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Perspectivas para la revolución venezolana (2011) PDF Imprimir E-mail
Martes, 06 de Septiembre de 2011 01:00
 
marcha_contra_burocracia.jpgDocumento aprobado en el Congreso de la Corriente Marxista Revolucionaria de Venezuela
Publicamos este documento aprobado en el Congreso de la CMR celebrado en Yaracuy a finales de junio de este año. Aunque este Congreso se celebró antes de que se hiciese pública la enfermedad del Presidente Chávez tanto el análisis como las conclusiones del mismo mantienen su validez. La idea central del documento no es otra que la necesidad urgente de que las bases revolucionarias construyamos una dirección colectiva y nos armemos con el programa revolucionario del marxismo para garantizar que la revolución avanza definitivamente hacia el socialismo y derrotar tanto la ofensiva de los imperialistas y la oposición contrarrevolucionaria como a la quinta columna burocrática que sabotea la revolución desde dentro y apuesta desde hace años al “chavismo sin Chávez".

Perspectivas para la revolución venezolana (2011)

marcha_contra_burocracia.jpgPublicamos este documento aprobado en el Congreso de la CMR celebrado en Yaracuy a finales de junio de este año. Este Congreso se celebró antes de que se hiciese pública la enfermedad del Presidente Chávez. Pese a ello, creemos que tanto el análisis como las conclusiones del mismo mantienen su validez. Antes al contrario, la idea central del documento no es otra que la necesidad urgente de que las bases revolucionarias construyan una dirección colectiva y se armen con el programa revolucionario del marxismo para garantizar el avance definitivo de la revolución hacia el socialismo y derrotar tanto la ofensiva de los imperialistas y la oposición contrarrevolucionaria como a la quinta columna burocrática que sabotea la revolución desde dentro y juega desde hace años al "chavismo sin Chávez". Otra idea central del documento es la necesidad de impulsar un Frente Único de las distintas organizaciones obreras, populares y campesinas de la izquierda revolucionaria para luchar por un programa socialista dentro del PSUV y encauzar las políticas revolucionarias del gobierno hacia la construcción del genuino socialismo. Esta idea también ha visto confirmada su vigencia con el éxito de la marcha unitaria del pasado 7 de Junio convocada por el Frente Nacional Campesino "Ezequiel Zamora", el Movimiento de Pobladores y la UNETE y el desarrollo de iniciativas unitarias que buscan dar continuidad a ese proceso como el Comité contra la criminalización de las luchas populares y los movimientos sociales (integrado por estas mismas organizaciones y representantes de la fiscalía) o el llamado a conformar el Polo Patriótico Popular. Esperamos que el documento que divulgamos contribuya a ofrecer a los activistas y militantes revolucionarios de todas estas organizaciones, corrientes y colectivos, del PSUV y la JPSUV y del conjunto del movimiento revolucionario unas perspectivas y una propuesta concreta para avanzar hacia el objetivo de completar la revolución y ganar al conjunto del movimiento bolivariano para los métodos y el programa científico del marxismo.

 

Perspectivas para la revolución venezolana 2011

A más de 12 años de la llegada al gobierno del Presidente Chávez, la revolución bolivariana –aunque ha supuesto avances importantes en aspectos como la reducción de la pobreza y pobreza extrema, la distribución de la riqueza, el freno a las privatizaciones, la nacionalización de varias empresas o la extensión de la salud y educación públicas…- no ha tomado las medidas necesarias para avanzar en la construcción del socialismo. Tanto la economía como el estado que tenemos siguen siendo capitalistas. Las leyes que rigen la economía venezolana son las mismas que caracterizan el funcionamiento del capitalismo en todo el mundo: búsqueda del máximo beneficio privado por parte de los capitalistas, incremento de la explotación de la fuerza de trabajo con el objetivo de extraer más plusvalía a los trabajadores mediante el aumento de las jornadas y ritmos de trabajo, anarquía de la producción, concentración de cada vez más riqueza en menos manos, dominio del capital financiero y de las inversiones especulativas sobre la inversión productiva,... Esto significa también que todas las lacras que acompañan la existencia del sistema capitalista (pobreza, desempleo, corrupción, burocratismo, inseguridad, inflación…) siguen existiendo.

El mantenimiento de la estructura burguesa del estado permite el desarrollo de una burocracia al frente de éste que tiende a elevarse fuera del control de las masas. Esta burocracia –que se ha ampliado y fortalecido durante los últimos años, tomando conciencia de sus propios intereses y vinculándose cada vez más estrechamente a la burguesía –representa una amenaza significativa y peligrosa para la revolución. Es así como al elemento desorganizador de las fuerzas productivas que representa el mantenimiento de la propiedad privada de los medios de producción se une el papel también desorganizador, desmoralizador y contrarrevolucionario que desempeña la quinta columna burocrática

Aunque el gobierno ha seguido nacionalizando empresas y el Presidente Chávez ha llamado a desarrollar el control obrero e, incluso, se han tomado medidas como nombrar a varios trabajadores para la presidencia de distintas empresas nacionalizadas, estas medidas por sí solas -tal como explicamos los marxistas- no garantizan ni el desarrollo del control obrero ni acabar con el poder de los capitalistas y burócratas y empezar realmente a construir el socialismo. Mientras se mantengan la propiedad privada de los medios de producción y la estructura burguesa del estado ambos seguirán actuando como una camisa de fuerza que distorsiona, limita y sabotea cualquier medida progresista e impide satisfacer las necesidades de las masas.

El resultado de esta situación en la que se oye un discurso que afirma que estamos construyendo ya el socialismo ("hecho en socialismo", "vivir en socialismo", "empresas socialistas") pero se siguen sufriendo las lacras del capitalismo, es un creciente cansancio y escepticismo entre sectores de las masas y un peligro latente de adopción de posiciones ultraizquierdistas por parte de elementos de la vanguardia. Los resultados de las elecciones a la Asamblea Nacional del 26 de Septiembre de 2010 fueron una expresión, en el terreno electoral, de esta tendencia y un aviso de que la revolución no es irreversible y está en peligro. Al mismo tiempo, esta situación despierta inquietud entre los activistas y sectores de las masas, especialmente dentro de la clase obrera, y tiende a empujar a miles de activistas a buscar ideas y movilizarse para intentar enderezar el rumbo.

Los trabajadores intentarán una y otra vez hacer avanzar su revolución, forjar una dirección que les permita unificarse como clase, desplegar toda su fuerza y agrupar al conjunto de los explotados, la base social del PSUV, para hacer realidad estos objetivos. Los capitalistas, en colaboración con los burócratas, harán todo lo posible por impedirlo. El futuro de la revolución dependerá de quién gane esta lucha.

Sólo hay un camino para garantizar la victoria de la revolución: sustituir el estado burgués y a la quinta columna burocrática por un genuino estado revolucionario dirigido por los propios trabajadores y que ese estado expropie la banca, las industrias fundamentales y la tierra. La estatización de la economía bajo administración directa de la clase obrera y los demás explotados mediante consejos de trabajadores y consejos comunales unificados a escala local, regional y nacional, en el que todos los voceros y cargos públicos estén obligados a rendir cuentas periódicamente de su gestión y sean elegibles y revocables en todo momento, y donde además no perciban más ingresos que los correspondientes a un trabajador cualificado, permitiría planificar democráticamente la economía en función de las necesidades sociales, erradicar el capitalismo, el burocratismo y la corrupción y resolver los problemas de las masas.  

La política económica y las contradicciones del capitalismo venezolano

La política económica del gobierno sigue basándose en las ideas reformistas acerca de la llamada "economía mixta". Según éstas, la combinación de la nacionalización de toda una serie de empresas y sectores considerados "estratégicos" con el mantenimiento de la mayor parte de la economía en manos de los capitalistas permitiría "transitar" (como gusta decir a los reformistas) hacia el socialismo a lo largo de varias generaciones. Todas las revoluciones que han intentado aplicar estas ideas (Chile, Nicaragua, y otras muchas) han acabado derrotadas. En realidad, la mal llamada economía mixta significa mantener la economía capitalista con el estado intentando actuar como soporte y regulador de la misma. En la práctica su resultado no es el socialismo sino una forma de capitalismo de estado en el que incluso en las empresas estatales, llamadas "empresas socialistas", se mantienen las relaciones de producción capitalistas.

Según los responsables de la política económica del gobierno, la recuperación de los precios petroleros unida a la devaluación del bolívar, y el consiguiente aumento de los ingresos públicos, debería permitir dos cosas: 1) mantener el gasto social y seguir aplicando algunas reformas (Misiones, fortalecimiento del sector público, mejora de infraestructuras y servicios públicos) mediante una combinación de ayudas financieras (Fondo Bicentenario y otros) con medidas de control y amenazas (multas, intervenciones e incluso expropiaciones de algunas empresas) con las que sería posible disciplinar al sector privado y "convencerle" de que mueva sus capitales de la especulación a la inversión productiva. Con estas dos acciones se pretende incidir en la reducción de la dependencia de las importaciones. Por el contrario, consideramos que además de generar inflación esto hace muy vulnerable al país frente a las crisis internacionales del sistema capitalista.

