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Elecciones en Colombia: El significado político del fenómemo Mockus y las tareas de la izquierda PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 26 de Mayo de 2010 16:58
 

mockus_santos.jpgA lo largo del mes de abril y lo que va de mayo, los medios de comunicación no han dejado de hacerse eco de un fenómeno social masivo, que está generando un giro dramático en el panorama electoral del presente año: la llamada "marea verde", agrupada en torno a la figura del candidato presidencial Antanas Mockus. Las redes sociales en Internet, los columnistas de prensa y locutores, los centros comerciales y universidades, los parques, por todas partes se siente un cambio de dinámica política favorable al Partido Verde, que ha puesto en jaque al sector más radical de la narcoburguesía colombiana, con el presidente Uribe a la cabeza.

 



    

A lo largo del mes de abril y lo que va de mayo, los medios de comunicación no han dejado de hacerse eco de un fenómeno social masivo, que está generando un giro dramático en el panorama electoral del presente año: la llamada "marea verde", agrupada en torno a la figura del candidato presidencial Antanas Mockus. Las redes sociales en Internet, los columnistas de prensa y locutores, los centros comerciales y universidades, los parques, por todas partes se siente un cambio de dinámica política favorable al Partido Verde, que ha puesto en jaque al sector más radical de la narcoburguesía colombiana, con el presidente Uribe a la cabeza. El discurso de "legalidad democrática", que se expresa en la fórmula "la vida es sagrada, los recurso públicos son sagrados", ha generado tal acogida, que ahora todos se preguntan, -en la izquierda y la derecha- por las razones de tal suceso. La CMR, en estas circunstancias, ofrece un análisis de los factores que han conducido a este tan "atípico" (en teoría) fenómeno social, así como su significado, y las tareas que para la izquierda del PDA y la CUT emanan en la presente situación.

 

Ocho años de contradicciones sociales

Colombia, en los últimos ocho años, se ha visto envuelta en una dinámica de cambios bruscos en la lucha de clases. La oligarquía ha combinado varios elementos para intentar mantener bajo control el descontento popular e intentar frenar y reprimir la previsible radicalización de las masas. Desde la llegada al poder de Uribe, en 2002, se ha sucedido una escalada de terrorismo estatal sin precedentes en el país: desplazamiento forzado masivo, ejecuciones extrajudiciales denominadas eufemísticamente como "falsos positivos", asesinatos de miles de indígenas, sindicalistas, chuzadas (espionaje) del DAS a líderes de la oposición, defensores de derechos humanos y periodistas independientes, guerra política y jurídica contra la izquierda y la derecha liberal democrática etc. La barbaridad con la que ha actuado el régimen ha podido pasar de agache, o con complicidad social, tan sólo porque el pueblo colombiano ha sido víctima de un cerco mediático masivo, que señala a todo el espectro de la oposición como "aliado del terrorismo", al par que las acciones, métodos de lucha y estrategias políticas aplicadas por los dirigentes  de la propia insurgencia guerrillera han dado pie para que esta propaganda burguesa calara en la mentalidad colectiva.

Pero ahí no ha parado la cosa: tanta barbarie militar y paramilitar sólo ha sido el marco necesario para que la oligarquía colombiana apuntalara su dominio económico, y feriara el país al capital multinacional. Es así como de la mano de la "seguridad democrática", la "confianza inversionista" vía inversión extranjera y expropiación armada del campo, se hiciera con los recursos naturales del país y con las empresas estatales más importantes. De esta manera durante el gobierno uribista se han sucedido las privatizaciones de TELECOM, el ISS, una parte de ECOPETROL, algunas hidroeléctricas, EMCALI etc. Y de la misma forma, el modelo "carimagua", consistente en regalar las tierras decomisadas a la mafia a los grandes terratenientes (o sea ellos mismos bajo otro nombre), se ha apuntalado en el país a lo largo y ancho del territorio. Ha prosperado el cultivo de caña y palma africana para los "biocombustibles", con las mismas tierras arrebatadas a sangre y fuego a los campesinos, el regalo de los dineros del Estado a  los terratenientes bajo la figura infame de "Agro Ingreso Seguro", las exenciones tributarias que le han significado un ahorro de 10 billones (sólo en 2009) a las multinacionales y demás. Y mientras el país era rifado al mejor postor, a los trabajadores les arrebataban uno a uno todos sus derechos laborales y sociales, gracias a la reforma laboral de 2002, que flexibilizó (léase precarizó) el trabajo, eliminó el pago de horas extras y dominicales, rebajó hasta el mínimo las pensiones, tercerizó los contratos de trabajo, y barrió con prácticamente todas las conquistas históricas de los trabajadores, en todas las ramas de la economía.

