacionales que se han quedado sin el insumo. Así, en la práctica los presidentes de las empresas del aluminio van a tener que ser los gerentes del aluminio que van a procesar y vender multinacionales extranjeras y que luego  exportarán a Venezuela productos a 3 o 4 veces el precio  de costo.  Esta es la situación que  debemos cambiar los trabajadores y por qué es necesaria una planificación democrática.  

La palabrería sobre la “rentabilidad”  es propaganda de la derecha, del neoliberalismo, que ha penetrado en la cabeza de la burocracia reformista y que trata de meter en la cabeza de los trabajadores con el fin de privatizar empresas, explotar mejor o despedir trabajadores y lograr grandes beneficios. Cuando sus intereses estratégicos están en juego, los capitalistas de todo el mundo, desde China a Alemania,  utilizan el capitalismo de Estado. Este consiste en que el Estado capitalista se hace con el control, incluso  nacionaliza sectores que son deficitarios o dan poco rendimiento pero que son estratégicos para sostener la producción capitalista nacional en su conjunto.  Es decir, la factura deficitaria la paga la clase trabajadora y los pobres para que la burguesía se quede con el “lomito” del aparato productivo y financiero. Se nacionalizan empresas  para beneficiar a los ricos y los capitalistas cuando mantenerlas es caro para el capitalista individual. El Estado como capitalista colectivo asume esa tarea.   

 

Octavo: Inversiones en maquinaria moderna para aumentar la productividad

Para que las empresas eleven su productividad  son necesarios  dos factores: el primero la modernización de las instalaciones y lo segundo la gestión y control  de los trabajadores de los procesos productivos. Es urgente  en las empresas básicas de Guayana un plan de modernización de la maquinaria, prerrequisito para que las mismas eleven su  productividad. Existe el peligro de creer que sólo la gestión obrera garantiza el aumento de la productividad. El Estado venezolano debe  invertir  en tecnología moderna  en las plantas de Guayana, en donde hay empresas con tecnología obsoletas hace décadas. El peligro que existe en la situación actual es toda la presión de la burocracia estatal para hacer  estas empresas rentables, y más productivas sin que se invierta en ellas. De no haber inversiones el control obrero podrá hacer poco por si mismo.

El peligro para la revolución en Guayana es que bajo la presión de la burocracia estatal, bajo la presión de recortar gastos y dar unos resultados económicos con beneficios  en el  plazo más breve posible, hará que los trabajadores que han sido nombrados presidentes y en otros cargos gerenciales, incluso, una capa de los obreros  empiecen a asumir el punto de vista capitalista  y gradualmente se vayan separando de los trabajadores y se burocraticen. En definitiva, la presión del mercado nacional y mundial, así como la correa de transmisión de los mismos, que es la burocracia, conllevará la burocratización de las gerencias obreras y el fracaso de estas experiencias que tratan de ir hacia el control obrero. Todo esto se puede evitar si se implementan las medidas que señalamos en este decálogo sobre la base de la movilización de los trabajadores. 

Este proceso de degeneración burocrática  lo hemos visto desafortunadamente  en otras empresas del estado. Ejemplo fueron las primeras fábricas nacionalizadas por el Presidente Chávez en 2005: Invepal e Inveval. El mantener en ellas la estructura gerencial capitalista, tal como se está haciendo en Guayana, unida a la presión de la burocracia ministerial para conseguir resultados económicos y rentabilidad, condujo a que los presidentes de  estas empresas, trabajadores elegidos por los propios trabajadores a propuesta (al igual que ahora en Guayana) del Presidente Chávez, así como  parte de los obreros  se burocratizasen separándose  de la masa laboral. La responsabilidad de esto no radica  en los mismos trabajadores, ni de los presidentes elegidos, ni en el bajo nivel de conciencia de la clase trabajadora como se repite incansablemente, por lo bajo, desde los ministerios, en  los despachos de la  burocracia: la responsabilidad  reside en la presión de ese aparato estatal que tiene  criterios e intereses  burgueses  así como una desconfianza orgánica hacia los trabajadores, que genera rechazo y sabotaje  a la gestión  de éstos en las empresas. Esto último es normal, pues el control obrero es un  obstáculo insalvable para la corrupción, la arbitrariedad  y el arribismo burocrático.  En estas empresas mencionadas,  los trabajadores han luchado  por quitarse de encima tanto a  la burocracia como a  todas las formas de sabotaje que  ha utilizado ésta  para ganarse a un sector de los obreros, pero en la medida que las mismas quedaron aisladas del resto de las empresas nacionalizadas, como decíamos al comienzo, se trató de construir en ellas islas de control obrero, a la fecha se encuentran semiparalizadas y con buena parte de sus trabajadores desmoralizados.

