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(Venezuela) Balance del 8-D: La contrarrevolución no consigue sus objetivos pero la revolución sigue amenazada PDF Imprimir E-mail
Escrito por Declaración de la Corriente Marxista Revolucionaria   
Viernes, 13 de Diciembre de 2013 11:49

eleccionesmunicipales¡Todo el poder político y económico debe pasar a manos de los trabajadores!

Los resultados de las elecciones municipales del 8-D exigen un análisis a fondo por parte de los revolucionarios. La dirección del PSUV ha celebrado los datos como una gran victoria, destacando el hecho de que se ha ganado alrededor del 80% de los municipios (256 según los últimos datos disponibles) y el 75% de las 40 ciudades más pobladas del país. La propia burguesía ha tenido que reconocer a través de algunos de sus medios de comunicación que el plan contrarrevolucionario de presentar las elecciones municipales como un plebiscito, obtener una victoria clara y utilizar la misma para intensificar su ofensiva para tumbar al gobierno, ha fracasado.

 

Que la derecha contrarrevolucionaria no haya podido llevar adelante sus planes es un motivo de satisfacción para todos los trabajadores, para todos los revolucionarios de Venezuela y del mundo, que queremos cumplir con el legado de Chavéz derrocando el capitalismo en nuestro país y abriendo definitivamente la senda para transitar al socialismo. Sin embargo, la lógica alegría que sentimos los revolucionarios no puede ocultar las enormes contradicciones, peligros y amenazas que siguen cerniéndose sobre el proceso, a la vista de un análisis serio y riguroso de los resultados electorales.

Es evidente que las últimas decisiones tomadas por el Presidente Maduro, acuciado por el sabotaje económico de la burguesía, el desabastecimiento y la ineficacia burocrática, han contrarrestado, al menos en parte, un malestar creciente que intentaba rentabilizar de manera demagógica la oposición de derechas. La decisión de intervenir los precios de algunos productos y amenazar a toda una serie de acaparadores ha sido vista como un paso positivo por amplios sectores de la población. Esto también encierra una lección: esta línea de no hacer concesiones e intervenir contra el sabotaje económico, como explicamos más adelante, debe ser extendida y profundizada. Por otra parte, no es menos cierto que  muchos activistas de vanguardia al mismo tiempo que celebran la victoria en el Municipio Libertador de Caracas y otras ciudades importantes, muestran su preocupación por unos resultados que siguen evidenciando que hay un sector creciente de la población que antes votaba por la revolución y ahora (a causa de las contradicciones internas que ésta acumula, el lento avance de la misma, el burocratismo, la corrupción y otras muchas fallas) oscila entre la abstención y el voto a quienes adversan al proceso revolucionario.

Uno de los artículos de opinión más leídos en Aporrea al día siguiente de la jornada electoral (más de 80.000 visitas el miércoles 11 de diciembre a primera hora) se titulaba “la derrota disfrazada de victoria”. Independientemente del título exagerado y de que se esté de acuerdo o no con las opiniones y conclusiones del autor, lo significativo es que refleja la preocupación e inquietud que existe entre una capa de activistas revolucionarios. Muchos militantes del PSUV y de los partidos aliados pensábamos que los candidatos chavistas debían haber sido elegidos por las bases. El resultado de no hacerlo fue que no pocos de los que encabezaban las candidaturas del PSUV no gozaban de nuestra confianza. A pesar de eso, más de cinco millones de camaradas acudimos a votar por ellos. Una vez más se demuestra la falacia del discurso de los reformistas y burócratas cuando hablan de falta de conciencia y madurez revolucionaria de las masas. Son precisamente los camaradas de la dirección del partido y el gobierno los que tienen la enorme responsabilidad de utilizar la energía revolucionaria que existe entre las bases para llevar la revolución hasta el final, expropiando a los capitalistas y acabando con la corrupción, ineficiencia y sabotaje de la burocracia. Esa es la orientación que exigen las bases y esa la única manera de asestar un golpe definitivo a la oposición burguesa y derechista.

Hay que analizar sobriamente los resultados electorales

El diario opositor El Universal se veía obligado a reconocer el fracaso de la estrategia contrarrevolucionaria en estas elecciones: “El chavismo logró derrotar a la oposición en su intento de convertir en un plebiscito las elecciones municipales del 8 de diciembre; no obstante, los candidatos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) obtuvieron victorias en los símbolos locales representados por las capitales de los estados Barinas, Carabobo, Lara, Mérida, Monagas, Nueva Esparta, Táchira, Zulia y el Distrito Metropolitano de Caracas”. (http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/131209/psuv-gano-210-alcaldias-y-voto-nacional-y-la-oposicion-triunfo-en-simb)