No es de extrañar, por tanto, que paradójicamente en el periodo de mayor auge de la extrema derecha, se haya presentado paralelamente la mayor oleada de huelgas de las últimas décadas, algunas de las cuales de significación notable, como la de la USO en 2003, de FECODE en mayo de 2007, de los corteros de caña y trabajadores de la rama judicial en 2008, o la mas reciente contra los decretos de la emergencia social. Si en la superficie política de la sociedad, gracias al terror, la atemorización, la desmoralización de sectores de las masas y la manipulación mediática, la oligarquía ha podido ostentar una aparente hegemonía ideológica, bajo la misma el descontento social se manifestó en no pocas ocasiones. El que este descontento no haya convergido políticamente en un movimiento popular masivo se debe, entre otras razones, al desprestigio en que ha caído la izquierda, en gran medida por la campaña difamatoria de la derecha orquestada desde el DAS y con la complicidad de los medios de comunicación burgueses; pero, más importante aún, el hecho de que la misma izquierda política, nucleada en torno al PDA, el partido de masas a través del cual se expresan los explotados en Colombia, ha caído en continuas contradicciones entre sus alas de izquierda y derecha, y a que los resultados de sus administraciones en cargos como la alcaldía de Bogotá, por la propia orientación reformista de los electos alcaldes, ha dejado mucho que desear, por decir poco.

El PDA en el poder ha privilegiado el asistencialismo por sobre la organización popular, y aunque ha concedido importantes derechos a la educación y salud, estos no los acompaña de trabajo ideológico partidario, y más bien se centra en la concesión de dadivas por arriba, en lugar de organizar el trabajo popular por abajo. Esto ha hecho que, en últimas, sus practicas no se diferencien en nada de ex alcaldes demócratas como los del Partido Verde, que han hecho lo mismo bajo la figura, en el caso de Fajardo, del "presupuesto participativo", donde  participa la comunidad para pedir, pero no para incidir, y mucho menos decidir, pues todo se resuelve en la caridad pública de la administración municipal. Bajo este esquema, el PDA ha reforzado el modelo paternalista de Estado, mas no la organización de poder popular, induciendo a las masas populares a confiar en "papá Estado", y no a construir con ellas uno democrático y socialista.

Pese a este panorama tan complejo y contradictorio, la oligarquía en el poder pudo sortear fácilmente la situación haciendo uso de tres palancas: uno, maquillando las cifras del DANE, al punto que uno de sus directores renunció en 2004, ante el descaro con el cual el gobierno de Uribe pretendía (y lo hizo) sesgar la realidad en las estadísticas; dos, gracias al fortalecimiento de las relaciones con Venezuela, que pasaron de una balanza comercial de US1.200 millones en 1998 a un record histórico de US 7.200 en 2008, lo cual significó un aumento del empleo en sectores claves como el agrícola, lechero, ganadero y automotriz; tercero, haciendo uso del asistencialismo barato y ramplón en políticas como la de "familias en acción", que entrega un subsidio bimensual de 100.000 pesos a familias de estratos 1 y 2, cosa que no sirve para casi nada a nivel de subsistencia, pero que le ha significado buenos réditos en materia electoral. No sólo la propaganda mediática y el autoritarismo represivo han mantenido a raya al movimiento popular, la favorabilidad de la situación económica anterior a la crisis, y las relaciones con Venezuela, fungieron de colchón para contener el descontento social, y este punto debe tenerse en mente a la hora de analizar la presente situación.

