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Colombia: ¿Qué significa la victoria de Petro en Bogotá y el retroceso general del PDA? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Jairo Zabaleta   
Martes, 22 de Noviembre de 2011 00:00

petro_1El 30 de Octubre se celebraban elecciones regionales en Colombia. Lo primero que destaca es lo contradictorio en apariencia de los resultados. Para los activistas de izquierda el dato más significativo es la victoria de un candidato, que -más allá de sus contradicciones y giro hacia posiciones socialdemócratas durante los últimos tiempos- es visto por las masas como de izquierda (Gustavo Petro) para el cargo más importante: la Alcaldía Metropolitana de Bogotá (8 millones de habitantes). Junto a ello hemos asistido a la debacle electoral de la principal fuerza electoral de la izquierda colombiana: el Polo Democrático Alternativo (PDA), que obtiene sus peores resultados en años.

Todo proceso electoral representa, de algún modo, una especie de foto fija del momento político que vive un país. A veces esa foto puede estar muy distorsionada. En el caso de Colombia las distorsiones son tantas que a menudo más que de una foto podría hablarse de una caricatura. Como hemos explicado en anteriores análisis sobre otras jornadas electorales realizadas en el país, lo habitual es que más de la mitad del censo electoral ni siquiera participe y el partido más votado sea la abstención. Estas elecciones regionales no han sido una excepción.

A la distorsión característica de cualquier proceso electoral dentro de la democracia burguesa que suponen el poder mediático de la burguesía, la financiación por parte de ésta de sus partidos (frente a la escasez de medios de las formaciones críticas con el sistema), y otros mecanismos de desviación del voto; en el caso colombiano está muy extendido además un elemento permanente de fraude que se expresa en aspectos que pudimos comprobar personalmente en estas mismas elecciones como el transporte de votantes en taxi por parte de las formaciones políticas burguesas con más medios, la compra de votos, la falta de suficientes garantías respecto al carácter secreto del sufragio, el soborno o amenazas a los testigos a la hora del recuento en muchos pueblos o barrios de la periferia de las grandes concentraciones urbanas,…

Esto se vincula a su vez con otro aspecto característico de la realidad colombiana: la existencia de grupos paramilitares en amplias zonas del país -no sólo rurales sino también, y especialmente a lo largo de las últimas décadas, en los barrios obreros y populares de muchas grandes ciudades (las comunas)- que actúan a favor de distintos partidos políticos de la oligarquía en función de sus vínculos y negocios directos con estos, impidiendo la colocación de propaganda electoral de otras fuerzas o amenazando y presionando directamente a los votantes. La propia Misión de Observación Electoral (MOE) de la Organización de Estados Americanos expresó algunas críticas hacia la organización de estas elecciones en el sentido de que las garantías para el libre ejercicio del voto y la transparencia de los resultados finales siguen siendo “insuficientes”.

Pese a estas importantes distorsiones, los resultados electorales del 30 de Octubre, especialmente en algunas grandes ciudades y regiones clave, y particularmente en el Área Metropolitana de Bogotá (que concentra casi un 20% de la población del país) son ilustrativos de toda una serie de procesos políticos y sociales que se están dando en la sociedad colombiana y que, tanto desde la CMR internacional como desde el grupo colombiano de la misma, hemos venido destacando hace tiempo.

La victoria de Petro: Un voto contra el uribismo y la derecha

El primero y más importante de esos elementos es la existencia de un malestar creciente y que busca expresión política. En estas elecciones ese malestar se ha expresado, de un modo más claro o distorsionado según los casos, en un voto consciente por parte de sectores significativos de las masas contra las opciones electorales vistas más a la derecha y en particular contra aquellas que aparecían más claramente identificadas con el paramilitarismo. El ejemplo más llamativo es lo ocurrido en Bogotá con Gustavo Petro.

