¿Qué política exterior necesita la revolución venezolana? El caso de Irán Imprimir
Jueves, 04 de Febrero de 2010 02:00

Una política exterior de un gobierno que se declara socialista y que lucha contra el capitalismo debe tener como objetivo central, tal y como explicaban Marx, Lenin y Trotsky, la extensión de la revolución socialista a todo el mundo. El capitalismo es un sistema internacional y aunque puede ser derrocado en el marco nacional, la consolidación del socialismo sólo se puede realizar a escala internacional. De ahí se desprende el carácter internacionalista de nuestra lucha. Lo único que puede garantizar la victoria definitiva de la revolución en Venezuela es la extensión de la revolución a escala internacional. Para lograr este objetivo, el gobierno revolucionario de Venezuela debe buscar la alianza con los únicos que pueden ayudar a cumplirlo: las organizaciones revolucionarias, los jóvenes, campesinos y trabajadores que luchan contra el capitalismo en cada país... Como siempre ha explicado el marxismo, la pregunta que cualquier  revolucionario debe hacerse a la hora de determinar si un gobierno, un partido o un movimiento determinado puede ser considerado un aliado es ¿qué clase social representa? ¿Qué intereses y políticas defiende y aplica? ¿Apoya y hace avanzar la revolución y la lucha contra el capitalismo y por el socialismo en su ámbito de actuación o no?

Una política exterior de un gobierno que se declara socialista y que lucha contra el capitalismo debe tener como objetivo central, tal y como explicaban Marx, Lenin y Trotsky, la extensión de la revolución socialista a todo el mundo. El capitalismo es un sistema internacional y aunque puede ser derrocado en el marco nacional, la consolidación del socialismo sólo se puede realizar a escala internacional. De ahí se desprende el carácter internacionalista de nuestra lucha. Lo único que puede garantizar la victoria definitiva de la revolución en Venezuela es la extensión de la revolución a escala internacional. Para lograr este objetivo, el gobierno revolucionario de Venezuela debe buscar la alianza con los únicos que pueden ayudar a cumplirlo: las organizaciones revolucionarias, los jóvenes, campesinos y trabajadores que luchan contra el capitalismo en cada país... Como siempre ha explicado el marxismo, la pregunta que cualquier  revolucionario debe hacerse a la hora de determinar si un gobierno, un partido o un movimiento determinado puede ser considerado un aliado es ¿qué clase social representa? ¿Qué intereses y políticas defiende y aplica? ¿Apoya y hace avanzar la revolución y la lucha contra el capitalismo y por el socialismo en su ámbito de actuación o no?

El Gobierno Bolivariano ha caracterizado al régimen iraní como revolucionario y considera como un eje estratégico de su política exterior la alianza con el mismo. El propio Presidente Chávez se ha referido habitualmente al Presidente Ahmadineyad como "hermano" y "amigo" y ha denunciado las movilizaciones masivas contra éste, que desde Julio se han venido desarrollando en Irán, como una conspiración del imperialismo. Esta posición del Presidente y el Gobierno están teniendo un coste político muy importante para la revolución bolivariana en el propio Irán. Decenas de miles de activistas obreros, estudiantiles y campesinos que inicialmente apoyaban y veían con esperanza y simpatía la revolución en Venezuela y al propio Presidente Chávez sienten sorpresa e indignación al ver como desde el gobierno venezolano se presenta en los términos más favorables a un gobierno que prohibe y reprime brutalmente sus huelgas o las marchas obreras el 1 de Mayo, ilegaliza a las organizaciones que se reclaman socialistas y marxistas o persigue a los sindicatos clasistas.
En nuestra opinión es necesario abrir un debate a fondo en el movimiento revolucionario venezolano que debería contribuir a corregir esta posición del gobierno venezolano respecto a Irán pues la misma representa un grave error. El régimen iraní actual no tiene nada que ver con un régimen revolucionario. Ahmadineyad y el resto de la cúpula dirigente del estado iraní no son los continuadores de la Revolución de 1979 sino los líderes de la contrarrevolución que aplastó el maravilloso movimiento de los jóvenes, campesinos y trabajadores, reprimiendo sangrientamente cualquier intento de la izquierda por plantear ideas socialistas. La posición del gobierno integrista de Irán no ha sido la de luchar contra el imperialismo ni defender a los pobres, sino mantener el capitalismo y atacar las condiciones de vida de los trabajadores mediante medidas represivas.

A diferencia  de la Venezuela bolivariana, donde la revolución y el Presidente Chávez han estimulado  la organización sindical y reconocido numerosas reivindicaciones obreras, en Irán los trabajadores no tienen derecho a organización ni a huelga y  cualquier movilización obrera o intento de construir sindicatos clasistas es brutalmente reprimido. Cuando los trabajadores de autobuses de Teherán intentaron organizar un sindicato con 3.000 afiliados, sufrieron despidos masivos y ataques policiales, incluyendo el arresto del secretario general. Cuando los activistas obreros de Sanandaj trataron de organizar la celebración del 1º de mayo en 2007, 11 de ellos fueron condenados a recibir 10 latigazos y pagar una multa. Cuando 2.000 sindicalistas trataron de organizar una celebración el 1º de Mayo de este año en Teherán, la policía les atacó violentamente y 50  fueron detenidos (algunos continúan en la cárcel). A millones de trabajadores iraníes se les deben varios meses de salario. Si tratan de organizarse, son duramente castigados.