Las derrotas en lugares clave como Maracaibo y Valencia, Barinas (emblemática capital del Estado donde nació Chávez), Maturín y Barquisimeto (donde siempre ha gobernado la revolución) o en varios municipios fronterizos del Estado Táchira (donde en las elecciones regionales de hace tan sólo un año ganamos) no pueden ser zanjadas por los revolucionarios mirando hacia otro lado. Lo mismo respecto a que se haya perdido nuevamente la Alcaldía del Área Metropolitana de Caracas o el Municipio Sucre (Petare). Argumentar que la Alcaldía Metropolitana, Petare o Maracaibo se pierden en esta ocasión por menos diferencia es un pobre consuelo. La realidad es que se hizo una apuesta muy fuerte por ganar en estos lugares: se creó el Gobierno Metropolitano en Caracas hace cuatro años,  se ganó la Gobernación del Zulia hace un año y se destinaron muchos recursos a ganar estas alcaldías. Es necesario analizar seriamente porqué no han sido logrados esos objetivos y sacar las conclusiones necesarias.

Según los datos oficiales del CNE el PSUV habría sido el partido más votado con un 39% de los votos y junto a sus aliados del Gran Polo Patriótico habría obtenido 5.111.336, el 49,24% de los sufragios. Por su parte, según el CNE y el propio diario opositor El Universal, “la MUD y sus aliados obtuvieron 4.435.097 votos, lo que representa el 42,72%  y otras organizaciones políticas capitalizaron 833.731 votos, lo que se traduce en 8,03% de la población electoral”. (http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/131209/psuv-gano-210-alcaldias-y-voto-nacional-y-la-oposicion-triunfo-en-simb)

Uno de los aspectos más controvertidos del análisis de los resultados electorales del 8-D es el significado político de ese 8% (casi un millón de votos) que se atribuye a “otros”. Bajo esa etiqueta se incluye una heterogénea lista de pequeñas formaciones: candidaturas de carácter local presentadas por sectores chavistas o de oposición que rechazaban a los candidatos oficiales, formaciones que en otras ocasiones se han presentado por la MUD y esta vez lo han hecho por su propia cuenta, e incluso algunas fuerzas recientemente creadas que intentan presentarse como “ni-ni”, declarándose al margen del chavismo y de la oposición.

En las valoraciones realizadas por algunos dirigentes bolivarianos se renuncia a hacer un análisis del significado político de este 8%. Se acepta la calificación del mismo como un voto ni chavista ni opositor (una especie de limbo político) y se celebra que la distancia entre revolución y contrarrevolución ha pasado de un 1,5% a 6%. El camarada Presidente Nicolás Maduro ha dicho que la diferencia final entre el PSUV y sus aliados y la MUD ha sido de nueve puntos.

Como ya dijimos al principio de este balance, es correcto destacar el fracaso de los planes contrarrevolucionarios. El “somos mayoría” de Ledezma o el “después de estas elecciones vamos a por ti, Maduro” de Capriles se han estrellado contra la realidad de la lucha de clases. Sin embargo, eso es una cosa y otra muy distinta no sacar ninguna conclusión de hechos como que ese 8% de los votos que no se ha ido a la MUD pero tampoco ha apoyado al PSUV ni a ninguno de sus aliados, así como una parte de la abstención, expresa de un modo distorsionado un malestar y descontento reales. Si no se resuelven los problemas y necesidades del pueblo que generan ese descontento este seguirá creciendo, y en el futuro podría acabar siendo captado por los contrarrevolucionarios y dándoles la victoria en próximas convocatorias electorales.

En unas elecciones tan polarizadas y que la propia oposición planteaba como un plebiscito, el que haya un 8% que aunque no vota oficialmente a la MUD tampoco lo hace a nuestros candidatos, debería ser objeto de reflexión. ¿Acaso no es importante analizar porqué hay un sector significativo de las masas que en el pasado votó por las fuerzas identificadas con la revolución y hoy no lo hace? ¿No tiene sentido debatir como se puede corregir esta peligrosa tendencia?

Aumento de la abstención

La causa fundamental de que la debacle electoral que muchos pronosticaban (y que la oposición esperaba con los brazos abiertos) no se haya producido, es que aunque en estas municipales el PSUV y sus aliados tienen dos millones de votantes menos que en las presidenciales, la MUD también pierde incluso un número superior de sufragios. A diferencia de anteriores elecciones, donde —como explicamos los marxistas— la principal causa de la derrota (por ejemplo en el caso de la Alcaldía Metropolitana) era que la abstención en los barrios populares era significativamente superior a la que se producía en las urbanizaciones de clase media y alta, en este caso los porcentajes son bastante similares. La abstención es alta (superior al 40%)  en ambos casos.