Según el Banco Central de Venezuela (BCV), la economía venezolana en el primer trimestre de 2011 creció un 4,5% en comparación con el mismo período de 2010 y el consumo lo hizo un 3%. Inmediatamente, los responsables económicos del gobierno celebraron este dato como una confirmación de la corrección de sus políticas. "Crece lo público y lo privado, es un elemento importante que habla de la coherencia de las políticas implementadas y de una recuperación armónica, que se mantendrá en el tiempo" (Nelson Merentes, Presidente del BCV, Publicidad publicada por el BCV en El Universal, 20-5-11). En el mismo sentido se manifestaba Jesús Farías, vicepresidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional en El Mundo (18-5-2011) cuando afirmaba que este crecimiento "desmonta la tesis del oposicionismo de que la empresa privada no está reaccionando positivamente a los estímulos que genera el gobierno".

Sin embargo, el primer trimestre de 2010 fue precisamente el momento de mayor caída de la economía en los tres últimos años de recesión: un 5,8% menos que el primer trimestre de 2009 (que ya había significado un descenso sobre igual período de 2008). Con una caída tan grande y unos precios petroleros al alza lo sorprendente sería que el inicio de 2011 no hubiese supuesto una mejoría respecto al de 2010. Pero si hacemos la comparación con los últimos tres meses de 2010 tenemos una caída del 13%. Ciertamente, el último trimestre del año suele ser un período de crecimiento, pero lo que queremos resaltar es que un análisis serio no puede partir de unos puntos porcentuales más o menos sino de elementos fundamentales como si están incrementándose y diversificándose la producción y reduciendo la dependencia de las importaciones o no, cuánto empleo se genera y en qué condiciones, cuánto aumentan los salarios y cuánto los precios, si mejoran las condiciones de vida y se están resolviendo los problemas de la población… Desde este punto de vista, las políticas reformistas no están logrando resolver ningún problema de fondo.

El primero de estos problemas es el colapso de la inversión productiva privada. Tras años de búsqueda de alianzas con los sectores del capital privado, haciéndoles concesiones para que inviertan, los resultados no pueden estar más lejos del objetivo. En enero de 2010, al presentar el Fondo Bicentenario, el presidente Chávez explicó ese objetivo: "Es tiempo de estimular la política exportadora, sustituir importaciones y orientar la producción para la exportación (…) nosotros tenemos que salir del modelo rentístico petrolero, Venezuela tiene que ser un país que exporte muchos otros productos, más allá del petróleo". Pese a todas las ayudas, los empresarios siguen sin invertir en la industria productiva. Según el diario El Mundo, sólo un 52% de la capacidad productiva instalada está siendo utilizada. Los datos de los propios empresarios, según la última encuesta de Conindustria, confirman que el sector privado "estaba trabajando entre 44% y 54% de su capacidad instalada". El 47% de los empresarios entrevistados no prevé aumentar la producción sino reducirla (Encuesta empresarial de Conindustria, El Mundo, 18-5-2011)

Este abandono de la inversión productiva por parte de los capitalistas significa que el estado, lejos de reducir las importaciones, como se pretendía, está aumentándolas para intentar impedir que se dispare aún más la inflación y colapse la economía. Las compras de productos en el extranjero por parte del estado aumentaron en el primer trimestre de 2011 un 27% respecto al mismo período de 2010. El porcentaje de importaciones realizadas por el estado sobre el total ha pasado del 19% en 2007 al 32% actualmente. Pese a la contracción que ha vivido la economía los últimos años y a la política de intervención sobre las importaciones buscando contener los precios, la inflación sigue altísima: 25% al final de 2010 (31,83% para los alimentos) y más de un 100% acumulado en los últimos tres años. Esto golpea a los trabajadores y en general a los más pobres, la base social de la revolución.

La desinversión de los empresarios privados no es algo coyuntural. Se mantiene desde hace décadas, viéndose incrementada en los 12 años de revolución. La evolución de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) –que mide la inversión de los empresarios a futuro: nueva maquinaria y nuevas instalaciones- resulta elocuente. Hace una década este dato se movía en cifras de dos dígitos, en 2009 alcanzó su nivel más bajo en décadas: 8%, y en 2010 cayó aún más: 4,8%. Los empresarios no están construyendo nuevas fábricas o ampliando con nuevas instalaciones o líneas de producción las existentes, ni creando empleo de un modo significativo. En el mejor de los casos, cuando la economía se recupera un poco (o el gobierno les concede ayudas) estos parásitos se dedican a sacar stocks, aumentar las importaciones o incrementar algo la fabricación de algunos productos estimulados por las compras del propio estado. A menudo ni eso: especulan con los dólares a precio preferencial en el mercado paralelo de divisas (que pese a las devaluaciones del bolívar sigue manteniendo un diferencial enorme entre el dólar oficial y el paralelo…) o con los propios precios de los productos, estimulando la inflación y creando problemas de desabastecimiento.

Como los capitalistas no invierten donde no existan grandes beneficios, desde hace mucho tiempo en Venezuela, desviaron sus capitales hacia el comercio de importaciones, la comercialización de servicios y del transporte de mercancías, el capital financiero y la especulación cambiaria, entre otros, donde hallan menos riesgo y mayores ganancias rápidas. Como consecuencia de esto los vincula cada vez más con el capital trasnacional, y los aleja de los intereses nacionales. Por tanto creer en que se puede cambiar la esencia de estos capitalistas parásitos y apátridas, evidencia una contradicción en las políticas antiimperialistas del gobierno y la intención de cambiar el modo de producción capitalista. Para esta burguesía no puede haber ninguna prerrogativa del Gobierno, porque se pone en riesgo la revolución.

El ingreso petrolero y las perspectivas para la economía

El único factor que ha impedido un colapso total de la economía ha sido la renta petrolera. La dependencia de ésta, que representa alrededor de un 95% de los ingresos por exportaciones, ha aumentado. La evolución del ingreso petrolero es importante para ver el ritmo y forma concreta que pueden tomar los procesos económicos a corto y medio plazo. En 2008 los precios del barril de petróleo cayeron por debajo de 45 dólares, en 2009 se recuperaron paulatinamente. En 2010 cerraron por encima de 80 dólares y en los últimos meses han estado entorno a los 100. Varios analistas incluso pronostican que esta recuperación por encima de 100 dólares pueda mantenerse algún tiempo. La causa fundamental no es la cacareada recuperación económica mundial (que en realidad no existe o es mínima, pese al crecimiento de China), sino nuevas burbujas especulativas en el mercado de materias primas y los crecientes problemas para incrementar la extracción y refinación, a los que ahora se unen nuevos factores políticos como la intervención imperialista en Libia y la creciente inestabilidad en el resto del mundo árabe.

Aunque el ingreso petrolero depende de distintos factores (algunos muy volátiles), es bastante probable que se mantenga o siga creciendo, concediendo así cierto margen al gobierno nacional para incrementar el gasto público en 2011 y 2012, como ya estamos viendo con el lanzamiento de la Gran Misión Vivienda Venezuela. El BCV anunciaba un presupuesto expansivo: aumento de los gastos sociales para 2011 y una previsión de crecimiento del PIB de 2,2% para este año. Sin embargo, además de que ese crecimiento es bastante modesto, supone un grave error pensar que el incremento de los precios petroleros será suficiente para resolver los problemas de la economía. De 2004 a 2008 los precios petroleros estuvieron muy altos y el PIB creció a tasas de 5, 8 y hasta 10% del PIB. La política de redistribución de la riqueza del gobierno permitió elevar el consumo de las familias. Pero ¿cuál fue la actitud de los empresarios? No sólo no incrementaron la producción sino que siguieron cerrando empresas. El número de empresas privadas en Venezuela ha pasado de más de 12.000 a mediados de los 90 a alrededor de 7.000 en 2010. La Formación Bruta de Capital Fijo cayó durante esos años de crecimiento económico respecto a los 90 (aunque sin ser tan baja como hoy) y la utilización de la capacidad productiva nunca pasó de 65% (hoy ronda el 50%). Ello obligó al gobierno a incrementar año tras año las importaciones y desató la inflación. Lo mismo vemos con la actual recuperación de los precios petroleros. Entre el último trimestre de 2008 y el primero de 2010 pasamos de menos de 45 dólares por barril a casi 75, pero la economía perdió casi 9 puntos.[1]

La causa de que, pese a los indudables esfuerzos del gobierno, ninguno de los problemas de fondo de la economía venezolana esté siendo resuelto es el parasitismo e incapacidad de los capitalistas para desarrollar las fuerzas productivas. A ello se une un elemento de sabotaje contrarrevolucionario. Mientras haya revolución, los trabajadores exijan sus derechos y el gobierno no acceda a aplicar todas y cada una de las políticas que necesitan los capitalistas para incrementar su tasa de beneficios sometiendo a las masas a un ataque sin precedentes (tal como hacen los gobiernos burgueses), los capitalistas no invertirán. Es más: incluso si hubiese un gobierno que cediese a todas sus pretensiones tampoco serían capaces de desarrollar significativamente el país. Lo vimos bajo la IV República, cuando los gobiernos "adecos" y "copeyanos" les ofrecían condiciones favorables para explotar y oprimir a los trabajadores, pero se dedicaron a especular, evadir capitales del país y saquear los recursos públicos

A este parasitismo, incapacidad orgánica y sabotaje de los capitalistas hay que unir, especialmente en los últimos años, el creciente porcentaje de la riqueza nacional que se pierde por el despilfarro, la ineficiencia y corrupción de la burocracia. Todos estos factores combinados hacen que pese al crecimiento del ingreso petrolero -y a la decisión consciente del Presidente Chávez de dedicar una parte de los recursos públicos superior a cualquier otro gobierno a gastos sociales, desarrollo del sector público y construcción de infraestructuras- los objetivos de generación de empleo estable, sustitución de importaciones y fortalecimiento de una economía productiva sean incumplidos y problemas como la tercerización, el desempleo, el déficit habitacional o la carestía de la vida se mantengan e incluso agraven.