Con todo, este escenario de aparente tranquilidad ha venido convulsionándose rápidamente a medida que la crisis económica ha permeado el país. Pese a las voces adormecedoras del Ministerio de Hacienda, declarando que el país estaba "blindado" frente a la crisis económica, los efectos se sintieron al instante: las exportaciones a Estados Unidos se vinieron a pique, las remesas de los inmigrantes bajaron sustancialmente, el retorno de muchos de ellos agravó aún más, si cabe, el desempleo, los precios del petróleo descendieron en caída libre, los 10 billones regalados a la burguesía foránea y criolla hicieron estragos en el gasto público etc. De repente, la burbuja de la "cohesión social" estalló, y lo que quedó al desudo fue una espantosa situación de desigualdad social, que se manifiesta en los millones de desempleados, subempleados, tercerizados, desplazados que pueblan las calles de las ciudades. Hasta la tan cacareada "seguridad democrática" se desplomó, con un aumento vertiginoso de la violencia en las comunas populares de las ciudades. Como se ve, lo que parecieron ser "los mejores años de nuestra vida" se esfumaron repentinamente, y ahora el pueblo sufre la resaca sabiendo que todo fue un simple espejismo.

 

Tiempo de oscilaciones en la lucha de clases

Estamos pasando por un periodo de crisis económica global y nacional, bajo cuyo piso se abre una época de fuertes contradicciones sociales, que se expresan ideológicamente de las más variadas formas. En tiempo de normalidad, la burguesía se dedica a gestionar sus negocios sin mirar hacia abajo, hacia el espectro más pobre, trabajador y desempleado, de la sociedad, a no ser tan sólo para contener las protestas en demanda de un reparto justo de la riqueza. Pero cuando se sobrevienen las crisis, y la tasa de ganancia cae precipitadamente, los burgueses buscan por todos los medios posibles descargar los desastres sobre la clase trabajadora, vía despidos, aumento de impuestos, congelamiento o recorte de los derechos de seguridad social etc. Con ello, se da inicio a un tiempo de confrontación política, que desnuda lentamente la estructura de clases de toda sociedad, y confronta a sus nodos antagónicos, burgueses y proletarios, en un proceso de lucha de clases que asume diversos matices. Un caso arquetípico de lo que decimos se vive actualmente en Grecia, donde las medidas draconianas del ejecutivo "socialista" están descargando brutalmente el peso de la crisis sobre los trabajadores, que responden masivamente bajo la forma de huelga general. En España, Portugal, Irlanda e Inglaterra se empiezan a vislumbrar síntomas de esto mismo, conforme la crisis se recrudece en la vieja Europa, y el mismo camino se abre por todas partes, de Asia a América Latina.

Como decíamos en el apartado anterior, la crisis ha golpeado a Colombia con inusitada fuerza, no por arriba, pues de hecho las empresas mas importantes del país, como EPM, o el sector financiero, han reportado ganancias fabulosas, sino por abajo, ya que el empleo ha trepado considerablemente aún en las fantasiosas cifras del DANE, que lo ubican ya en un 14.5%, una vergüenza que no se le esconde ni a los propios medios burgueses, que no han podido menos que reconocerlo, aunque se tiren la pelota de la responsabilidad de un lado a otro. Lo mas paradójico y doloroso de la situación es que, en buena medida, el deterioro progresivo del empleo viene de la mano de la política imperialista de los Estados Unidos vía Colombia: en su intento por desestabilizar la revolución bolivariana, el tratado de uso de siete bases militares criollas por los yankis ha desembocado en el rompimiento de las relaciones comerciales con el hermano país, lo cual ha significado en el presente año una caída del 72% de las exportaciones hacia el dicho país con respecto al año anterior, y estas cifras no son banales: las exportaciones a Venezuela comportan importantes sectores de la industria generadora de mano de obra, mientras que en el caso gringo, que en su mayor parte obedece a los rubros de carbón, minería y petróleo, la mano de obra es de poca intensidad. Si bien la situación preocupa a no pocos sectores de la oligarquía, son los trabajadores los que llevan la peor parte, y el malestar en las fronteras es más que evidente, no en vano una buena parte del apoyo a Mockus viene de esas regiones, además de las grandes urbes.

La política del gobierno parauribista ha sido errática para el país, y nefasta para la clase obrera: para el país, porque ha echado mano de los préstamos externos, lo que significa una mayor dependencia del BID, el FMI y en general los organismos financieros del imperialismo; para la clase obrera, porque el empleo, lejos de parar, aumenta día a día y mes a mes. Y no contento con esto, la oligarquía se ha robado 6 billones de pesos del FOSYGA para la salud, llevando el sistema (de por sí deficiente) al colapso, y para poner un parche ha gravado mas impuestos sobre los cigarrillos, el licor y juegos de azar, al par que el aumento del salario mínimo sería irrisorio sino fuese una verdadera afrenta pública para con los asalariados.