En Venezuela la revolución ha frenado las privatizaciones e incluso muchas empresas privatizadas han sido renacionalizadas. El presidente Chávez ha llamado a ocupar las fábricas abandonadas, ha expropiado varias de ellas y ha defendido la participación de los trabajadores en la gestión de las mismas. En Irán, el presidente Ahmadinejad ha acelerado las privatizaciones de empresas públicas: 167 en 2007/08 y  230 en 2008/09. En la lista de empresas a privatizar se incluyen la mayor petroquímica del país, todos los grandes bancos, empresas del gas, petróleo, seguros, etc.

Revolución y contrarrevolución

La revolución iraní de 1979 fue una auténtica revolución de masas, con la participación activa de la clase obrera, la juventud, el campesinado, los soldados, las mujeres,.... El factor que precipitó la caída del odiado Shah (un autócrata títere de EE.UU.) fue la huelga general de los trabajadores petroleros. Millones de obreros organizaron Consejos de Trabajadores en sus empresas y tomaron el control de la gestión y administración de las mismas. Millones de campesinos ocuparon las tierras. Los estudiantes tomaron liceos y universidades para democratizarlos. Los soldados formaron también consejos y purgaron el ejército de oficiales reaccionarios. Las nacionalidades oprimidas (kurdos, azeríes, árabes, etc) conquistaron amplios espacios de libertad.

El actual régimen iraní se consolidó entre 1979 y 1983 sobre la base del aplastamiento sangriento de la movilización obrera y campesina. Los clérigos fundamentalistas  utilizaron un discurso anti-imperialista y la guerra contra Iraq para aislar y aplastar a la izquierda y llevar a cabo una auténtica contrarrevolución política. Para 1983 todos los partidos de izquierda habían sido ilegalizados y 30.000 militantes de izquierda habían sido asesinados. Éste es el auténtico origen de la República Islámica de Irán y del actual régimen iraní. Los mulás y la burocracia estatal destruyeron todos los logros revolucionarios, devolvieron las tierras a los terratenientes, expulsando a los campesinos que las habían tomado, y destruyeron los consejos de fábrica, reemplazándolos por organismos islámicos en los que los trabajadores no tienen derecho a organización ni huelga. Se impuso una particular interpretación de la religión islámica que niega los derechos de la mujer y crea un ambiente de opresión ideológica. También se atacaron los derechos de las nacionalidades oprimidas como los kurdos, azeríes, etc., inicialmente reconocidos por la revolución y hoy sistemáticamente negados.

Una postura de clase e internacionalista

La burocracia estatal iraní y un sector de la clase dominante chocan con el imperialismo estadounidense y critican duramente a éste pero no porque lleven a cabo una política imperialista sino porque el capitalismo iraní se ha desarrollado como una potencia regional y tiene sus propios intereses y objetivos a la hora de dominar los recursos de la zona. Por eso entran en contradicción con los intereses de EEUU. Además, el discurso antiestadounidense les sirve para desviar la atención de sus propias políticas antiobreras y antipopulares.

Un ejemplo es la actitud del régimen iraní hacia la intervención militar estadounidense contra Irak. Irán se mostró pasivo ante la misma e incluso impidió el paso por su territorio de voluntarios que querían ir a defender Irak contra el imperialismo estadounidense. El gobierno de Ahmadineyad veía en el debilitamiento de su vecino una oportunidad para afianzar su poder regional. Una vez establecido un gobierno títere de Estados Unidos, lejos de impulsar una lucha unitaria y revolucionaria por la liberación de Irak,  el gobierno iraní que financia y controla a buena parte de las organizaciones chiítas de Irak ha fomentado la división de la resistencia en líneas religiosas e incluso mantiene una relación ambigua con el gobierno títere de Maliki, el cual está apoyado por Al Sadr, principal peón del gobierno iraní en Irak.

La división entre Ahmadinejad y Mousavi  (el candidato "reformista" que denunció el fraude en las últimas elecciones) es la división entre dos sectores del régimen: uno quiere llevar a cabo reformas por arriba para prevenir una revolución por abajo, el otro quiere mantener el control por arriba para impedir una revolución por abajo. Sin embargo, estas divisiones han abierto el espacio para un auténtico movimiento de masas que ha puesto en jaque al régimen.

