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Haití: el negocio capitalista de la "reconstrucción" PDF Imprimir E-mail
Martes, 06 de Abril de 2010 17:42

Han pasado ya más de dos meses desde el terremoto que asoló Haití y hoy la situación es igual de espantosa. Casi 1,3 millones de personas siguen viviendo a la intemperie (sólo en Puerto Príncipe se encuentran así 750.000 personas), malviven en inmensas ciudades de tiendas de campaña, la mayoría situadas en zonas que cuando se inicie, a mediados de abril, la temporada de lluvias corren el riesgo de quedar inundadas. Más de 3 millones de personas dependen de la ayuda de alimentos, agua y alojamiento, la ONU ha reconocido que sólo ha podido alimentar a un millón de personas.

Han pasado ya más de dos meses desde el terremoto que asoló Haití y hoy la situación es igual de espantosa. Casi 1,3 millones de personas siguen viviendo a la intemperie (sólo en Puerto Príncipe se encuentran así 750.000 personas), malviven en inmensas ciudades de tiendas de campaña, la mayoría situadas en zonas que cuando se inicie, a mediados de abril, la temporada de lluvias corren el riesgo de quedar inundadas. Más de 3 millones de personas dependen de la ayuda de alimentos, agua y alojamiento, la ONU ha reconocido que sólo ha podido alimentar a un millón de personas.

Desde estas páginas ya denunciamos cómo el imperialismo norteamericano ha utilizado la tragedia del pueblo haitiano para, disfrazada de misión "humanitaria", ocupar y controlar el país. Médicos, personal sanitario y miembros de distintas organizaciones de ayuda han destapado reiteradamente cómo el ejército norteamericano en lugar de ser una ayuda ha sido un obstáculo. Telesur informaba de que una gran parte de los alimentos almacenados en el aeropuerto, controlado desde el primer momento por el ejército norteamericano, y que han estado allí retenidos durante semanas, cuando llegan a la población están en mal estado. Desde el principio el ejército estadounidense ha tenido como prioridad garantizar los intereses del imperialismo y no las necesidades de la población, el último caso ha sido el regreso a Baltimore del barco hospital The Comfort, la justificación, según José Ruiz, portavoz del Comando Sur de EEUU, es que: "La situación sobre el terreno en términos médicos ha mejorado (...) La demanda de asistencia sanitaria no excede la capacidad de atención médica que hay sobre el terreno". ¡Cuándo todavía hay miles de personas con lesiones provocadas por el terremoto y que todavía no han recibido asistencia médica!


El negocio de la reconstrucción

Las guerras en Afganistán e Iraq, catástrofes naturales como el Katrina o ahora el terremoto de Haití, han dejado al descubierto uno de los negocios capitalistas más lucrativos de los últimos tiempos: el negocio de la reconstrucción. Según el Banco Interamericano de Desarrollo el coste de la reconstrucción del país estaría entre los 8.000 y 14.000 millones de dólares.

La reconstrucción  estará  totalmente subordinada a los beneficios de las grandes empresas capitalistas y a los intereses de la élite haitiana. Uno de los que va a conseguir grandes ganancias es Patrick Delatour, ministro de Turismo y al mismo tiempo  uno de los máximos responsables de la reconstrucción, posee el 5% de GDC Concrete Construction, el único suministrador de hormigón elaborado en Haití, además su sobrino es el accionista mayoritario de la empresa. Los días 9 y 10 de marzo se celebró en Miami una "Cumbre sobre Haití" organizada por la International Peace Operations Association (IPOA), una asociación de empresas militares y de logística, también conocida popularmente como "asociación del comercio mercenario". Es evidente que el objetivo de esa cumbre no fue recaudar fondos para ayudar a Haití, sino la venta de lucrativos contratos en el país para que empresas como Blackwater se lleven su parte correspondiente del pastel.


Convertir Haití en una enorme maquila

En cuanto al plan de reconstrucción cada vez está más claro cuál será su objetivo. Un columnista de The New York Times, Nicholas Kirstoff, lo resumía perfectamente: "La mejor estrategia para Haití: construir fábricas de ropa. La idea (¡fábricas donde se explota a los trabajadores!) puede sonar horrorosa para los norteamericanos. Pero es una estrategia que ha funcionado en otros países, como Bangladesh, y los haitianos en las chabolas dirán que lo que más desean fervientemente son empleos. Unas cuantas docenas de fábricas de camisetas pueden transformar Haití".

Ya en la conferencia de donantes celebrada en Montreal el pasado 25 de enero se vislumbraron los detalles de este plan de "reconstrucción", imponer un salario inferior al mínimo en la industria textil (2,98 dólares diarios) para convertir el país en una gran maquila.


Se agota la paciencia de la población

Después de la conmoción inicial provocada por el terremoto, la población comienza a ser consciente de la situación y eso se ha traducido en numerosas y masivas protestas contra el gobierno y la ocupación militar del país.

El 17 de febrero Sarkozy visitó a Haití, fue recibido por una manifestación de miles de personas para protestar por la situación y exigir el regreso de Arístide, el presidente Preval intentó calmar la situación pero tuvo que abandonar el palacio presidencial protegido por la policía. A principios de febrero miles de ex empleados públicos en paro se manifestaron tras el cierre de empresas públicas después del golpe de estado de 2004, ¡llevan 36 meses sin cobrar! Durante el mes de febrero ha habido manifestaciones masivas en Petionville, sobre todo mujeres, para pedir la dimisión del alcalde porque revende la comida procedente de la ayuda internacional, también ha habido manifestaciones importantes frente a la embajada norteamericana para protestar contra la ocupación. La situación es tremendamente explosiva y esa es la razón por la que el gobierno norteamericano ha sugerido que se celebren las elecciones previstas para el pasado 28 de febrero y atrasadas indefinidamente. Correctamente temen que si no se produce un cambio significativo, las terribles condiciones de vida y la destrucción existente puedan provocar una explosión social difícil de controlar y que ponga en peligro la hegemonía del imperialismo estadounidense en el país.