Petro militó hace años en la guerrilla del M-19 (la cual abandonó la lucha armada para firmar un Acuerdo de paz con el gobierno y participar en las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1991). Tras pasar un par de años en la cárcel, fue uno de los fundadores primero del Frente Social y Político y posteriormente del Polo Democrático Alternativo (PDA), el frente electoral y político que ha agrupado a la mayoría de los partidos políticos de izquierda legales del país durante los últimos años. Petro ha sido senador durante los últimos años y fue elegido en las primarias del PDA candidato por el Polo de cara a las presidenciales de 2010. Pocos meses antes de estas elecciones regionales, Gustavo Petro anunciaba su abandono del Polo para formar un movimiento aparte denominado “Progresistas”. Pese a haber sido creado ad hoc para esta campaña electoral el Movimiento “Progresistas” consigue igual número de representantes en el Concejo municipal bogotano que el gubernamental Partido Social de Unidad Nacional (Partido de la U), en el que militan Santos y Uribe, y es la segunda formación más votada a muy escasa distancia de la U.

Pese a sus contradicciones y giro a la derecha a lo largo de los últimos años, la razón del éxito de Petro no es su moderación sino que las masas vieron en él al candidato de izquierda con más posibilidades de derrotar a la derecha y evitar que la Alcaldía de Bogotá, en la que desde 2003 gobierna la izquierda a través del PDA, volviese a manos de los partidos tradicionales de la oligarquía. Su principal oponente, Enrique Peñalosa -un hombre identificado claramente con la derecha- concurría apoyado por una sorprendente alianza entre el Partido Verde y el Partido de la U y por buena parte de la burguesía bogotana. Pero su principal apoyo fue el de Álvaro Uribe, que le acompañó en varios de los mítines , recorridos por los barrios (como se puede ver en la foto) y realizó una campaña muy activa pidiendo el voto por él.

Hay que recordar, además, que Petro –más allá de la desconfianza que despierta entre muchos activistas de izquierda- sigue apareciendo ante sectores amplios de las masas como uuna figura de izquierdas, siendo además uno de los senadores que más enfrentamientos públicos tuvo con Uribe y su entorno. Petro fue uno de los primeros en denunciar desde el parlamento públicamente a los paramilitares y en señalar sus nexos con el aparato estatal y la propia camarilla uribista. El ahora alcalde de Bogotá tuvo importantes enfrentamientos con Uribe, en los cuales llegó a acusar al hermano de éste y a otros de sus allegados de vínculos directos con la narcoparapolítica (como luego se ha probado), o a sus hijos de corrupción. Uribe contraatacó intentando presentar a Petro como “amigo de los terroristas” o “radical” por su pasado guerrillero, así como execrarlo públicamente por el apoyo que hasta hace algunos años mostró a Chávez.

Durante los últimos años (y especialmente en la pasada campaña electoral presidencial) Petro intentó suavizar su imagen marcando distancias públicamente respecto a la revolución venezolana o protagonizando acciones que suscitaron polémica y un merecido rechazo entre la mayoría de militantes del Polo. Así, votó a favor del nombramiento de Alejandro Ordóñez, conocido uribista, como Procurador General de la República; o defendió que el Polo propusiese una alianza electoral para el post-uribismo que incluyese a sectores de la derecha e incluso del propio uribismo que se desmarcasen de las prácticas más inaceptables de éste.

Pese a ello, en una coyuntura electoral como la que se daba en Bogotá; en la que la lucha por la alcaldía aparecía polarizada entre Petro (apareciendo como el único candidato de izquierda con posibilidades de triunfar) y Peñalosa como el candidato del establecimiento y en particular de Uribe, sectores importantes de las masas decidieron dar una nueva oportunidad a la izquierda.