Es bastante posible que la decepción tras la derrota en las presidenciales haya pasado factura a los dirigentes contrarrevolucionarios entre un sector de su base y que la agitación cantando fraude durante varios meses tampoco les haya facilitado movilizarlos nuevamente en la cantidad que necesitaban. También es muy posible que una parte muy amplia de ese millón de personas que en las últimas presidenciales votó a la oposición por desesperación y cansancio (y como castigo por su decepción ante el lento avance de la revolución, los efectos de la devaluación del bolívar y muchas de las contradicciones y fallas ya comentadas) en estas elecciones municipales se haya quedado en casa.

Esto confirma que, tal como decíamos los marxistas, el aumento del voto obtenido por la oposición en las últimas convocatorias electorales es algo perfectamente reversible. Pero también deja claro que para revertir plenamente esa tendencia, recuperar a los votantes perdidos y volver a tener el margen de diferencia entre revolución y contrarrevolución en el terreno electoral de hace unos años, hace falta mucho más que discursos e incluso que medidas parciales contra la especulación y el sabotaje de los empresarios.

Porqué sigue habiendo sectores populares que se abstienen o votan por la oposición y cómo recuperarlos

Muchos que a lo largo de los últimos años han dejado de votar a la revolución y o bien se han abstenido, o incluso (como ocurrió en las últimas elecciones presidenciales del 14 de Abril de este año) han votado por la oposición en un porcentaje apreciable, no lo hacen porque estén ganados para su programa, sino porque están cansados de discursos hablando de socialismo mientras sufren escasez y subidas de precios, largas colas, inseguridad, desigualdad, corrupción, burocratismo…

Mientras estas lacras continúen, el discurso demagógico de la oposición identificando esos problemas que sufrimos los trabajadores y el pueblo con revolución y socialismo continuará y seguirá ganando adeptos entre sectores descontentos y escépticos de las masas, que durante años han votado por la revolución pero siguen sin verle el queso a la tostada.  El problema no es de falta de conciencia, como plantean los reformistas, sino de que la lucha por la supervivencia que genera la anarquía de la producción del capitalismo sigue existiendo y con ella todas las demás lacras que caracterizan a este sistema.  Mientras eso sea así la revolución estará gravemente amenazada.

La ofensiva contrarrevolucionaria de la burguesía venezolana y el imperialismo es de largo alcance y va a continuar e intensificarse. Los resultados del 8-D siguen reflejando que hay sectores numerosos de las masas entre los que crece el escepticismo y la impaciencia ante el hecho de que los discursos hablando de socialismo no se traducen en soluciones concretas a sus problemas. Mientras siga existiendo la inflación, el desabastecimiento, las largas colas, el burocratismo y la corrupción, la inseguridad…ese escepticismo seguirá creciendo y la contrarrevolución tendrá el camino más fácil para utilizarlo.

Las medidas contra la especulación y su efecto sobre las masas

La intervención, un par de semanas antes de estas elecciones, de varias cadenas de comercios que especulaban con los precios por parte del gobierno ha tenido un claro efecto a la hora de animar a votar a sectores que estaban muy decepcionados, por el hecho de que tras casi un año denunciando la guerra económica de la burguesía no se hubiesen tomado medidas serias. Al mismo tiempo, estas medidas —como también explicamos en otros materiales— sólo servirán para fortalecer la revolución si van mucho más allá y se extienden al conjunto de la economía. Si no, pueden acabar transformándose en su contrario al cabo de no demasiado tiempo, ya que si los capitalistas mantienen la propiedad de los principales bancos y empresas, del sector alimentario y de las mayores redes de distribución y transporte, no dudarán en utilizarlo para generar nuevos e incluso mayores problemas de desabastecimiento y subidas de precios.

Como planteaba la declaración de la Unión Nacional de Trabajadores (UNETE) de Anzoátegui en la que se llamaba a votar al candidato del PSUV a la Alcaldía de Barcelona y se proponía un frente único de lucha entre las dos centrales revolucionarias (CSBT y UNETE): “Saludamos la decisión del presidente Nicolás Maduro, de intervenir varias cadenas de electrodomésticos y llamamos a extender esta intervención a otros sectores y llevarla hasta el final expropiando y nacionalizando bajo control de los propios trabajadores y el pueblo todas las empresas que especulan y sabotean la revolución. …el gobierno bolivariano debe aprovechar las expectativas que ha despertado la intervención de Daka, Imeca y otros comercios para llamar (como ya lo hiciera el Presidente Chávez) a los trabajadores a tomar todas las empresas que se dedican a especular…. Si nos quedamos a medias, si hoy se interviene contra los capitalistas pero se les deja que sigan teniendo el control de la producción y la distribución, utilizarán su poder para hacer desaparecer los productos, culpar al gobierno y al socialismo de la escasez”.