La creciente influencia del modelo capitalista chino

Tras fracasar en su búsqueda de unos empresarios venezolanos dispuestos a industrializar el país, los reformistas intentan que este papel lo desempeñen las burguesías de países "amigos" como China, Rusia, Irán, Bielorrusia, la propia burguesía brasileña o incluso sectores de la burguesía japonesa. En Venezuela el imperialismo chino todavía no ha desplazado a Estados Unidos como principal socio comercial, pero la importancia de las relaciones políticas y comerciales bilaterales está incrementándose vertiginosamente. En 2000 la distribución de las exportaciones petroleras venezolanas era: 55,32% a EEUU, 35,08% a Latinoamérica y sólo un 9,61 % hacia otros países (fundamentalmente China, India y Japón). En 2008 era 41,70% a EEUU, 23,78 % Latinoamérica y 34,52% a estos otros países[2], siendo las exportaciones petroleras venezolana a China de solo 4,73. Sin embargo, el volumen de las exportaciones petroleras hacia el gigante asiático, así como hacia otros mercados como Japón e India, aumentó un 272,01% en ese período y lo ha seguido haciendo velozmente en los siguientes dos años.

Aunque en un sector como el petrolero, donde los costes de transporte y extracción son grandes, estos cambios de tendencia se manifiestan más lentamente, si vemos el cuadro de las exportaciones e importaciones no petroleras, China ya ha relegado a Brasil al tercer lugar y Colombia –tradicionalmente en segunda posición- ha pasado al cuarto. Aunque los chinos todavía están lejos de desbancar a EE.UU., la tendencia es a incrementar su participación. La burguesía china ha desarrollado importantes inversiones en construcción (de vías férreas y otras obras públicas), telecomunicaciones o planes de vivienda; empresas chinas participan en proyectos estratégicos junto a PDVSA y los préstamos y compra de deuda también está aumentando.

Exportaciones e importaciones no petroleras de la economía venezolana en 2010 (en millones de dólares)

PAIS

IMPORT,

%

EXPORT.

%

EE.UU

8.679

30,6

520

28,5

CHINA

3.118

11

312

17,1

BRASIL

2.659

9,4

83

4,6

COLOMBIA

1.304

4,6

163

8,9

MEXICO

1.259

4

113

6,2

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del BCV

Cualquier ilusión en que la burguesías china, o cualquier otra (iraní, rusa, brasileña, etc.) vaya a actuar de manera diferente al resto de burguesías resulta absurda. Aunque tengan conflictos con la burguesía estadounidense por el reparto del mercado mundial, funcionan exactamente igual: guiadas únicamente por la búsqueda del máximo beneficio y sometiendo a los trabajadores a unas condiciones de explotación insoportables. En varias empresas con participación china o iraní ya hemos visto luchas de los trabajadores exigiendo su derecho a formar sindicatos revolucionarios, protestando por la vulneración de derechos, etc. Hay que alertar del profundo daño que podrían estar causando las importaciones chinas indiscriminadas, a la precaria economía venezolana, al aplicar las reglas de la libre competencia impuestas por el mercado internacional. La débil producción venezolana no resiste por sí sola, los bajos costos de producción de China derivados de una economía de escala y de la sobre explotación de su clase obrera.

Más importante incluso que la económica, es la creciente influencia política que ejerce el llamado "modelo chino". Aunque la emergente burguesía china siga presentando su modelo como "socialismo de mercado" (algo que en sí mismo es un sinsentido, pues socialismo y economía de mercado –es decir capitalismo- son términos excluyentes), lo cierto es que se trata de capitalismo puro y duro con un fuerte elemento de intervención estatal. Este modelo ha permitido a los burócratas del Partido Comunista Chino convertirse en burgueses y acumular grandes beneficios mientras condena a los trabajadores a largas jornadas de trabajo y durísimas condiciones laborales y les niega derechos fundamentales. El crecimiento del modelo capitalista chino alimenta las ilusiones en el seno de la burocracia respecto a la posibilidad de obtener resultados positivos haciendo coexistir la nacionalización de algunas empresas con el mantenimiento de buena parte de la economía en manos capitalistas.

Los acontecimientos en Cuba están teniendo también una poderosa influencia sobre el círculo dirigente de la revolución venezolana. La dirigencia cubana ha planteado medidas como despedir a 500.000 trabajadores del sector público, eliminar subsidios y conquistas sociales y permitir la explotación de mano de obra por empresarios privados, así como fomentar las cooperativas y el trabajo por cuenta propia, entre otras. Aunque un sector de la dirigencia cubana plantea que estas medidas son invitables para seguir manteniendo el socialismo y no buscan introducir el capitalismo, independientemente de sus intenciones, dichas medidas pueden tener el efecto contrario al que estos sectores plantean: minar la moral de las masas y las conquistas de la revolución. A ello hay que unir el elemento de desmoralización que representan los argumentos "teóricos" empleados para justificar este giro: afirmaciones como que la igualdad o el hecho de que el estado garantice empleo, alimentación, salud, educación y vivienda a los ciudadanos fomentan la flojera, la improductividad, etc. preparan el terreno para el capitalismo. En Venezuela ya vemos una tendencia de la burocracia reformista a expresar los prejuicios y la presión ideológica de la burguesía cuando se expresa tambcuando muchos burócratas justifican la tercerización, las diferencias salariales en empresas públicas y organismos del estado, rechazan la existencia de sindicatos o repiten que los trabajadores no están preparados para dirigir las empresas.

El gobierno bolivariano y el Presidente Chávez están sometidos a presiones de dos clases contrapuestas: la de las masas obreras y populares por un lado, y la de estos socios y gobiernos burgueses y la burocracia reformista (en realidad, pro-capitalista) por otro. Aunque el Presidente Chávez sigue siendo el miembro del gobierno que mantiene un discurso más a la izquierda y sigue intentando sintonizar con las aspiraciones de las masas, no tiene una concepción marxista ni está bajo contacto permanente con la clase obrera ni sometido a su control. Esto –unido al hecho de que al frente de la clase obrera no existe una dirección con un programa marxista que marque el camino al conjunto del movimiento revolucionario- hace que la influencia y presión de los gobiernos burgueses amigos y de la burocracia, se exprese más claramente que en otros momentos.

El Presidente sigue hablando de socialismo, control obrero, etc. pero al mismo tiempo ha apoyado ideas como que la transición hacia el socialismo debe durar varias generaciones, la coexistencia de propiedad estatal y propiedad privada de los medios de producción o que la causa del colapso de la URSS fue la estatización de los medios de producción. Estas posiciones equivocadas tienden a expresarse en actuaciones que están creando inquietud entre sectores de las bases, como ceder en distintos aspectos de la política económica y en la política exterior a la presión de los reformistas y de sectores burgueses, o que ante varias coyunturas en las que las bases exigían la salida de determinados burócratas o manifestaban fuertes críticas a éstos, el Presidente cerrase filas con lo que llama "su equipo" e incluso en algún caso se enfrentase a quienes formulaban esas críticas.

Aunque esto no está todavía cristalizado y seguimos viendo contradicciones y actuaciones en el sentido contrario, estas presiones de clase a derecha e izquierda se van a incrementar durante el próximo período y están obligando ya al Presidente a tener que elegir: o seguir basándose en su círculo de colaboradores más próximo – a quienes él considera leales, pero que son cada vez más rechazados y cuestionados por las bases- y buscando acuerdos con sus supuestos aliados burgueses (lo que debilita a la revolución) o romper con ellos y basarse en la lucha de las masas, en primer lugar de la clase obrera, para estatizar los medios de producción bajo la gestión directa de un estado basado en los consejos de trabajadores y los consejos comunales y dirigido por la clase obrera y avanzar hacia el socialismo.

 

Las políticas de la burocracia amenazan la revolución

Un terreno clave para la revolución en el que se están viendo claramente las consecuencias de la política de buscar una alianza con los empresarios fomentada por los reformistas, es el laboral. Hemos visto una tendencia generalizada de las inspectorías y el propio Ministerio de Trabajo a actuar a favor de los patronos y contra de los intereses de los trabajadores (Mitsubishi, Metro de Caracas, Toyota, son algunos ejemplos pero hay muchos más). Además, en la inmensa mayoría de instituciones y empresas públicas no hay respuesta a las demandas de los trabajadores o la respuesta es intensificar la tercerización y la represión sindical.

La Gran Misión Vivienda Venezuela, que ha nacido despertando ilusiones entre sectores de las masas (y por la que el propio Chávez ha apostado como eje para ganar las próximas elecciones poniendo en juego su autoridad personal) está viendo ya también amenazados sus objetivos por esas mismas políticas reformistas. Esta misión representa una oportunidad para llevar a cabo medidas contra el déficit habitacional que fueron anunciadas por el Presidente hace tiempo y saboteadas por la burocracia, como la creación de una empresa estatal de construcción. También es una oportunidad para basarse en el poder obrero y popular, poniendo su dirección y seguimiento en manos de los consejos de trabajadores y consejos comunales, y golpeando el poder de los burócratas. Sin embargo, se está planteando desarrollarla en alianza con el capital privado nacional y extranjero y poner los recursos y el seguimiento de los planes en manos de uno de los sectores más desprestigiados de la burocracia: los gobernadores y alcaldes. Por este camino, -incluso en el caso de que se pudiesen construir algunas casas más que en anteriores planes a causa de la mayor inversión prevista (y ni siquiera esto es seguro dado el parasitismo y corrupción de capitalistas y burócratas)- será imposible resolver el problema del déficit habitacional y buena parte de las ilusiones que ha creado la Misión podrían verse defraudadas.