Como revolucionarios marxistas e internacionalistas, siempre nos hemos opuesto a cualquier injerencia imperialista en Irán, tanto de los EEUU como de otras potencias, y hemos llamado a la movilización contra ésta. Pero al mismo tiempo no nos hemos adaptado al régimen reaccionario fundamentalista, ni lo hemos considerado un factor revolucionario. En este terreno es muy importante mantener una posición de clase e internacionalista. Los marxistas explicamos que el régimen iraní actual, lejos de ser un aliado fiable de Venezuela en la lucha contra el imperialismo representa un grave peligro. La política represiva y reaccionaria de Ahmadineyad y los mulás en Irán sólo favorece los planes del imperialismo para intervenir en la zona. El apoyo del Presidente Chávez y el Gobierno venezolano a Ahmadineyad, presentándole como un aliado, o pero aún como un revolucionario, aleja a millones de jóvenes y trabajadores iraníes de nuestra revolución, los mismos jóvenes y trabajadores que día tras día sufren la represión de su gobierno. Los marxistas venezolanos defendemos que una política socialista, y esa debería ser también la postura el gobierno bolivariano, pasa necesariamente por apoyar a nuestros hermanos de clase iraníes en su lucha contra la represión, por su derecho a organizar sindicatos y huelgas, desarrollar Consejos de trabajadores y luchar por el socialismo y contra las políticas reaccionarias del gobierno iraní.

Las imágenes de la represión sangrienta contra los jóvenes y trabajadores que se manifestaban contra el fraude en Irán, la evidencia de que un estudiante o un trabajador iraní puede ir a la cárcel por organizar una huelga, crear un sindicato o manifestarse, provocan un rechazo masivo contra el gobierno iraní entre jóvenes y trabajadores de todo el mundo. Muchos medios contrarrevolucionarios en Venezuela y en los países imperialistas, intentan aprovechar  -con el cinismo que les caracteriza- esta situación y la política absolutamente equivocada que mantiene el gobierno venezolano al respecto para identificar a Venezuela con Irán y presentar a un luchador antiimperialista honesto y revolucionario como el Presidente Chávez como otro Ahmadineyad. Esta propaganda tiene un efecto pernicioso entre muchos jóvenes y trabajadores honestos de izquierda en todo el mundo (y como es obvio en primer lugar en Irán) que, aunque simpatizan con los discursos de Chávez sobre el socialismo y contra el capitalismo, rechazan indignados que un régimen antisocialista y reaccionario como el iraní sea presentado públicamente como revolucionario.

Es necesario abrir un debate dentro del movimiento revolucionario venezolano acerca no sólo de la posición  de la dirigencia bolivariana respecto a Iran sino en general acerca de qué política exterior debe aplicar el gobierno para luchar contra el imperialismo y extender la revolución.

El Presidente Chávez correctamente ha llamado a construir la Quinta Internacional para organizar a todos los revolucionarios a escala internacional y luchar contra el capitalismo. Los marxistas de la CMR  apoyamos con entusiasmo este llamado y venimos trabajando desde hace tiempo en el mismo sentido. Pero este llamado del Presidente a todos los revolucionarios  del mundo que luchamos por el socialismo, lamentablemente, entra en contradicción con la política diplomática que Venezuela mantiene respecto a Irán, donde las organizaciones obreras revolucionarias que defienden las mismas ideas socialistas, el marxismo, el control obrero, y otras ideas que el Presidente ha apoyado en sus discursos  son reprimidas y perseguidas de forma cotidiana y sistemática.

El gobierno venezolano frente a las presiones y confabulaciones del imperialismo estadounidense para intentar debilitar y sabotear la economía nacional tiene derecho a llegar a acuerdos comerciales con distintos países, incluidos países cuyos gobiernos no tengan nada de revolucionarios como el iraní, o a formar alianzas con ellos en la OPEP para resistir la presión imperialista para bajar los precios del petróleo. Pero esto es una cosa y otra muy diferente presentar a gobiernos burgueses que prohiben las huelgas, reprimen al movimiento obrero, a las mujeres y a las nacionalidades oprimidas, como progresistas, antiimperialistas o revolucionarios.  Esta no es una política socialista y pasará factura antes o después a la revolución. Además, en caso de una intervención imperialista contra Venezuela o de un golpe contrarrevolucionario, estos regímenes nunca nos apoyarán.  En el mejor de los casos harían una declaración de condena para utilizarla con fines demagógicos, pero en la práctica mirarán a otro lado, como demuestra el papel del régimen iraní ante la intervención imperialista en Irak.

Los jóvenes, trabajadores y campesinos revolucionarios, militantes del PSUV, al mismo tiempo que seguimos apoyando todas las medidas de avance que está planteando el presidente Chávez y luchamos por llevar la revolución en Venezuela hasta el final y extenderla al resto del mundo  debemos demandar al Gobierno y al Presidente una revisión, rectificación y reimpulso de la política exterior que no desarrolle ilusiones en sectores y gobiernos pro-capitalistas y reaccionarios como los que hemos planteado y se apoye en la movilización y organización de los revolucionarios en todo el mundo, la clase obrera y la juventud. Sólo así aseguraremos la victoria de nuestra revolución en Venezuela y abriremos la puerta a la revolución socialista internacional.

Caracas 2 de febrero de 2010