Además Petro se beneficia de las luchas y contradicciones internas en el seno de la burguesía colombiana que ya hemos analizado en otros artículos. Petro y su movimiento “Progresistas” obtuvieron, siempre según los datos oficiales reconocidos, el 32,19 % de los votos (algo más de 700.000 votantes), Peñalosa, apoyado por los verdes y el Partido de la U un 24,9 % , la ex diputada uribista Gina Parody –que en un extraño intercambio de “parejas de baile” estaba apoyada por el ex candidato presidencial del Partido Verde Antanas Mockus (el cual también abandonó su partido hace escasos meses) obtuvo un 16,74% y Carlos Fernando Galán (el hijo del candidato del Nuevo Liberalismo- escisión por la izquierda del Partido Liberal en los años 80- que fue asesinado por los narcoparamilitares en 1989), un 12,7%. Este último concurría apoyado por el partido Cambio Radical, el cual pertenece a la coalición de gobierno de Santos.

La victoria clara de Petro representa, pues, un voto contra el uribismo y todo lo que representa. Ese mismo sentimiento se ha expresado de un modo más o menos distorsionado según los casos en otros lugares. Un caso llamativo es el municipio de Bello (Medellín). En este municipio se presentaba un único candidato, ya que mediante sobornos y amenazas los jefes locales de las bandas paramilitares y narcotraficantes habían conseguido que los aparatos locales de todos los partidos tradicionales apoyasen a ése candidato y no permitiesen presentar a nadie más. Esto provocó tal rechazo e indignación entre la ciudadanía, que pese a las amenazas (en una zona además que ,como Medellín y Antioquia, ha sido históricamente cuna del paramilitarismo), se conformó una Plataforma Cívica pidiendo el voto en blanco. Según la Constitución colombiana si un porcentaje determinado de los votantes votaba en blanco las elecciones debían repetirse y el candidato único derrotado no podría presentarse nuevamente. Cerca del 70% del electorado votó en blanco. La celebración electoral consistió en una manifestación por las calles desafiando el poder de las mafias.

De un modo menos espectacular y llamativo pero en una dirección parecida se dieron las derrotas del alcalde del PIN (formación creada por varios cargos públicos que tras ser denunciadas sus conexiones con el paramilitarismo no han logrado presentarse por los partido tradicionales) en la ciudad portuaria de Buenaventura, o del clan familiar que gobernaba desde hacía años combinando todo tipo de amenazas y corruptelas el municipio de Soacha.

 

Pugna interna en las filas de la burguesía

Incluso, la victoria del liberal Aníbal Gaviria para la alcaldía de Medellín o del “verde” Sergio Fajardo en la lucha por otro feudo tradicional del uribismo (la Gobernación de Antioquia, donde el ex presidente comenzó su ascensión política) expresan, de un modo mucho más distorsionado el malestar de las masas y el rechazo a la derecha más “paraca” y reaccionaria.

Distorsionado porque tanto Gaviria como Fajardo forman parte de las filas de la burguesía y sus políticas se insertan dentro de los planes del sector de ésta encabezado por el Presidente Juan Manuel Santos. Sin embargo, resulta significativa la extrema polarización con que se vivió la campaña en Antioquia , on acusaciones directas muy fuertes entre los distintos candidatos burgueses. En determinados momentos Fajardo llegó a utilizar incluso un discurso hablando de justicia social, criticando las diferencias de riqueza, apelando a su origen de clase burgués de un modo demagógico para afirmar que desde joven había decidido luchar para que las oportunidades de estudio y trabajo que él tuvo estén al alcance de todos, o criticando de manera abierta la violencia y el paramilitarismo y presentándose como una opción “progresista”. Finalmente, Fajardo casi dobló en votos al candidato del uribista Partido Conservador y Gaviria ganó por un margen estrecho a Luis Pérez, quien se presentaba por una candidatura supuestamente independiente llamada “Firmes por Medellín”, que según todo indica estaba apoyada por los sectores de la oligarquía local más vinculados al latifundio, la burguesía ganadera y el paramilitarismo.