Existe el mismo peligro en Guayana ahora. Estas medidas progresistas que tomó el Presidente Chávez el pasado 15 de mayo  se pueden transformar como se dice en criollo en “una papa caliente”  para los trabajadores: estos presidentes nombrados por los trabajadores, presionados por los resultados económicos,  en contacto continuo con la burocracia estatal y de las empresas básicas que va a sabotear su trabajo si éste va en la línea de dar poder a los trabajadores,  pueden acabar asumiendo los métodos burocráticos y capitalistas. Al final, ante la presión ideológica y organizativa  de la burocracia y la incapacidad de resolver el problema de la rentabilidad y la productividad sin inversiones productivas,  la elección de presidentes y gerentes entre los trabajadores puede resultar un sonoro fracaso. Entonces, escucharemos voces entre los reformistas que hay en la  burocracia estatal y ministerios señalando la falta de conciencia de los trabajadores, que faltó formación y que este fracaso es una muestra más de que la clase obrera no puede ponerse al frente de la revolución y dirigir empresas, etc.  Esta situación la podemos evitar los trabajadores luchando por implementar  las medidas de este decálogo.

 

Noveno: Luchar porque el control obrero de la producción  se extienda al conjunto de la economía

Los pasos hacia el control obrero sólo pueden consolidarse si  se extiende a todas las ramas productiva venezolanas y  se organiza la economía del país de una forma planificada y democrática desde la base, conforme  (que puede ser por tres o cinco años, u otro tiempo según se considere.) con objetivos concretos de cada rama de la producción y de cada empresa. Para ello, la economía venezolana tiene que pasar de ser capitalista a socialista. Al socialismo no se va gradualmente en un proceso de años tal como plantean los reformistas. Es necesario tomar toda una serie de medidas para controlar la economía, para poder planificarla, porque el mercado no se puede regular a través de la presión del aparato estatal; ésta es la piedra de tranca con la que está chocando continuamente, con su buena fe, el presidente Chávez, el efecto de todo esto es la inestabilidad monetaria, la inflación, el desabastecimiento, la especulación y la explosión de las importaciones.

Chávez tiene razón cuando señalaba recientemente que la burguesía estaba saboteando la producción del país y que ella era responsable de que las importaciones se dispararan. También señaló que la burguesía estaba realizando una huelga de inversiones y no levantaba el aparato productivo. La conclusión que le falta sacar al presidente es que no se puede obligar a la burguesía a producir a través de la presión del Estado. Un Estado que además es capitalista. La burguesía invierte para sacar beneficios, no para el beneficio social o algún otro fin filantrópico. Si se la presiona, la burguesía se rebela, como vemos que hace actualmente y trata de poner las cosas en su sitio.  

 

Décimo: Presionar al gobierno para que nacionalice los sectores básicos de la economía venezolana

Los alimentos ,la  industria manufacturera , bancos , seguros, transportes, etc., para poder sustraer esas fuerzas productivas, esas fuentes de riqueza que taponan los capitalistas,  del dominio de los empresarios privados y ponerlas a producir  conforme a un plan nacional democráticamente debatido y aprobado por los trabajadores y las comunidades, sólo así se podrá terminar con la huelga de inversiones.  Esto incluye todas las empresas privadas que dependen de las empresas básicas en Guayana. Las nacionalizaciones parciales son positivas, como hemos visto recientemente en la empresa Monaca o Fama de America, pero insuficientes. Y provocan el efecto contrario que pretenden sobre los empresarios, los atemoriza y recrudece la huelga de inversiones.