Otro de los terrenos en los que se ha manifestado la tendencia a priorizar alianzas con sectores de la burguesía y desconfiar de la movilización de las masas para ampliar y extender la revolución es la política exterior. Como ha explicado siempre el marxismo, la política exterior y la interior están completamente interrelacionadas. La revolución venezolana sólo podrá consolidarse y triunfar definitivamente si se extiende internacionalmente y cuenta con el apoyo y simpatía de los trabajadores de todo el mundo. Un elemento clave para que degenerasen burocráticamente anteriores revoluciones fue precisamente el abandono de la lucha por su extensión a otros países, la idea de que es posible consolidar la revolución en un solo país y llegar a acuerdos con las burguesías vecinas.

En los últimos años en política exterior, como en la interior, se ha pasado de confiar en la movilización de las masas obreras y campesinas en el resto de Latinoamérica y del mundo para luchar contra el capitalismo y defender y extender la revolución, a una política de priorizar alianzas políticas o acuerdos económicos con gobiernos burgueses o reformistas de la región y de otras áreas del mundo considerados amigos o que se cree van a ayudarnos a paliar el callejón sin salida en que se encuentra el capitalismo venezolano. Esto lleva a la defensa de la real politik, los pactos con estos gobiernos aunque suponga no apoyar o enfrentarse a quienes les combaten o -en el caso de regímenes como los de Libia, Irán o Siria (fuertemente represivos con la clase obrera)- a presentarles como revolucionarios y denunciar cualquier movilización contra ellos como contrarrevolucionaria, al servicio del imperialismo, etc.

El peligro que representa este giro en la política exterior se ha hecho más evidente, al menos para un sector amplio de activistas y militantes revolucionarios, tras la entrega del activista de izquierdas y periodista alternativo de origen colombiano exiliado en Suecia, Joaquín Pérez Becerra, al gobierno reaccionario burgués y pro-imperialista de Juan Manuel Santos. Como explicamos en la Declaración de la CMR sobre este tema "Esta decisión lejos de animar e impulsar el movimiento revolucionario tanto dentro como fuera de Venezuela ha generado malestar y confusión en la base revolucionaria que lo apoya, especialmente sectores de la vanguardia que han estado nacional e internacionalmente en primera línea de apoyo a la revolución bolivariana. Buena parte de esa vanguardia que ha criticado la extradición fue la que peleó contra la derecha en Puente Llaguno y en mil choques con los escuálidos en todo el país. A todo esto se suma que esta extradición da legitimidad tanto al gobierno burgués de Santos, como a la Interpol, significando un giro de 180º en la apreciación que la dirección de la revolución bolivariana tiene tanto hacia el gobierno colombiano así como de la Interpol, organización que el comandante Chávez calificó correctamente en 2008 como una simple agencia del imperialismo norteamericano"

Desafortunadamente, no se trata de un hecho puntual sino de una tendencia. La extradición de Becerra forma parte de la política de acercamiento al gobierno de Santos y a un sector de la burguesía colombiana. El giro oportunista y táctico de Santos es presentado como una nueva etapa cuando lo único que pretende este sector de la burguesía colombiana es engañar a las masas (en Colombia, Venezuela y el resto de Latinoamérica), recuperar posiciones en el mercado venezolano y desactivar el malestar social existente en su propio país. Mientras, siguen calumniando a la revolución y harán todo lo posible por derrotarla. En esta misma línea se ubican actuaciones como la reunión con Lobo, el presidente de Honduras impuesto por los golpistas mediante el fraude y la represión, el silencio y dudas iniciales ante las revoluciones en Egipto y Túnez, o la actitud de apoyo a regímenes como el de Gadafi en Libia o Assad en Siria.

 

Las perspectivas para la revolución siguen abiertas

La causa última de este giro tanto en política exterior como en toda una serie de actuaciones de política interior tiene su explicación en este conjunto de contradicciones y en el estancamiento de la revolución que ya hemos analizado. Al mantenerse el estado burgués y la propiedad privada de los medios de producción, se crea la idea falsa de que es posible conseguir un equilibrio entre las clases en cuyo centro estarían el gobierno y el Estado. Estos tienden entonces a actuar como árbitros de todas esas contradicciones. Esto resulta enormemente peligroso. Como hemos dicho, la lucha de clases va a tender a agudizarse y eso obliga a elegir, o con los trabajadores y el pueblo, o con los burgueses y su aliado la burocracia estatal. Cualquier intento de permanecer en el medio y oscilar entre ambos polos significará en la práctica mantener el capitalismo y defraudar a las masas.

¿Significa todo lo analizado anteriormente que el destino de la revolución ya está decidido? Algunos sectores de activistas, bajo la influencia de grupos sectarios y ultraizquierdistas, o por simple desesperación, parecen pensarlo. En nuestra opinión esto es un grave error. Sólo lleva a separarse de las masas y no comprender cómo piensan y sienten. Pese a estar descontentas con la burocracia, las masas siguen reconociendo en el PSUV su partido y en el Presidente Chávez a un líder revolucionario honesto que las despertó a la vida política, y lucharán una y otra vez por enderezar el rumbo del PSUV y de la revolución.

La tarea de los marxistas se parece más a la de un doctor, que trabaja con procesos vivos, que a la de un cronista o un historiador, que trata con procesos acabados. Para nosotros un diagnóstico no es un fin en sí mismo, tiene una utilidad inmediata y muy práctica: intervenir sobre aquello que analizamos para intentar aprovechar cualquier resquicio que exista y hacer todo lo posible para que se desarrolle en el sentido deseado. Una enseñanza de los últimos escritos de Trotsky es cómo incluso en una situación de aislamiento de las fuerzas del genuino marxismo, y de imposibilidad física de intervenir en los acontecimientos (que no es ni mucho menos la situación que nosotros hoy tenemos) utilizaba el método científico, dialéctico, del marxismo para señalar en cada momento dónde estaba el punto débil de la burguesía y cuáles eran las tareas que debía abordar la dirección de la clase obrera para poder avanzar.

Para abordar correctamente el debate sobre las perspectivas debemos partir del análisis que hemos realizado a lo largo de los últimos años acerca de cuál es el motor de la revolución y cuáles las fuerzas sociales fundamentales que influyen sobre ella. El elemento central de este análisis es que tanto el surgimiento de la revolución bolivariana como su desarrollo no pueden ser comprendidos partiendo sólo, ni fundamentalmente, de la situación en Venezuela sino sobre todo a nivel internacional. El motor de la revolución no ha sido la voluntad individual de Chávez o de los dirigentes que le acompañan. Por supuesto, el papel del Presidente -manteniéndose firme en momentos clave ante las presiones de la burguesía y el imperialismo para que abandonase sus posiciones revolucionarias, hablando de revolución, socialismo, etc. y llamando al pueblo a movilizarse- ha sido importantísimo, pero como él mismo ha explicado, la revolución bolivariana e incluso su papel en ella son producto de unas condiciones objetivas económicas y sociales y no al revés.

La revolución venezolana representa la primera oleada de una corriente general ascendente en la lucha de clases que –como ahora estamos viendo en Europa, el mundo árabe, el resto de América latina,…- tiende a extenderse por todo el mundo. Se trata de un movimiento general de las masas hacia la izquierda en respuesta a las políticas capitalistas de privatización salvaje, ataques a la clase obrera y los derechos sociales, acometidas por las burguesías en todo el mundo a lo largo de las últimas décadas. La lucha revolucionaria en los distintos países está más conectada e interrelacionada hoy que en ningún otro momento histórico. Una victoria o un movimiento de masas en un país se contagia más rápidamente que en cualquier otro momento a otros países. En la medida que el sistema está en una curva descendente, esto es aún más cierto y tiende a obstaculizar los planes de los burgueses y los burócratas reformistas para intentar apaciguar a las masas, establecer acuerdos, etc. La crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo, que ve mermada su capacidad para garantizar la paz social.

 

"La contrarrevolución por vías democráticas"

La incapacidad del capitalismo mundial y venezolano para garantizar un desarrollo armónico de las fuerzas productivas del país, el saqueo imperialista y la sensación de decadencia, robo y corrupción generalizados generaron un enorme malestar social que tuvo una primera expresión en el estallido social del 27 de Febrero de 1989. Durante casi una década ese malestar acumulado buscó un cauce para expresarse. Sin embargo, las políticas erradas de las direcciones de la izquierda (apoyo del PCV a Caldera siguiendo la teoría estalinista de la búsqueda de alianzas con sectores de la burguesía, giro a la derecha y colapso del MAS o la Causa R…) así como la degeneración burocrática de los dirigentes sindicales de la CTV, que actuaban cada vez más como una mafia al servicio de la burguesía, taponaban todos los intentos de las masas de expresarse. La figura de Hugo Chávez, su honestidad y valentía al enfrentarse a la oligarquía y no doblegarse, le granjearon el apoyo y simpatías crecientes de la población y abrieron las puertas a la revolución.