Desmantelar el estado burgués y construir un auténtico estado revolucionario que estatice la banca, el comercio exterior y las principales bajo la gestión de la clase obrera y el pueblo

El único modo de defender y hacer irreversible la revolución, como pedía el comandante Chávez en uno de sus últimos discursos (el “Golpe de Timón”) es desmantelar el actual estado que, como el mismo comandante explicaba, sigue siendo burgués y sustituirlo por un estado dirigido de verdad por los trabajadores y el pueblo. Un estado revolucionario donde todo el poder político y económico pase a manos de los trabajadores. Donde el poder  no se siga ejerciendo de manera clientelista a través de las gobernaciones y alcaldías de la democracia burguesa, sino que sean las comunas obreras y populares las que tengan y ejerzan el poder mediante consejos de voceros elegidos y revocables en todo momento en asambleas obreras y populares a nivel de cada centro de trabajo y cada barrio y coordinados a escala local, estadal y nacional en una verdadera Asamblea del Poder Obrero y Popular. Donde esos voceros deban responder periódicamente ante quienes les elijan y puedan ser revocados por ellos en cualquier momento, donde cualquier cargo público no cobre más que el salario de un trabajador cualificado y todas las tareas de la gestión y administración públicas se realicen de forma rotativa.

Cualquier intento de llamar a los empresarios privados o a los alcaldes y gobernadores contrarrevolucionarios a dialogar, que se porten bien, acepten la voluntad democrática del pueblo y cumplan los objetivos del plan de la patria presentado por el comandante Chávez cuando resultó elegido en Octubre de 2012 y que Nicolás Maduro, el Presidente legítimo y democráticamente elegido de la República, se ha comprometido a aplicar, será contestado por ellos con más cinismo y más sabotaje. Cualquier intento de obligarles, si siguen teniendo la propiedad de los medios de producción, será burlado por ellos. Sólo arrebatándoles todo el poder que tienen, llevando a cabo —como decía Marx— la expropiación política y económica de la burguesía y de sus representantes políticos será posible defender, consolidar y llevar hasta el final la revolución venezolana y conquistar una patria digna, libre, justa y soberana. Para ello sólo hay un camino: desarrollar plenamente la democracia obrera y el poder de la clase obrera organizada para acabar con el sabotaje de la quinta columna burocrática y de los propios capitalistas.

¿Qué política necesitamos para hacer realidad el golpe de timón que nos pidió el comandante Chávez?

Ese Estado revolucionario bajo la dirección de los propios trabajadores y del pueblo debe acabar de una vez por toda con la propiedad capitalista de los medios de producción. Mientras la banca, las empresas fundamentales y la tierra sigan en manos de los empresarios estos las utilizarán para sabotear la revolución y chantajear al gobierno y al pueblo. Sólo es posible planificar y controlar aquello que uno tiene en sus manos. El control obrero debe desarrollarse, generalizarse y dar el salto hacia la administración obrera de la industria nacionalizada. Hay que estatizar la banca y las empresas fundamentales, decretar el monopolio estatal del comercio exterior (siendo el estado el que bajo administración obrera y popular realice directamente todas las compras y ventas, sin dar un solo dólar a los empresarios para que especulen), y planificar democráticamente la economía bajo la administración directa de los trabajadores en función de las necesidades sociales y no del beneficio de un puñado de especuladores y parásitos, como ocurre en el capitalismo.

Los dirigentes de las principales organizaciones obreras, las centrales CSBT y UNETE, deben asumir un programa en las líneas arriba planteadas y proponérselo públicamente al gobierno, al camarada Presidente Nicolás maduro, a la dirección del PSUV y el GPP, y al conjunto de las bases revolucionarias. Al mismo tiempo que luchamos porque este programa de la clase obrera para hacer irreversible la revolución sea asumido y aplicado por el gobierno y la dirección del partido y del movimiento bolivariano, debemos luchar por llevarlo a la práctica en cada movilización obrera y popular, en cada centro de trabajo, en cada comuna. Hay que organizar la toma de cada fábrica que sea cerrada o utilizada para especular, hay que organizar asambleas obreras y populares para debatir este plan y conformar en cada centro de trabajo y barrio comités contra la especulación y por la expropiación de la burguesía. Sólo así derrotaremos la ofensiva contrarrevolucionaria de manera definitiva.

El 8-D la derecha no ha logrado lo que quería pero su plan de desestabilización y contrarrevolución sigue en marcha. Sólo la organización y movilización de la clase obrera para agrupar a todos los revolucionarios entorno a un programa que acabe con el poder de capitalistas y burócratas, y coloque a la clase obrera y los explotados al frente del proceso, puede garantizar que el llamado del Presidente Chávez a llevar la revolución hasta el final y hacerla irreversible sea culminado con éxito.