No se puede planificar lo que no se posee. ¿Como se va a controlar la distribución de alimentos, por ejemplo, si no se controla las empresas que lo producen y distribuyen?. Los intentos del gobierno de poner leyes para regular el mercado, son una y otra vez quebrados  por los capitalistas que producen, no para satisfacer las necesidades sociales, si no para lucrarse. Esa es la esencia del capitalismo que no se puede cambiar sólo con la presión del estado. Pretender “disciplinar a las capitalistas” choca con la propiedad privada de los medios de producción y el estado burgués venezolano guardián de esos intereses. No se puede  disciplinar  a los capitalistas, hay que expropiarlos en su conjunto. Existe la fuerza y la correlación de fuerzas  favorable nacional y mundialmente para hacerlo.  

Undécimo: Elevar la propuesta de  Monopolio estatal  del comercio exterior

La planificación de la economía nacional como un todo no se puede realizar si no se tiene un control completo sobre las exportaciones y exportaciones del país. Actualmente, los capitalistas pueden exportar e importan lo que desean libremente con los dólares baratos que les otorga Cadivi y con los que luego especulan en el mercado negro generando una distorsión de la economía, como hemos podido ver en estos últimos días. Eso debe cambiar, el Estado debe crear una empresa estatal bajo control de los trabajadores que ejerza el monopolio del comercio exterior. En función del plan nacional esta empresa nacional comprará los insumos y mercancías que demande el mercado interno venezolano. Al mismo tiempo será la encargada de tramitar y gestionar las exportaciones en función de lo aprobado por el plan nacional.

 

¡Sólo conseguiremos el control obrero Luchando organizados contra los capitalistas y los burócratas! 

Todas estas medidas pasan  por que las bases del PSUV y del movimiento de los trabajadores y la UNETE se organicen y luchen. Existen poderosos intereses para que cualquier iniciativa hacia el control obrero fracase. La burocracia unida por negocios y mil vínculos con los capitalistas rechazan agresivamente el mismo. El control obrero triunfante en Guayana o cualquier otra parte de Venezuela sería un ejemplo intolerable para ambos, un peligro mortal a su poder. Por eso esos sectores están decididos a derrumbarlo, incluso antes de que haya nacido. Los burócratas no pueden hablar públicamente en contra del mismo, al contrario: juran por el control obrero, la clase trabajadora  y el socialismo por que es lo que dice Chávez. Por detrás,  levantan  todos los obstáculos, desvían y sabotean las iniciativas de los trabajadores  para que  estas experiencias nazcan muertas u orientadas erróneamente (cómo fue el caso de la cogestión). Todos se conjuran para que fracasen los trabajadores. Así los burócratas llegarán a Chávez diciéndole: “lo ve Presidente, ya se lo decíamos, los trabajadores no tienen capacidad de conducir las empresas”. Y le darán un sin fin de justificaciones falsas: falta de conciencia, cultura sindical cuartorepublicana, la renta petrolera… las cuales tratan de ocultar  su sabotaje, una veces abierto y otro silencioso, contra los trabajadores.

 

Esa forma de actuar solapada, el doble lenguaje, que los burócratas  se oculten tras las palabras nos señala algo importante: nos revela su debilidad. Ellos son conscientes que su poder  se sostiene apenas por la autoridad de Chávez. Los trabajadores y el  movimiento revolucionario podemos derrotarlos. El presidente Chávez con sus propuestas nos abre el camino: nos corresponde a nosotros tomar las mismas  con las dos manos y llevarlas a la práctica.  En ello está el futuro de la revolución. Somos  mayoría, tenemos todo para vencer. La única ventaja que tienen la burocracia y los capitalistas  es que están organizados y nosotros no. Para vencer  hay organizarse también. Dentro del PSUV y del movimiento obrero hay que conformar una corriente marxista revolucionaria que por la vía de la propaganda, la formación política de  cuadros  y sobre todo de los hechos combata a la burocracia que se dice marxista, socialista y bolivariana pero que actúa como capitalista, y cuarto republicana y prepara la derrota de la revolución. Hemos de agrupar el gran descontento de la vanguardia, para que las luchas no se dispersen. Unificar y agrupar la lucha revolucionaria para basándose en las propuestas progresistas del Presidente Chávez fusionadas con el programa del marxismo combatir a  capitalistas y  burócratas para  culminar la revolución.  En llevar a cabo esa tarea esta el futuro  del socialismo.