Como hemos analizado en documentos de perspectivas anteriores, la dirigencia del movimiento bolivariano –cuyo origen de clase es fundamentalmente pequeño-burgués- se ve sometida a las presiones contrapuestas de las dos grandes clases sociales que existen bajo el sistema capitalista: la burguesía y la clase obrera, y tiende a oscilar entre ellas. Esta sigue siendo hoy la situación. La lucha entre revolución y contrarrevolución se ha prolongado un tiempo increíblemente largo. Sin embargo lo más probable no es un desenlace rápido sino que se prolongue todavía un tiempo más. La razón es que la burguesía no tiene hoy por hoy fuerza suficiente para desactivar ni aplastar la situación revolucionaria pero la clase obrera, que es la única que puede acabar con el capitalismo y agrupar al resto de los oprimidos para levantar un estado revolucionario alternativo al estado burgués, carece por el momento de una dirección reconocida como tal por las masas y con un plan de acción que le permita llevar a cabo esta tarea. Como consecuencia, las perspectivas para la revolución siguen completamente abiertas y hay distintas posibilidades. El proceso será prolongado y muy contradictorio. Su resultado no se definirá en la teoría sino en la práctica, en la lucha de clases, y dependerá del desarrollo de ésta no sólo en Venezuela sino también, y sobre todo, internacionalmente.

La posibilidad de una victoria contrarrevolucionaria bajo la forma de un golpe de estado, que ya fue intentada por los capitalistas venezolanos en 2002 y derrotada por las masas, resulta en este momento la más difícil e improbable. La burguesía no dispone de fuerza suficiente en el aparato estatal ni base social para hacerlo. La amenaza de la contrarrevolución en esta fase -y seguramente por todo un período- se expresa fundamentalmente a través del intento de desarrollar una "contrarrevolución por vías democráticas". Con este término nos referimos a procesos como las que vimos en Italia o Francia tras la segunda guerra mundial, después de la revolución francesa de Mayo del 68, o en las revoluciones portuguesa y nicaragüense. En todos estos casos la burguesía no podía aplastar el movimiento revolucionario recurriendo de manera abierta y prioritaria a la represión. La revolución no fue derrotada de un solo golpe ni recurriendo de manera fundamental a la represión (aunque ésta como es lógico también existía en momentos puntuales) sino utilizando los mecanismos de la democracia burguesa para desgastar a las masas. La tarea fundamental durante todo un período corrió a cargo de los dirigentes reformistas, que cansaron, frenaron y desmovilizaron a las masas. Las ideas acerca de la economía mixta, la revolución por etapas a lo largo de varias generaciones o la búsqueda de alianzas con los supuestos sectores patriotas de la burguesía sirvieron para lograr este objetivo. Finalmente, cuando el reformismo mató las ilusiones revolucionarias de las masas, la burguesía pudo retomar el control.

Como ya hemos explicado en numerosos materiales, los sectores decisivos del imperialismo —tras ser derrotada en 2002 su ofensiva directa contra la revolución— han tenido que cambiar de táctica por todo un período. Dada la correlación de fuerzas todavía favorable a la revolución en Venezuela, el ascenso de la movilización obrera y popular en Latinoamérica y otras partes del mundo, y el hecho de que siguen teniendo abiertos los frentes de Irak y Afganistán, los imperialistas estadounidenses y europeos (o al menos sus sectores más lúcidos, y hoy por hoy mayoritarios) ,aunque mantienen todas las opciones abiertas, tienen que apostar como táctica central —al menos por ahora— al desgaste (sabotaje económico, campaña mediática, etc.). Con ello intentan minar la moral de las masas y preparar una correlación de fuerzas más favorable.

A un sector de los imperialistas estadounidenses y europeos, a gran parte de la burocracia reformista, y a esos gobiernos burgueses e imperialistas que se declaran aliados de Venezuela, les gustaría llegar ya hoy mismo a algún tipo de acuerdo que permitiese frenar y desactivar la situación revolucionaria de un modo relativamente tranquilo. Si tuviésemos un auge del capitalismo y estabilidad política y social a escala internacional estos planes contrarrevolucionarios de los sectores reformistas pro-capitalistas de la burocracia y la burguesía podrían imponerse mucho más rápida y fácilmente. Pero el capitalismo mundial vive su crisis más dramática desde 1929. Ello hace que una y otra vez la lucha entre las clases tanto en la propia Venezuela como a nivel internacional tienda a dificultar estos planes y vuelva a poner la lucha entre revolución y contrarrevolución en primer plano.

Esto no significa que los planes contrarrevolucionarios no puedan tener éxito pero sí hará que choquen una y otra vez con la resistencia de las masas y ofrecerá a la clase obrera varias oportunidades de poder derrotarlos y ponerse al frente de la revolución. Pero si la clase obrera no logra construir su propio estado y acabar con el poder de los burócratas y capitalistas la victoria de la contrarrevolución, "por vías democráticas" o recurriendo de manera prioritaria a la represión, será un peligro cada vez más real.

 

Las elecciones presidenciales de 2012 y la lucha entre revolución y contrarrevolución

Animados por su avance en la Asamblea Nacional y en distintas alcaldías y gobernaciones, los contrarrevolucionarios intensificarán su ofensiva, utilizando todas las contradicciones y fallas de la revolución para intentar minar el apoyo social a ésta y ganar las elecciones de 2012. Obviamente, si consiguiesen recuperar el gobierno (como hicieron en Nicaragua tras imponerse en las elecciones de Febrero de 1990), acelerarían sus planes para llevar adelante la contrarrevolución, que al menos en un primer momento, intentarían que se diese –como hicieron en Nicaragua- de un modo paulatino y bajo formas "democráticas". Pero la correlación de fuerzas entre las clases hoy en Venezuela y aún más a nivel internacional es mucho más favorable a la revolución de lo que era en Nicaragua. Aún así, la contrarrevolución bajo apariencia democrática que intentaron en Nicaragua fue contestada por los trabajadores, hubo dos explosiones sociales (en 1991 –un año después de la derrota electoral- y en 1993). Lo único que impidió dar la vuelta al proceso y que el Frente Sandinista recuperase el poder mediante una insurrección de masas fue la ausencia de una política en ese sentido por parte de sus dirigentes.

A medida que se acerquen las elecciones presidenciales la campaña contrarrevolucionaria arreciará. Pero ello tenderá también a incrementar la inquietud entre las bases revolucionarias y movilizarlas. Si se llevase la revolución hasta el final acabando con el Estado burgués y la propiedad capitalista de los medios de producción esto despertaría el entusiasmo generalizado de las masas y el triunfo sería tan arrollador como en 2006 o más. Mientras se mantengan todas las contradicciones que hemos analizado, esto tiende a desanimar a las masas (la propia burocracia además hace todo lo posible por desmovilizarlas) y el peligro de un avance contrarrevolucionario serio, e incluso de una derrota en las elecciones presidenciales (aunque no nos parece la posibilidad más probable) no puede ser descartado. Aunque queda bastante tiempo y entrarán muchos factores en juego, seguramente el resultado estará más ajustado y disputado que en otras ocasiones pero las reservas sociales de la revolución y el apoyo a Chávez siguen siendo grandes y probablemente se movilizarán más masivamente que en las últimas convocatorias electorales.

Lo que está claro, es que una nueva victoria electoral del PSUV -siendo obviamente la opción por la que apostamos y por la que lucharemos los marxistas -si no va unida a un plan para que los trabajadores se pongan al frente de la revolución y puedan acabar con el burocratismo y el capitalismo- no resolverá ninguno de los problemas que hemos analizado. La posibilidad de la "contrarrevolución por vías democráticas", tal como comentamos anteriormente, está ya presente en la situación y seguirá estándolo mientras la clase obrera no construya su propio estado y expropie los medios de producción. De hecho cuando vemos a sectores de la burocracia del estado, Ministerio de trabajo, etc. reprimiendo al movimiento obrero y popular eso son ya elementos de contrarrevolución dentro de la revolución. Sin embargo, la cantidad no se ha convertido todavía en calidad y está lejos de lograrlo. Las masas siguen en lucha y dispuestas a defender la revolución y la burocracia y los capitalistas siguen teniendo enormes problemas para llevar adelante sus planes.

Una vez más la comparación con otros procesos revolucionarios puede ser útil. En Nicaragua algunos sectarios dieron la revolución por terminada y definieron al FSLN como burgués cuando éste desarmó a las milicias populares y reconstruyó el ejército a los pocos meses de tomar el poder. Otros lo hicieron en 1981 cuando a los dos años de revolución se prohibieron las huelgas y varios dirigentes obreros radicalizados fueron encarcelados. Otros declararon difunta la revolución en 1987, cuando el gobierno sandinista aprobó un plan siguiendo directrices del FMI para reducir gastos sociales, paró las nacionalizaciones y despidió trabajadores del sector estatal. En todos estos casos, no sólo dieron por acabada la revolución, rompieron con el FSLN públicamente y llamaron a construir un partido obrero al margen de éste. Pero lo único que consiguieron fue alejarse de las masas, que con todas sus críticas e impaciencia seguían orientándose hacia el sandinismo e intentando empujar a sus dirigentes hacia la izquierda. Algunos ultraizquierdistas incluso acabaron de la mano de los contra-revolucionarios. El imperialismo, en cambio, no dio nunca por derrotada la revolución y hasta cuando logró sacar a los sandinistas del gobierno, casi 11 años después de la victoria de la revolución, tuvo que enfrentarse como hemos visto a luchas de masas y movimientos revolucionarios. Millones de personas que sufrieron el giro a la derecha de los sandinistas se movilizaron masivamente en las elecciones de 1990 tras sus banderas, pidieron a Daniel Ortega tras perder las elecciones que no entregase el poder y tomaron las calles y paralizaron el país en 1991 y 1993 intentando tumbar al gobierno contrarrevolucionario. Todavía hoy –y pese a todos los errores de sus dirigentes- el Frente Sandinista sigue siendo el partido a través del cual se expresan los trabajadores y campesinos en Nicaragua.