Como consecuencia, en Colombia, pese a las apariencias de estabilidad infladas por los medios, se ha creado un nuevo marco para la lucha de clases mas dura. Hay que estar, o pretender estar ciego, para o advertir los síntomas de esta situación: El paro de los trabajadores de Palo Alto, que demandaba la legalización del sindicato y derechos laborales mínimos, al que respondió la patronal con el uso de paramilitares, en enero del presente año, es una evidencia palpable de esto; la lucha contra los decretos de "emergencia social", que aglutinó a miles de internautas en la red, y a sindicatos, usuarios y miembros del área de la salud por fuera de la misma, es otro ejemplo tangible; e incluso en los recientes días sucedió un hecho notable, que pasó desapercibido en el debate político y sindical: el 30 de abril 60 desempleados organizados marcharon a pié desde la ciudad de Pereira hasta Bogotá, para exigir a los candidatos presidenciales compromisos serios en materia laboral, un hecho indicativo de que la paciencia popular está llegando a sus límites, sin que, desafortunadamente, las organizaciones sindicales y el PDA estén asumiendo un papel activo en la organización, movilización y orientación de este tipo de manifestaciones populares. Estos hechos ni son casuales ni son esporádicos: lo que revelan, más bien, es un hastío generalizado del pueblo frente a las políticas económicas del Estado, hastío que no cristaliza en un amplio movimiento social y político por la falta de un partido que cumpla su papel revolucionario. Es lamentable decirlo, pero la mecha está servida, más le falta la chispa que la encienda.

Es precisamente la falta de una corriente marxista fuertemente organizada dentro del Polo y la CUT, que desarrolle las tareas de formación, organización y orientación de la lucha de clases, el factor clave de la ecuación política, que mina las posibilidades intrínsecas de llevar adelante el movimiento popular hacia el socialismo. Hasta la revista burguesa Semana reconoce que 3 de cada 4 colombianos considera el desempleo como tema fundamental del debate político, y consideran un fracaso la política económica del gobierno, para no decir ya sobre el endémico problema de la corrupción (http://semana.com/noticias-politica/desempleo-tres-cada-cuatro-colombianos-preocupados/138556.aspx). A medida que la crisis, con sus costes en materia de empleo, avanza, la percepción del pueblo colombiano se vuelca más y más en el asunto económico, dejando en segundo plano el manido discurso de la "seguridad democrática" en que se apuntala la oligarquía, pero sin elevar su comprensión a la esfera central del problema del Estado, lo cual indica a todas luces que el problema fundamental sigue siendo la ausencia de una dirección revolucionaria audaz dentro del PDA, que no titubee frente a la propaganda mediática.

La lucha de clases en Colombia no ha cesado, sólo ha sido superficialmente velada en el debate político, pero recorre subrepticiamente como duende las manifestaciones sociales a lo largo y ancho del país. La ausencia de la dirección revolucionaria es el factor subjetivo, político, que impide sacar a la luz ese potencial revolucionario que está latente en el anhelo de la clase obrera y el conjunto del pueblo colombiano. Como consecuencia, visto ideológicamente, el fenómeno se desplaza o sublima bajo formas distorsionadas, y es aquí donde hace su aparición el "fenómeno Mockus", es esta la base material y política que sustenta este fenómeno ideológico de masas.

 

Del 14 de marzo al 30 de mayo. La "ola verde": ¿moda política o manifestación velada del potencial revolucionario?

Las pasadas elecciones del 14 de marzo al congreso resultaron un fiasco de proporciones históricas. Los uribistas ganaron, y con ventaja, la inmensa mayoría de las curules, y entonaron cánticos a los cuatro vientos celebrando su victoria, como si fuese una ratificación completa de la doctrina parauribista (seguridad democrática, inversión extranjera, confianza inversionista: capitalismo voraz y sin tapujas), y los medios decretaron sentencia de muerte a la izquierda colombiana, ocultando la realidad de los hechos.