En otro artículo analizaremos en detalle las implicaciones de estos resultados desde el punto de vista de la lucha soterrada pero cada vez más dura que están sosteniendo los diferentes sectores de la oligarquía colombiana. Estos sectores en el momento actual aparecen personificados en el ex presidente Uribe por un lado y su antigua mano derecha y hoy rival dentro del Partido de la U, el actual Presidente Juan Manuel Santos. Estas elecciones tenían un elemento de prueba de fuerzas entre ambos sectores y de examen a la estrategia del “Acuerdo de Unidad nacional” planteadoapor Santos. Aunque el uribismo mantiene un importante apoyo todavía dentro del aparato del partido de la U, en el parlamento y en muchas gobernaciones y alcaldías, estas elecciones han significado un aval por parte de la mayoría de la burguesía a la estrategia gatopardiana y modernizadora de cambiar un poco la fachada del edificio para que nada fundamental cambie que impulsa Santos y un golpe al poder del uribismo en toda una serie de posiciones clave.

Como decía un sindicalista, en referencia a este choque: “durante ocho años gobernó el gamonal ahora ha llegado el dueño de la hacienda y ha decidido apartarlo a un lado porque considera que eso le interesa más”.Como hemos explicado en anteriores artículos, ambos sectores son enemigos de la clase obrera y el pueblo y coinciden en la necesidad de mantener e incrementar los beneficios de la burguesía sobre la explotación de las masas. Ni siquiera se puede decir que un sector tenga vinculos con los paramilitares y otro no. Ambos han utilizado sus servicios contra el movimiento obrero y popular, pero el sector que rodea a Santos no se ha manchado las manos directamente y ahora, al menos de forma pública, quiere marcar distancias y disciplinar a esos grupos paramilitares y a ese otro sector de la burguesía que ha crecido entorno a la extensión del narcotráfico, el desplazamiento de tierras de los campesinos y las mil y una corruptelas que acompañaron la luna de miel de Uribe con el poder.

Sería un gravísimo error tener ilusiones en cualquier sector de la burguesía y apostar por cualquier tipo de alianza con alguna de las fuerzas en que se divide en estos momentos políticamente la burguesía colombiana. Las diferencias entre estos sectores se deben a la lucha por ver cual de ellos controla el aparato del estado y a motivos tácticos y estratégicos: cómo responder al malestar social existente, cómo reubicar el capitalismo colombiano dentro de la división internacional del trabajo, etc.

Estas diferencias, que restan margen de maniobra a la burguesía para actuar unificadamente contra el movimiento obrero y popular, deben ser aprovechadas por el movimiento obrero y la izquierda para pasar a la ofensiva. Pero para ello resulta imprescindible levantar un programa y una bandera propios, independientes, de clase, que unifiquen todas las reivindicaciones, anhelos y necesidades de los trabajadores y los sectores populares como primer paso para reconstruir una genuina alternativa revolucionaria basada en la acción política de masas.

 

¿Por qué retrocede electoralmente el Polo Democrático?

La pregunta que se hacen muchos activistas del PDA y la CUT tras estas elecciones es ¿porqué ese voto contra la derecha no se ha expresado a través del Polo y éste en lugar de avanzar retrocede? Para comprenderlo debemos analizar varios factores. El primero es la política realizada por el PDA desde la propia Alcaldía de Bogotá (su principal posición) durante los últimos años.

Aunque inicialmente tomó algunas iniciativas progresistas como instalar comedores populares en los barrios, algunas mejoras en la vialidad, etc. en los últimos años ha girado a la derecha intentando competir con ésta en el terreno de grandes obras públicas con empresas privadas y cosas semejantes. El resultado ha sido un monumental escándalo de corrupción que ha salpicado al Polo y ha llevado a la destitución de su alcalde, Samuel Moreno. Este escándalo ha sido una losa demasiado pesada que le ha afectado no sólo en Bogotá sino en todo el país.

De hecho, Petro –que desde hace años mantenía diferencias importantes con la mayoría del PDA y venía defendiendo una orientación socialdemócrata- no justificó su ruptura con el Polo basándose en estas diferencias ideológicas sino que ,hábilmente, adujo como causa el escándalo suscitado en la Alcaldía de Bogotá y lo que denunció como tardanza en actuar por parte de la dirección del partido. Esta forma de presentar su salida, sin duda, la benefició electoralmente.