 

Perspectivas a medio y largo plazo

Todavía más que en el caso de Nicaragua, o de otros procesos revolucionarios que fueron derrotados bajo formas democráticas, en Venezuela veremos durante todo un periodo elementos de revolución y contrarrevolución en lucha. En la medida que la clase obrera y el resto de los explotados siguen luchando por completar la revolución, y el Presidente Chávez continúa hablando de socialismo y control obrero, acometiendo la nacionalización de distintas empresas, etc. esto sigue animando la lucha de las masas y también incrementa la impaciencia entre sectores decisivos de la clase dominante. Lo más probable es que sigamos viendo todo tipo de giros y bandazos a derecha e izquierda.

En un artículo escrito en 2002 el ex presidente del BCV, Maza Zavala, explicaba que durante los cuatro primeros años de gobierno de Chávez éste realmente no había tomado prácticamente ninguna medida en el terreno económico que inquietase a los capitalistas. El problema, decía, era el discurso revolucionario del presidente, su llamado a la revolución, que conectaba con las masas y sembraba el pánico entre la burguesía. Cuando se promulgaron las leyes habilitantes, de tierras e hidrocarburos las propuestas que contenían tampoco eran por si mismas revolucionarias. Gobiernos burgueses en otros países y contextos habían aprobado leyes similares para estimular la producción y controlar a los capitalistas. El problema era que en el contexto concreto que se tomaron estas medidas - después de la ofensiva contrarrevolucionaria que habíamos vivido en toda Latinoamérica y en todo el mundo- representaba un cambio de tendencia y un ejemplo para otros países y chocaban con los intereses de los capitalistas y el imperialismo estadounidense. Una vez más, los acontecimientos internacionales eran un elemento fundamental.

Lo mismo vimos en 2004. Algunos sectores, tras una entrevista entre Chávez y el empresario Gustavo Cisneros, que en aquel momento causó mucha sorpresa, y en un contexto de recuperación de la economía venezolana, pronosticaban un acuerdo para frenar la revolución. Desde la CMR decíamos que nos parecía más probable que tras la victoria en el referéndum la revolución radicalizase su discurso y sus acciones, como así ocurrió (primeras expropiaciones, proclamación del socialismo, etc.). La causa era por un lado el contexto internacional (necesidad del capitalismo de seguir atacando las condiciones de vida de las masas y malestar creciente en el seno de éstas, inestabilidad política y económica, revoluciones en marcha en Ecuador, Bolivia, etc.) y ,vinculado a todo ello, que la revolución había desarrollado ya una dinámica propia. Era una idea que se había apoderado de la mente de las masas y las empujaba cada vez más a la izquierda. También era una amenaza y un peligro que paralizaba y radicalizaba hacia la derecha a los capitalistas y al imperialismo. Esta situación –pese a todas las contradicciones que hemos analizado- sigue manteniéndose.

Un choque entre revolución y contrarrevolución provocado por un resultado ajustado en las próximas elecciones, o una nueva ofensiva fracasada de la reacción que generase una movilización masiva de las bases revolucionarias, podría desequilibrar nuevamente hacia la izquierda toda la situación y no sólo en Venezuela sino en todo el continente. Y viceversa: el desarrollo de la lucha entre revolución y contrarrevolución en otros países latinoamericanos tiende a agudizar también las contradicciones entre las clases en Venezuela.

En un contexto de crisis mundial como el que hemos descrito, la revolución bolivariana- pese a todas sus contradicciones- sigue siendo un punto de referencia para las masas y un peligro para los capitalistas e imperialistas. Por eso, al mismo tiempo que se da la tendencia que ya hemos comentado al acercamiento y confluencia de intereses entre la burocracia y la burguesía frente al movimiento obrero, dialécticamente, tenemos también otra tendencia opuesta que tiende a hacer chocar al gobierno y el estado venezolano con el imperialismo estadounidense. Incluso el acercamiento a China, cuyas consecuencias a la hora de fortalecer la influencia de las políticas de capitalismo de estado ya hemos analizado, tiene también otra cara. En medio de la pugna que mantienen los imperialistas chinos y estadounidense por el control de distintas áreas de influencia, introduce un nuevo elemento de tensión constante entre el estado venezolano y el imperialismo estadounidense.

Todo ello dificulta las posibilidades de generar un clima social de calma, tranquilidad, apatía, que es lo que interesaría a la burocracia y la burguesía para desmovilizar a las masas y llevar a cabo una "contrarrevolución fría" o "por vías democráticas". Uno de los últimos ejemplos de estos choques y tensiones entre Venezuela y el imperialismo estadounidense ha sido el de las recientes sanciones y ataques de EE.UU. a PDVSA. Tendremos más choques de este tipo. Estamos en una situación mundial y nacional extremadamente inestable y explosiva. Cualquier chispa, cualquier cambio brusco y repentino, puede desequilibrar toda la situación. Esta es la principal idea que debemos comprender. Debemos estar preparados para esos cambios, comprender cuando se producen e intervenir en ellos, y huir como de la peste del escepticismo, la rutina y el pensar que la tendencia hacia la derecha que hoy parece predominar en la superficie se ha impuesto ya definitivamente. La correlación de fuerzas entre las clases sigue siendo favorable a la revolución y esto tenderá a expresarse en nuevas luchas y movilizaciones de masas antes o después. Sólo en el caso de que tras todos estos enfrentamientos y luchas entre las clases, los marxistas no lográsemos forjar una dirección revolucionaria capaz de ganar la dirección del movimiento obrero y del resto de las masas, podrían imponerse los planes contrarrevolucionarios de la burguesía y los burócratas.

 

Sólo la dirección del estado y la economía por la clase obrera puede consolidar la revolución

Como hemos explicado en otros documentos, en algunas situaciones revolucionarias, (Cuba, Vietnam, China, Siria,…) gobiernos progresistas o nacionalistas que inicialmente no tenían entre sus planes nacionalizar la banca ni la mayor parte de la economía, tuvieron que hacerlo para responder a las necesidades de su base social y al sabotaje de la burguesía y el imperialismo e incluso llegaron a instaurar una economía estatizada y planificada. ¿Podría darse algo semejante en Venezuela? Mientras la revolución siga viva, la burguesía no consiga recuperar y estabilizar su poder y la crisis del capitalismo y la lucha de clases en todo el mundo tiendan a agudizarse, esta posibilidad teórica sigue sin poder ser totalmente descartada, especialmente en el caso de que se produjese un nuevo enfrentamiento decisivo entre revolución y contrarrevolución, ésta última fuese derrotada pero al frente de la clase obrera no hubiese una dirección revolucionaria con un programa marxista. No obstante, cuanto más tiempo permanece la revolución a medias, este desarrollo tiende a hacerse más difícil, complejo y lleno de contradicciones.

En cualquier caso, lo más importante para nosotros como marxistas es comprender que, incluso si el gobierno bolivariano acometiese la nacionalización de sectores enteros de la economía o, por el motivo que fuese, decidiese instaurar desde arriba una economía nacionalizada y planificada la cuestión clave sigue siendo: qué clase social dirige el Estado y la economía, quién está al frente de las empresas nacionalizadas, con qué métodos y objetivos las dirige. De darse una dinámica de extensión de las nacionalizaciones esto tendería a animar la movilización de las masas y los marxistas, por supuesto, lo apoyaríamos con fuerza. Pero planteando al mismo tiempo consignas transicionales en el sentido de que la clase obrera debe dirigir el proceso y construir su propio estado. Una situación en la que se estatizasen empresas, o incluso toda la economía, pero esto se hiciese desde arriba -sin que el estado esté administrado y controlado por los propios trabajadores a través de sus organismos democráticos, sino que siga siendo dirigido por la burocracia- no resolvería ningún problema y engendraría nuevas contradicciones. Se abriría una lucha entre los trabajadores y la burocracia por el control de las empresas y el Estado. Si los trabajadores no saliésemos victoriosos de esta lucha, los elementos de burocratismo que hoy vemos tenderían a incrementarse y el peligro de desmoralización entre las masas y contrarrevolución sería muy grave.

Un factor clave que favoreció la estatización en los casos antes comentados fue el colapso no sólo de la economía sino de todo el aparato del estado burgués. En Venezuela tras las victorias revolucionarias de 2002 muchos cuadros de la burguesía fueron expulsados del aparato estatal pero varias oportunidades de destruir éste y expropiar los medios de producción han sido ya desaprovechadas. La estructura burguesa del estado se ha mantenido en pie y en su esencia permanece prácticamente intacta. Tras varios años de revolución manteniendo vivos ese estado y a la burguesía esos miles de hilos visibles e invisibles que, como decía Lenin en "El estado y la revolución", unen a la burocracia estatal con la burguesía, en este caso con sectores de la burguesía venezolana y con burguesías extranjeras (que se habían debilitado durante el período 2002-2004) han tendido a reatarse y fortalecerse, representando un obstáculo a esa posible evolución. En revoluciones como la nicaragüense o la portuguesa, aunque se nacionalizó el 100% de la banca y muchas de las principales empresas, estos nunca estuvieron ni bajo el control, ni gestionados por los trabajadores, el estado burgués no fue destruido y sustituido por un nuevo aparato estatal y finalmente como hemos explicado la burguesía sólo tuvo que esperar a que las vacilaciones y confusión de los dirigentes reformistas y centristas desmoralizase a las masas para recuperar plenamente el control de su estado.