En primer lugar, pese al retroceso en el número de curules, el Polo no mermó su votación nacional, sino que la aumentó en unas 100.000 papeletas respecto a anteriores convocatorias electorales similares pero como la votación total también aumentó, y en mayor proporción, el partido se privó de esos parlamentarios; más aún, pese a la irregular administración en Bogotá, también en la capital aumentó la votación polista. Con todo, si el PDA hubiese llevado adelante una política socialista allí donde gobierna, se hubiese puesto al frente de las luchas obreras y populares y hecho todo lo posible por unificarlas, y hubiese defendido a nivel nacional un programa socialista que ofrezca solución a los problemas de las masas, habría podido ganar el apoyo masivo de esos nuevos votantes que participaron en las legislativas e incrementar su representación. Esto también hubiera permitido que los tres millones de votos logrados por el Polo en la segunda vuelta de las últimas presidenciales no sólo hubiesen mantenido su apoyo al Polo y vuelto a votar por éste, ilusionados, sino que seguramente el caudal de voto polista se podría ver aún más incrementado.

En segundo lugar, el aumento de la votación no se entiende sin reconocer el masivo fraude electoral registrado en estas elecciones: ya la procuraduría destituyó de su cargo al gobernador del Valle, por participación en política, y es sintomático el que en este departamento tanto la votación del precandidato conservador Andrés Felipe Arias, como del partido mafioso (abierto) PIN fueran enormes, lo cual da una buena medida del nivel de clientelismo que se vivió en los comicios; sin contar con las investigaciones que se llevan actualmente en todo el país en la materia, que son proporcionalmente menores a lo que sucedió realmente.

En tercer lugar, si miramos el estado de conciencia del pueblo, no el de los activistas que militamos en primera línea, veremos que el Partido Verde, que logró posicionar 5 senadores y tres representantes, es visto por el pueblo como partido de oposición, con el aditivo de no estar ensuciado mediáticamente y ser considerado como "exitoso" en las alcaldías que sus integrantes ejecutaron en Bogotá; de esta manera, no desde  lo que es en términos objetivos, sino desde lo que la conciencia política del pueblo percibe como "oposición", resulta que esta no disminuyó, sino que aumento su votación; hay que tener en cuenta no sólo el nivel de conciencia de la izquierda militante, sino el de la sociedad votante, por más distorsionada que sea dicha conciencia, para aproximarse a una interpretación política adecuada. Por último, la abstención, que siguió siendo mayoría pese al fraude (55.5% del potencial votante), expresa un potencial de descontento social abrumador, y precisamente este es uno de los puntales del "fenómeno Mockus".

Porque la así denominada "ola verde" surge como una triple respuesta: primero, a los resultados electorales viciados de las elecciones del 14 de marzo, que no expresaron, ni con mucho, el nivel de descontento social existente: segundo, a la posibilidad de un continuismo de las políticas de guerra, corrupción, saqueo de los recursos naturales, persecución a la oposición, terrorismo estatal (no mencionado así, sino como "ilegalidad" de la política de seguridad), el deterioro del sistema de salud y la masiva precariedad laboral; tercero, al pésimo manejo de las relaciones internacionales, que han devenido en un desastre económico y social en lo que respecta a las fronteras con Venezuela y Ecuador. Es sintomático de esto el que el motor impulsor del fenómeno verde sean los estudiantes y, en general, la clase media, compuesta por abogados, ingenieros, médicos, diseñadores, estudiantes universitarios etc., y que tras ella se haya movilizado una amplia franja del electorado tradicionalmente abstencionista.  

De hecho, el que el potencial porcentaje de votación haya aumentado para las próximas elecciones expresa muy bien que los tradicionales no votantes son críticos de la política gubernamental general de la oligarquía. Esto con un añadido, que ha dado un impulso superlativo al fenómeno: la clase media y los estudiantes poseen un manejo muy fluido de los medios electrónicos y las nuevas tecnologías de la información, lo que ha supuesto una campaña donde las redes sociales (Facebook, Twiter, My Space etc.) y de la publicidad ha desbordado las tradicionales formas de hacer política, basado en los medios masivos (radio, prensa y televisión). De ahí que el cerco mediático sea poco eficaz frente a la campaña verde, sumado a que un amplio espectro de periodistas, columnistas y hasta presentadores de radio y televisión, quienes hastiados de la manipulación inducida desde las altas esferas del paragobierno, se hayan sumado activamente a la marea verde.