Pero incluso más importante que esto es el hecho de que los dirigentes del PDA, que -tanto cuando se creó el Frente Social y Político como posteriormente al nacer el PDA- surgió como instrumento para unir a la izquierda colombiana, expresar las reivindicaciones obreras y populares y ofrecer un cauce político a la lucha de masas, se han centrado cada vez más en el terreno parlamentario y electoral relegando a un segundo plano la intervención permanente y concreta en la lucha de clases.

En lugar de ofrecer un programa de lucha claro, impulsar y liderar las luchas obreras y populares y ofrecer un cauce político para el malestar creciente que, como hemos visto, existe entre las masas, la mayoría de dirigentes del PDA, en la práctica, han acabado aceptando la lógica del sistema o -como minimo- dando por hecho que es imposible avanzar si se aparece demasiado a la izquierda, con un discurso socialista, etc.

Cuando, en 2007 los estudiantes ocuparon decenas de liceos y escuelas universitarias los responsables de educación del PDA en la Alcaldía bogotana enviaron a la policía a desalojarles. En 2008, cuando la confluencia de corteros de caña, trabajadores judiciales, indígenas y otros sectores en lucha culminó en una huelga general el PDA en lugar de ponerse al frente y dar continuidad a la lucha desaprovechó esta oportunidad.

 

La agudización de la lucha de clases y las tareas para la izquierda política y sindical

Hoy mismo, Colombia vive una recuperación muy importante de la lucha de masas. Según la revista Semana, el número de huelgas durante 2011 es el mayor en los últimos 20 años. En abril un millón y medio de personas se movilizaron en todo el país en rechazo a la contrarreforma educativa y otros planes privatizadores y antisociales del gobierno Santos. El estallido social de los trabajadores y vecinos de la ciudad petrolera de Puerto Gaitán, la lucha en defensa de la salud pública, las huelgas victoriosas de los camioneros y los mineros son algunos ejemplos.

Pero el que más impacto está teniendo en este momento es el paro estudiantil que desde hace meses se prolonga con marchas masivas (la última este mismo jueves 10 de Noviembre). Los estudiantes llevan varios meses de lucha y las marchas están diendo cada vez más masivas. Los distintos intentos del gobierno de desactivar la lucha con maniobras y engaños se ha encontrado con el rechazo de la MANE (el movimiento unitario creado por las distintas organizaciones estudiantiles) y la respuesta masiva en la calle de la juventud colombiana.

La presión de la lucha de clases está obligando a Santos y su combo a quitarse la piel de cordero y mostrar su auténtica cara ante las masas, incluidos sectores atrasados de éstas que en el terreno electoral todavía siguen apoyando a los partidos burgueses, o a capas que -desmoralizadas por las derrotas del pasado y atenazadas por las amenazas de los paramilitares y la presión del estado- siguen absteniéndose de participar electoralmente. Tras verse obligado el gobierno Santos, para remarcar su perfil liberal y dialogante y marcar distancias respecto a Uribe, a aceptar –poco antes de las elecciones- un debate público en televisión entre la ministra de educación y los estudiantes, el apoyo popular a las reivindicaciones de estos se incrementó aún más. El gobierno respondió atacando varias marchas con las fuerzas represivas para intentar criminalizar la lucha, meter el miedo en el cuerpo a los manifestantes y sus familias y hacer la habitual identificación entre lucha estudiantil y los movimientos insurgentes armados. Pero hasta el momento no lo han conseguido y varios tiros le han salido por la culata.Recientemente, se desvelaban unas declaraciones del hermano del Presidente, Francisco Santos, proponiendo utilizar "armas no letales" contra los estudiantes para acabar con la lucha estudiantil. Con ello se refería a palizas, agresiones, torturas, etc

Este ambiente social de lucha y descontento, con alzas y bajas, tenderá a mantenerse e incluso incrementarse. Las promesas demagógicas de Santos mostrarán más pronto que tarde su verdadera cara, como ya lo están haciendo en el terreno educativo. Más allá de la demagogia gubernamental acerca del 5% de crecimiento del PIB este año y de la reducción del desempleo oficial a cifras de un dígito, Colombia sigue siendo según los propios datos oficiales el país con más desigualdades sociales, economía informal, desempleo y pobreza de América Latina. Y ello a pesar de que millones de colombianos han emigrado a lo largo de las últimas décadas hacia Venezuela, Estados Unidos o Europa.