Si la clase obrera no logra llevar la revolución hasta el final y la burguesía tampoco logra imponerse y recuperar el control directo del estado el resultado no será avanzar gradualmente hacia el socialismo como creen los reformistas sino el desarrollo y fortalecimiento de peligrosas tendencias bonapartistas (un régimen que tiende a elevarse por encima de las clases y actuar como árbitro entre ellas oscilando entre ambas). Como hemos dicho, si se instaurase una economía nacionalizada y planificada pero sin el control y dirección de la clase obrera esto no representaría ninguna alternativa para los trabajadores. En los casos en que la economía fue estatizada y planificada sin que la clase obrera dirigiese y controlase el proceso, el resultado fue la degeneración de la revolución en líneas burocráticas ("bonapartismo proletario") y finalmente antes o después la contrarrevolución capitalista.

Otra posibilidad igual de peligrosa que la de un régimen de bonapartismo proletario (economía estatizada y planificada pero no dirigida por los trabajadores sino por la burocracia del estado) y que parece incluso más probable en estos momentos, es que si la clase obrera no logra ponerse al frente de la revolución, la burguesía venezolana y el imperialismo estadounidense tampoco logran recuperar el control del estado, la burocracia mantiene la dirección del estado y sigue acercándose al imperialismo chino, esto pudiese acabar desarrollando un régimen de capitalismo de estado a imagen del chino. Se trataría de una forma de bonapartismo burgués muy peculiar, con una fuerte intervención del estado, algunas medidas al menos en un primer momento a favor de las masas pero sin control y participación de los trabajadores e incluso con una tendencia a recurrir cada vez más a la represión contra estos. Dependiendo de la correlación de fuerzas internacional, la situación económica, etc. un régimen de este tipo podría ser más o menos estable pero en última instancia entraría antes o después en crisis.

Si planteamos todas estas hipótesis y posibilidades teóricas es porque la conclusión de todo este debate para los activistas revolucionarios sólo puede ser una: nada ni nadie puede sustituir a la clase trabajadora agrupando al resto de los explotados y construyendo su propio estado para planificar democráticamente la economía. Si la clase trabajadora no toma el poder, lo único que podemos esperar, bajo un régimen u otro, es una pesadilla. Sin embargo ( y esta es la otra conclusión fundamental desde un punto de vista marxista), antes de que cualquiera de estos desarrollos se produzca y consolide habrá una lucha intensa entre las clases que ofrecerá a la clase obrera la oportunidad de ponerse al frente de la revolución y empujar ésta hacia el establecimiento de un estado obrero y una economía estatizada y planificada democráticamente, así como su extensión al resto del mundo.

 

El PSUV

Sea cual sea la forma en la que las fuerzas contrarrevolucionarias (los capitalistas y la burocracia) intenten llevar adelante sus planes contrarrevolucionarios, lo que veremos en el próximo período no será un apaciguamiento sino una intensificación de la lucha entre revolución y contrarrevolución. Esa agudización de la lucha de clases se expresará en choques mucho más profundos y abiertos entre las bases revolucionarias (los trabajadores, campesinos, desempleados y sectores populares) del PSUV y del movimiento bolivariano en general y la burocracia. Antes o después eso se expresará en divisiones a derecha e izquierda en el seno de ésta. El propio papel de Chávez en todas esas posibles evoluciones que hemos planteado anteriormente, y en esta lucha dentro del partido, sigue siendo una incógnita que sólo podrá despejarse en la práctica. Sin embargo, con lo importante que es el papel individual de Chávez en la revolución, finalmente lo que decidirá los procesos es –como hemos dicho- la lucha entre las clases y la capacidad de la clase obrera para ofrecer una salida al conjunto del movimiento revolucionario.

Aunque todos los burócratas desconfían de la clase obrera y sus reivindicaciones, un sector ha estrechado más los vínculos con la burguesía, mientras otros saben que una victoria contrarrevolucionaria podría ser una pesadilla no sólo para las masas sino también para ellos. Enfrentados a una fuerte ofensiva contrarrevolucionaria es probable que en un determinado momento tuviesen que apoyarse en la clase obrera, ofreciendo una posibilidad para la intervención de los marxistas con un programa y métodos correctos. La clave de la revolución venezolana ni siquiera está en que los marxistas ganen la dirección de la clase obrera. Este es sin duda el primer paso obligado. Pero lo que decidirá la victoria o derrota de la revolución es que la clase obrera, con una dirección y un programa marxista al frente, sea capaz de ganar al conjunto de las masas que forman la base social del PSUV y de la revolución para un programa genuinamente socialista.

En la medida que la revolución se mantiene en este punto de equilibrio inestable, en el que ni la clase obrera ni la burguesía logran imponerse, parece como si todo dependiera de la voluntad del Presidente. No obstante, la historia de todas las revoluciones demuestra que el objetivo de construir una nueva sociedad socialista no puede ser alcanzado por la voluntad y el esfuerzo de un solo individuo, aunque el mismo sea honesto, y menos si ese individuo carece de un programa marxista y de una organización revolucionaria formada por cuadros enraizados entre las masas. Para conocer las necesidades existentes en cada barrio o centro de trabajo y resolverlas, luchar contra los corruptos, gestionar las empresas, decidir los objetivos estratégicos de la producción, cumplir los planes revolucionarios… es imprescindible la acción colectiva de una dirección revolucionaria compuesta por cuadros surgidos de la propia clase obrera y el movimiento popular, vinculados a éstos, sometidos a su control, y formados en el estudio de la teoría marxista y el desarrollo de una práctica revolucionaria dentro de las organizaciones de masas.

El trabajo dentro de las organizaciones de masas (PSUV, UNETE, etc.) de los marxistas debe pasar siempre por emplear un método compañero, centrándonos en hacer propuestas en positivo. Esto ni siquiera depende de si consideramos honestos o no a los dirigentes a los que nos dirigimos sino de cómo ven las masas, y no sólo los activistas, a esos dirigentes, movimientos o partidos.

Durante los últimos meses la dirección del PSUV ha lanzado las cinco líneas estratégicas. En el documento presentado por la dirección nacional se reconocen y enumeran en abstracto toda una serie de fallas cuestionadas por las bases (burocratismo, corrupción, alejamiento de las luchas sociales, estructura electorera y vaciamiento de las reuniones del partido…) pero se diluye cualquier responsabilidad concreta, se culpa a todos (la cultura capitalista, etc.) y rehuye plantear propuestas concretas. Pero los sectores más avanzados de las bases, y en particular los que estamos convencidos de la necesidad de un programa marxista para el partido, debemos participar decididamente en este debate formulando políticas claras acerca de qué líneas estratégicas se necesitan para resolver los problemas de las masas y culminar la revolución. Este es el método con el que debemos actuar siempre los marxistas para agrupar a los activistas más honestos entorno al programa y métodos del marxismo.

 

El movimiento obrero y nuestras tareas

Cuando desde distintos sectores reformistas, e incluso algunos autodenominados "marxistas" se decía que la UNETE estaba muerta, desde la CMR insistimos en que el movimiento obrero organizado y en particular la UNETE, que hasta el momento ha sido su expresión más desarrollada, eran la clave de la situación. Miles de activistas obreros veían en la UNETE su herramienta para lograr la unidad de la clase obrera y que ésta llegue con sus propuestas al conjunto de los explotados (a las bases del PSUV y la JPSUV, al propio Chávez), y sobre todo para llevar esas propuestas a la práctica y completar la revolución. Este análisis se ha visto confirmado por los acontecimientos. El éxito de las marchas nacionales convocadas el 9 de noviembre de 2010 y el 31 de marzo de 2011 por la UNETE, en cuya convocatoria jugamos un papel importante pese a nuestras fuerzas limitadas, confirmó la corrección de nuestros análisis y orientación. Por primera vez desde la división de 2006 el movimiento obrero se movilizaba unificadamente y agrupaba a otros sectores populares: inquilinos en lucha contra los desalojos, trabajadores de la economía informal, militantes de base del PSUV,…La marcha de campesinos, pobladores y trabajadores del 7 de Junio en defensa de la revolución contra la ofensiva del imperialismo y la oposición contrarrevolucionaria, pero también contra el burocratismo, el sicariato y la criminalización de las luchas populares es otra confirmación de la corrección de estos análisis y perspectivas así como una nueva muestra del potencial que existe en este momento para la cristalización de un frente único de todos los sectores y colectivos que forman la base de la revolución con el objetivo de defender y hacer avanzar hasta su victoria definitiva a la revolución.