De esta manera, hasta cierto punto puede afirmarse que el "fenómeno Mockus", no planificado por el Partido Verde sino producto espontáneo del descontento social de la clase media y la juventud, es una respuesta directa al 14 de marzo. Pero aún más: por sus propias características, el movimiento social que se ha configurado alrededor de Mockus lo rebasa y desborda porque el electorado en su instinto quiere ir más allá del programa tibio y confuso propuesto por este candidato. Basta echar un vistazo en las redes sociales para darse cuenta que, de manera ascendente, las demandas de los simpatizantes de Mockus piden cada vez más políticas que no son propias de un estado capitalista, sino de uno socialista: salud y educación gratuitas y universales, transparencia en el manejo de los recursos públicos, políticas sociales incluyentes, no mas guerra política y militar contra la oposición, paz, justicia, ética. Son mensajes que, por venir de un espectro social que aún no alcanza una comprensión de la dinámica del capitalismo (en parte por su composición social, en parte por la propaganda mediática sumada a las contradicciones del Polo), expresa de manera confusa lo que realmente desea: el fin de la explotación, la corrupción y las desigualdades sociales, lo cual sólo es posible en un sistema social radicalmente distinto del actual, en un sistema socialista.

En este sentido, se puede trazar un paralelo más o menos comparable con lo sucedido en Estados Unidos con Obama, aunque con una contradicción más compleja: en Colombia la gran mayoría de la sociedad rechaza hoy por hoy la insurgencia guerrillera como consecuencia de la manipulación mediática y de los propios errores crasos cometidos por los dirigentes de las FARC y el ELN  pero a la vez rechaza de manera tajante el pésimo manejo de la política económica de la oligarquía. Por ello sucede generalmente en las encuestas (aunque estas también son infladas y manipuladas para utilizarlas mediáticamente) el que Uribe mantenga un margen de favorabilidad importante, pero a la vez la gente desee un cambio de forma y fondo en la estructura económico-social del país (http://semana.com/noticias-politica/desempleo-tres-cada-cuatro-colombianos-preocupados/138556.aspx). Esta contradicción es la que impide en buena medida una comprensión clara del fenómeno político-social que se vive en nuestros días, tanto en la derecha como en la izquierda, aunque aquella ha sabido manejarlo con más astucia y conducirlo por los senderos que aprueba la oligarquía.

 

¿Por qué la ola verde incomoda al parauribismo? ¿Por qué no es la vía apropiada para solucionar los problemas del país?

Mientras de la derecha uribista, la más criminal y nefasta, le llueven críticas a Mockus por su supuesta (y no real) debilidad en el tema de la política de seguridad, desde la izquierda se le critica, y con toda la razón, su programa económico marcadamente neoliberal. Paradójicamente, la ola verde se haya inmersa entre dos fuegos, y su prestigio crece a pesar de ello, como si el "justo medio" fuese lo que el común del pueblo deseara, en concordancia con la distorsión ideológica que ha emergido. ¿Cómo entender esto?

Desde el parauribismo, la política que representa al sector mas retrogrado de la oligarquía, la mafioso-financiera y terrateniente, hay un temor no oculto respecto a Mockus, que los medios han dado a conocer de manera enfática: aunque el proyecto económico de Mockus no es esencialmente diferente al de Uribe o Santos, en la medida en que el líder del Partido Verde se ve obligado a criticar los aspectos que causan más rechazo social de las políticas uribistas, esto despierta expectativas entre sectores de las masas. Esto representa un problema en el futuro para la clase dominante ya que independientemente de que Mockus no satisfaga esas expectativas la polarización que estamos viendo en la campaña puede movilizar y empujar a la participación política a sectores que hasta ahora se mostraban escépticos. Además, con su política de "legalidad" Mockus puede abrirle las puertas a un proceso judicial que revele lo que es un secreto a voces pero aún no ha sido reconocido: la planificación, ejecución y protección del paramilitarismo como doctrina terrorista de Estado.

Cuando en los medios Santos acusa a Mockus de querer extraditar a Uribe o a él mismo, no hace más que desvelar lo que le quita el sueño: la posibilidad de destapar definitivamente los crímenes cometidos por la oligarquía con el fin de apuntalar su dominio. Y lo hace de la manera más cómoda: azuzando con la supuesta popularidad de Uribe para contrarrestar la "ola verde". El miedo es a los efectos penales que puede tener un proceso judicial abierto sobre los escándalos de chuzadas, guerra política, terrorismo estatal y demás. Es claro que un tentativo gobierno mockusiano, en la medida en que se inscribe dentro de la aceptación y defensa del sistema capitalista, tendría que aplicar las políticas de ataque a la clase obrera que están llevando a cabo los gobiernos burgueses en todo el mundo, pero la sola posibilidad de destapar la olla podrida del terrorismo estatal quita el sueño y amarga el desvelo de la derecha parauribista, mas cuando la corte penal internacional se ve venir con pasos de animal grande. Esto además podría agudizar aún más las contradicciones internas que ya existen en el seno de la clase dominante.