La estrategia de modernización, supuesta industrialización y entrega de amplias extensiones de territorio a la burguesía agroindustrial y a las multinacionales para explotarlas para la producción de biocombustibles bajo criterios capitalistas modernos no creará los miles de empleos prometidos y sí puede generar un desastre social y ecológico a medio y largo plazo. Se trata de sectores con alta inversión tecnológica que no emplearán a los millones de personas que hoy están desempleados. Los otros sectores que más están tirando de la economía colombiana (la exportación de petróleo y oro) son también de los menos intensivos en mano de obra. El resultado de todo esto, en un contexto de crisis mundial del capitalismo, es que los planes del sector de la burguesía colombiana que encabeza Santos –quieran ellos o no- acabarán provocando -como ya estamos viendo- una agudización de las contradicciones, tanto internas en el seno de la burguesía como de la lucha de clases.

 

¿Cómo reconstruir el PDA? Por un programa de la izquierda que una todas las reivindicaciones obreras y populares y las vincule a la necesidad de transformar la sociedad

La clave para que el PDA pueda recuperarse de su debacle electoral es que se ponga al frente de todas y cada una de las luchas que ya estamos viendo, y las que veremos durante los próximos meses y años, y se convierta en herramienta para la organización, movilización y representación de todos los sectores en lucha y golpeados por la crisis económica mundial y la incapacidad orgánica del capitalismo colombiano para garantizar unos niveles de vida dignos a las masas.

Tras la debacle electoral distintos sectores del PDA, incluidos dirigentes importantes, han pedido un Congreso extraordinario y un debate acerca de cómo reconstruir el Polo Democrático. El diputado polista y dirigente del movimiento por los derechos humanos Iván Cepeda llegó a exigir esto en una carta abierta y a pedir la dimisión del Presidente del Polo, Jaime Dussan. En una situación como esta, y tras un resultado contradictorio como el avance de Petro en Bogotá mientras el Polo retrocede –y cuando además Petro ha planteado ya que, tras su éxito, lanzará a nivel nacional su movimiento- es bastante posible que dentro del PDA haya nuevas deserciones tanto por la izquierda como, sobre todo, por la derecha. También es posible que algunos sectores intenten plantear que la victoria de Petro refleja que los ciudadanos quieren más moderación y defiendan , por increíble que parezca, un giro aún más a la derecha. Este camino, de imponerse, podría llevar al Polo al borde de la desaparición. Pero ni esa opción está definida ni es la única posible.

Los marxistas de la CMR siempre hemosdefendido dentro del PDA que la clave para romper la política de aislamiento y criminalización de la izquierda y de las luchas populares que sigue la burguesía colombiana es partir de las necesidades y reivindicaciones más inmediatas de los trabajadores en los centros de trabajo, de los vecinos en los barrios y comunas, de los estudiantes en sus liceos y universidades, de los campesinos, indígenas,etc. para vincularlas a la lucha por la paz y a la necesidad de una transformación social que ponga los recursos del país (la banca, la tierra, las grandes empresas…) en manos de los trabajadores y el pueblo explotado para poder planificar democráticamente la economía con el fin de satisfacer las necesidades sociales.

 

El ejemplo de la campaña organizada por varios de los sindicatos más combativos de Medellín para apoyar al dirigente sindical Dubán Vélez como candidato del PDA para el Concejo Municipal muestra el camino.