Muchos activistas obreros avanzados siguen expresándose a través de la UNETE, aunque también –especialmente donde ésta es menos fuerte- podemos encontrarnos a trabajadores muy combativos organizando movimientos y colectivos por el control obrero, movimientos como el de los de delegados de prevención, etc. Incluso dentro de corrientes como la FSBT, –especialmente entre sectores que se han incorporado recientemente a la lucha- podemos encontrar activistas honestos buscando ideas. Y por supuesto dentro del movimiento campesino, los pobladores, etc. existe ese mismo sentimiento de inquietud y búsqueda de ideas para encauzar hacia la victoria la revolución y derrotar a los capitalistas y la burocracia.

Una vez más la cuestión clave es el papel de la dirección. Si la dirección de la UNETE adopta un programa, métodos y táctica marxistas y logra dar continuidad a esta movilización y agrupar al conjunto de la clase obrera y los sectores populares en torno a un plan de lucha que organice la toma y ocupación de las fábricas y la lucha por el control obrero para derrotar el sabotaje de los capitalistas y la ofensiva de la contrarrevolución y el imperialismo, mostrando el camino para erradicar la pobreza, solucionar la falta de vivienda, acabar con la inflación y elevar los salarios… es perfectamente posible derrotar los planes contrarrevolucionarios burocráticos y capitalistas, recuperar la moral de las masas y poner a la clase obrera al frente de la revolución. Si esto no es así y tanto en la UNETE como en el PSUV se impusiesen las ideas reformistas o el confusionismo y vacilaciones del centrismo el futuro de la revolución estará en grave peligro.

Lenin decía que muchas revoluciones han sido derrotadas por su incapacidad para transformar las grandes ideas y discursos en acción. Este es un peligro muy real hoy en Venezuela. La presión de los capitalistas no sólo actúa a través de los intentos de golpe de estado, el cerco imperialista, la oposición contrarrevolucionaria sino también a través de toda una serie de prejuicios e ideas (desconfianza en la capacidad de la clase obrera para gestionar la sociedad, tutela sobre las masas, etc.) cuyo vehículo de expresión son el reformismo y el centrismo, que son tendencias políticas que en el seno del movimiento revolucionario tienden a sembrar desorientación y confusión y desempeñan el papel objetivo de obstaculizar el desarrollo del marxismo.

El centrismo es una posición política a medio camino entre el reformismo y el marxismo y oscila permanentemente entre ambos. El gran revolucionario ruso León Trotsky decía que el centrista clásico suele pronunciar discursos radicales en los que plantea bastante bien los principios revolucionarios pero que cuando llega el momento de llevar esos discursos a la práctica es incapaz de hacerlo. El modo de combatir con éxito las ideas del reformismo o el centrismo, como explicaba Trotsky, no es denunciando a quienes las defienden histéricamente, ni siquiera demostrando con sesudos análisis todas y cada una de sus contradicciones. Tampoco basta con hacer declaraciones generales a favor del socialismo, las nacionalizaciones, etc. y llamados a organizarse para luchar contra el burocratismo y por el control obrero. La clave para derrotar la influencia del centrismo y el reformismo y ganar a las masas para el programa del marxismo pasa por ganar para los métodos y el programa del marxismo a los mejores cuadros y activistas, en primer lugar de la clase obrera y a través de ellos del movimiento estudiantil, popular y campesino, para presentar un plan de acción concreto al conjunto de la clase obrera y del movimiento revolucionario, al conjunto de los militantes del PSUV y la JPSUV (incluido el Presidente Chávez), debatirlo en todos los centros de trabajo, sindicatos, barrios, consejos comunales y patrullas del PSUV y llevarlo cuanto antes a la práctica. Debemos tomar cada declaración general de los centristas y reformistas sobre la necesidad de completar y defender la revolución y llenarla de contenido concreto, presentando un plan para llevarla a la práctica y movilizar y organizar a las masas para luchar por ese plan.

 

El objetivo estratégico de la unidad de la clase obrera y la táctica del frente único

Un aspecto clave para que la clase obrera venezolana pueda ponerse al frente de la revolución, agrupar a todos los oprimidos y llevar a cabo sus tareas históricas (expropiar a los capitalistas y construir un estado obrero) es la unificación del movimiento obrero, venciendo la dispersión y división que intentan generar constantemente los burócratas y capitalistas. En última instancia la unidad de la clase obrera para tomar el poder sólo es posible entorno a un programa, unos métodos y una dirección marxista. En la lucha por conseguir ese objetivo los marxistas debemos dotarnos de una táctica y unos métodos que permitan combatir la dispersión, división y desorganización del proletariado y desarrollar, siempre que ello sea posible, la unidad de acción entre distintos sectores y organizaciones obreras entorno a un programa de lucha y reivindicaciones concretas comunes. Este es el mejor camino para hacer a la clase obrera plenamente consciente de su fuerza y que pueda convertirse en un punto de referencia para el conjunto de los oprimidos.

La táctica desarrollada históricamente por el marxismo para lograr el objetivo de unificar a la clase obrera entorno a un programa revolucionario es el "frente único". Esta táctica consiste en que, mientras sectores significativos de la clase obrera sigan bajo la influencia de direcciones reformistas o centristas, los marxistas debemos presentar una y otra vez propuestas de unidad de acción a esos dirigentes reformistas y centristas con el objetivo de hacer avanzar la lucha de los trabajadores y ganar el oído de las bases que todavía permanecen bajo su influencia para el programa revolucionario del marxismo. Lenin resumía la táctica del frente único con una frase "marchar separados, golpear juntos". Con ello se refería a que al mismo tiempo que los marxistas mantenemos en todo momento nuestra independencia política, y somos inflexibles en la defensa de nuestro programa y principios políticos, debemos luchar por estar allá donde está la mayoría de los trabajadores y marchar codo a codo con ellos ganándoles para las ideas del marxismo. Una caricatura ultraizquierdista de esta táctica fue el llamado "frente único por la base" proclamado por los estalinistas en la primera mitad de los años 30 del pasado siglo. Según esta concepción, los llamados a la lucha sólo debían dirigirse a la base y nunca a los dirigentes reformistas o centristas. Pero, como explicaba Trotsky, la "táctica del frente único" tiene sentido precisamente porque sigue habiendo sectores significativos de las masas que permanecen bajo la influencia de dirigentes reformistas y centristas y siguen a éstos. Sólo llamando a esos dirigentes a luchar –mientras explicamos paralelamente de forma paciente a sus seguidores nuestro programa- es posible romper el muro de prejuicios con el que los reformistas intentan separar a las bases que les siguen del genuino marxismo y tender un puente hacia ellas.

Esto significa que debemos aprovechar cada oportunidad concreta que surja (cuando los dirigentes reformistas o centristas se ven obligados a llamar a la lucha, cada ataque concreto que lanza la burguesía, etc.) para llamar a estos dirigentes a luchar juntos entorno a toda una serie de reivindicaciones concretas y al mismo tiempo seguir explicando a las masas que sólo el programa del marxismo puede dar solución definitiva a sus problemas. Ello también significa que mientras llamamos a esos dirigentes a luchar y apoyamos cada paso adelante que dan criticamos sus contradicciones, vacilaciones y pasos atrás siempre que sea necesario, por supuesto con un método inteligente y explicativo -que no nos separe de las masas- pero al mismo tiempo firme.

En algunas ocasiones, fruto de esta táctica correcta y de la presión de las bases, los dirigentes reformistas pueden verse obligados a tener que ir más lejos en su lucha de lo que pensaban y ello permite a los marxistas ganar influencia, combatir las calumnias que lanzan para aislarnos y desprestigiarnos (acusarnos de sectarios o ultraizquierdistas, decir que no hay condiciones para luchar, etc.) y demostrar en la práctica, y no en palabras, la superioridad de los métodos e ideas del marxismo. En la inmensa mayoría de casos los dirigentes reformistas o centristas acabarán frenando antes o después cualquier posibilidad de lucha unitaria, e incluso en determinados casos saboteando o traicionando ésta de manera abierta, pero en la medida en que los marxistas sepan mantener un método correcto, sigan aplicando la táctica del frente único, haciéndoles llamamientos a rectificar y luchar y al mismo tiempo presentando a las masas el programa revolucionario del marxismo, ello nos permitirá ganar audiencia y posiciones entre éstas y en última instancia conquistar a la inmensa mayoría del movimiento para un programa marxista. Esta fue la táctica que siguieron los bolcheviques en Rusia cuando planteaban la consigna "Todo el poder a los soviets" para llevar a la práctica el programa que necesitaban las masas ("Pan, paz, tierra"). En ese momento la dirección de los soviets estaba en manos de los reformistas. En la medida en que estos se negaron a aplicar el programa que proponían los bolcheviques e incluso reprimieron y encarcelaron a varios de sus dirigentes las masas que inicialmente seguían mayoritariamente a los reformistas acabaron viendo en la práctica que los únicos que defendían un programa capaz de dar respuesta a sus necesidades eran los marxistas dirigidos por Lenin y Trotsky.

La lucha por el frente único y la defensa de medidas concretas para expropiar a los capitalistas y acabar con el burocratismo es el mejor modo de ganar a las masas e incluso a los centristas honestos, aislar a los burócratas (que querrán distorsionar cualquier propuesta revolucionaria intentando presentarla como divisionista, anti-partido, etc.) y conquistar un apoyo masivo entre las bases del PSUV y del movimiento bolivariano para el programa del marxismo. La victoria de la clase obrera venezolana en la lucha contra el reformismo y el burocratismo abriría la puerta a la victoria definitiva de la revolución socialista, fortalecería enormemente al apoyo a ésta y permitiría extenderla a otros países del continente.


Venezuela, 25 de Junio de 2011