En un segundo momento, existe otro punto que preocupa a la extrema derecha, y a la propia oligarquía en sustancia y persona: que el "fenómeno Mockus" está desgastando los marcos del discurso de la seguridad democrática. Es claro y sabido que un porcentaje mayoritario de los mockusianos son uribistas en cuanto a la doctrina de seguridad, pero la reiteración publicitaria del mensaje de legalidad, anticorrupción y demás está socavando lenta e inconscientemente ese discurso guerrerista extremo que durante 8 años ha mantenido al pueblo en estado de terror extremo. Y eso es gravísimo para la oligarquía, porque le quita un pilar fundamental en la guerra política contra el PDA y el marxismo, aún cuando el mismo Mockus y su Partido Verde no lo deseen. Es que, como decíamos arriba, la propia ola verde desfasa el fenómeno electoral, y es un riesgo que oscila de un lado a otro, a derecha e izquierda, de manera inestable.

De hecho, la andanada propagandística contra Mockus ha llevado a muchos de sus simpatizantes a reconocer la existencia de una guerra política contra la izquierda, y a abrirse paulatinamente a un acercamiento con las posiciones del polo. Tal ha sido la campaña negra contra Mockus, que muchos, por efecto de espejo, se han percatado que lo que hacen ahora contra la ola verde es simétrico hasta cierto punto del ataque a la izquierda, y eso, en términos de cualificación política, vale oro, aunque siga siendo insuficiente en gran medida. El pueblo no aprende de política por los libros, generalmente, sino por la propia experiencia, y la contrastación viva de lo que hacen los uribistas está generando una deconstrucción paulatina de los prejuicios ideológicos de gran parte del electorado de los verdes. Incluso se puede ver como muchos simpatizantes verdes quieren ver al polo en ministerios de un gobierno verde, o desean una presidencia de Petro en 2014. Esto parece poco, pero no lo es: la conciencia política de los colombianos está oscilando de manera continua, lo que abre un espacio importante para la agitación política. Sigue siendo el producto de una enorme distorsión ideológica, pero abre muchas posibilidades para el PDA, especialmente si este se dotase del programa y métodos que corresponden al partido revolucionario de nuestro país.

Y es que, como decía Lenin, llegan momentos históricos en que la lucha de clases se decanta en partidos antagónicos, que representan a las clases en pugna de manera aproximadamente exacta. No estamos aún viviendo un tiempo semejante en Colombia, pero cada vez es más palpable que se radicaliza la desigualdad, y con ellas las posiciones de clase. La clase media representada en el partido verde, como toda clase pequeño burguesa, oscila de un lado a otro, pero el desgaste de la maquinaria parauribista es cada vez más claro, aunque tome formas confusas. Es un fantasma que recorre la mente envenenada de los uribistas y sus caudillos oligarcas.

Ahora bien, desde el Polo la campaña se ha basado en tratar de diferenciarse de los verdes en un punto central como es el económico, tratando de mostrar a Mockus como lo que es: un neoliberal. Y es que, realmente, la propuesta programática del partido verde deja mucho que desear en la materia: pretender privatizar un 15% de ECOPETROL, aún cuando sea para inversión en educación, ciencia y tecnología, no puede más que considerarse una estupidez desde la racionalidad económica, y un atentado al país en la esfera moral, pues las regalías dejadas por la empresa más importante de nuestro país valen mucho más que lo que se pueda recaudar por concepto de privatización. Y este es un punto que, aun cuando parezca anecdótico, evidencia las contradicciones políticas de la alianza Mokus-Fajardo: puede que sus deseos de mejorar la educación y la cultura sean ciertos, pero como comparten el dogma neoliberal de la oligarquía, sus propuestas económicas para alcanzar las metas que se proponen resultan siendo un contrasentido. Más valdría eliminar las exenciones tributarias al gran capital del actual gobierno, que le reportarían al Estado unos 10 billones anuales, con los que sí se podría garantizar la educación gratuita, pública y universal, o transformar el impuesto al patrimonio para la guerra en impuesto al patrimonio para la salud y la educación. Medidas de ese tipo no es que sean revolucionarias, pero por lo menos mostrarían un carácter sí democrático y progresista en los hechos, no en las vacuas palabras como las que hasta ahora sostienen los verdes.