Aunque todo indica que la presión de los paramilitares, precisamente en la ciudad donde este fenómeno ha alcanzado más desarrollo en los barrios populares, el soborno y el manejo de votos de los partidos tradicionales fue clave para impedir la elección final de este candidato obrero (que quedó a menos de 1000 votos de los necesarios para entrar) la lucha por plantear lo electoral vinculado siempre a las reivindicaciones obreras y populares ha movilizado a centenares de activistas y ha dejado un importante saldo político y organizativo y momentos históricos para la lucha de clases en la ciudad. Uno de ellos, muy importante desde el punto de vista de la moral de lucha de las masas, fue la propuesta defendida por este candidato y quienes le apoyaban de iniciar la marcha del 1 de mayo de este año ne Medellín desde la legendaria Comuna 13, una de las más obreras y populares de la ciudad (y de las más golpeadas por los paramilitares y las bandas criminales durante los últimos tiempos). Pese a que algunos sectores dentro de la CUT y el PDA creían que no habría fuerza para ello y podía significar meterse en la boca del lobo, la respuesta fue excelente y la fuerza del movimiento obrero y la movilización de decenas de miles de personas envió un mensaje de confianza en sus propias fuerzas al conjunto del movimiento obrero y popular.

Lo más significativo es que entorno a la campaña -que finalmente obtuvo en los barrios de Medellín la cantidad nada despreciable de 1.600 votos conscientes a un candidato identificado con el movimiento obrero, la izquierda y el socialismo- se han agrupado los sectores más combativos del movimiento obrero, trabajadores de distintas empresas en lucha,, etc. Estos sectores combativos del movimiento sindical han podido entrar en contacto con el movimiento de desplazados, el movimiento vecinal y popular, el movimiento estudiantil, la juventud revolucionaria…Como decían varios compañeros en el balance de la noche electoral, lo electoral es sólo un momento pero no es ni mucho menos el más importante, de la lucha.Lo decisivo es el saldo organizativo, el acumulado político que supone aprovechar la campaña electoral y los propios espacios (que –con todas las distorsiones que ya hemos comentado- se ve obligada a conceder la burguesía colombiana para intentar dar legitimidad a su sistema y sus elecciones) para empezar a construir esa alternativa revolucionaria de los trabajadores y el pueblo que se necesita en Colombia.

Si los sectores de sindicalistas y activistas estudiantiles y sociales que forman la base del Polo y que representan su ala izquierda se organizan entorno a un programa, unos métodos y un plan de lucha que recoja las aspiraciones de la clase obrera, los estudiantes y los sectores populares y los defienden ton decisión y convicción tanto dentro del PDA como en las distintas luchas que se desarrollen, en la CUT, en el movimiento estudiantil y vecinal, es perfectamente posible reconstruir y reunificar las fuerzas de la izquierda. El entusiasmo que una alternativa semejante generaría no sólo recuperaría a los millones que votaron al PDA en los últimos años –especialmente en las presidenciales de 2006 (donde alcanzó más de 2 millones de votos)- y que en las últimas convocatorias electorales se han abstenido o votado verde, progresista o incluso liberal.También podría movilizar el voto de muchos de quienes no participan electoralmente.

En Colombia, como demuestra la experiencia, no basta con conseguir posibles votantes,hay que conseguir militantes dispuestos a defender e imponer esos votos mediante la lucha y la movilización de masas. Una alternativa clasista, que partiendo de las necesidades más inmediatas de las masas, establezca un puente entre estas y la necesidad de luchar por la transformación socialista de la sociedad, explicando que esta significa la verdadera democracia, podría entusiasmar y movilizar no sólo en el terreno electoral sino lo que es mucho más importante para la lucha obrera, social y popular a esos millones de jóvenes, trabajadores, campesinos y desempleados que hoy no participan activamente en política. Esta es la clave para fortalecer la izquierda y poder estar en condiciones de derrotar los planes del capital y poner los gaigantescos recursos que tiene Colombia al servicio de satisfacer las necesidades de su pueblo y no -como hasta ahora- a un puñado de oligarcas