 

El programa de Mockus

Además, Mockus defiende el contenido de los decretos de la "emergencia social", expedidos para reforzar el desastroso sistema de salud existente en el país, y que ahora el paragobierno intente imponerlos a través del congreso, luego que la corte los declarara inexequibles. Esto raya en un abuso hasta moral por varias razones: uno, que no existe tal emergencia, sino un robo descarado del erario público, pues las deudas del sistema de salud son de 1.5 billones, y el FOSYGA, que es la entidad encargada de garantizar la plata para el sistema, tiene 6 billones disponibles, por lo menos en teoría; lo que sucede es que el gobierno invirtió ese dinero en títulos de deuda pública, CDTs y en la bolsa, para cubrir el déficit fiscal que sus políticas económicas nefastas han generado; es decir, el gobierno SECUESTRÓ el dinero de la salud, hurtó la plata de los trabajadores de manera abusiva. Dos, el sistema de salud no necesita una inversión de capital, sino una transformación radical; el modelo actual, generado por la ley 100, es una treta para aumentar las ganancias de los capitalistas, que al amparo de las EPS intermedian los servicios sin gastar nada; un dato lo explica: entre 2006 y 2008 más del 80% de las tutelas en Colombia han sido por reclamos en servicios de salud, y de todas estas tutelas igualmente el 80% y hasta más han tenido por causa sido los servicios cubiertos por el POS; esto quiere decir que las EPS niegan los servicios, para que los usuarios entutelen, y el Estado termine pagando por un servicio obligatorio, así las EPS no gastan nada y llenan sus arcas cada día más, lo cual es un atraco evidente del presupuesto estatal y una política criminal; así las cosas, lo que se debe hacer es desmontar el sistema de salud, transformarlo en uno público y universal, y romper con el monopolio mafioso de la salud que detentan los empresarios; pero esta no es la política de Mockus, por que es neoliberal, una segunda contradicción. Tres, los decretos de la emergencia social gravan aún más impuestos sobre los pobres, amarran de pies y manos la labor médica, recortan el POS y obligan a tener solvencia crediticia para acceder a los servicios de salud complejos, todo esto en un mismo paquete que aniquila el derecho a la salud de los colombianos.

Igualmente, Mockus defiende la reforma laboral de 2002, que flexibilizó y precarizó aún más el trabajo asalariado,  hasta propone rebajar aún mas los sueldos para "incentivar" a los capitalistas a generar empleo. Mayor política proburguesa y neoliberal no podría pensarse: aumentar el poderío del capital sobre el trabajo y deprimir aún más la pésima situación de la clase obrera es una posición retrograda, ajena totalmente a los intereses y anhelos de la inmensa mayoría de la población. Y es que, en el colmo de la confusión, Mockus propone ponerle freno a la adquisición de tecnología para fomentar el empleo. Con semejantes medidas, la inclinación precapitalista  de los verdes no deja lugar a dudas. Mockus, que se dice respetuoso de la constitución y de la ley, si realmente le apostara a ello, podría más bien proponer la recuperación de los seis millones de hectáreas robadas de manera forzosa a los campesinos desplazados, que de seguro una política así mejoraría con mucho cuatro problemas fundamentales: el de el empleo, el de desplazamiento forzado, el de la violencia urbana y el creciente poderío de las mafias narcoparamilitares en el país; eso sería más "ético" y "apegado a la constitución" que las propuestas económicas que hasta ahora ha defendido en los debates y entrevistas a los medios; además, demostraría que la "recuperación del territorio" por nuestras "gloriosas" fuerzas militares ha servido para algo más que asesinar indígenas y campesinos, regar de fosas comunes el país, generar terror y zozobra en el campo y estimular los "falsos positivos".

Esta actitud tan ambivalente de los verdes en la teoría, y radicalmente de derecha en la práctica, es un reflejo de su posición de clase pequeñoburguesa, como hemos afirmado más arriba. La manera en que Mockus se enreda y contradice continuamente en sus declaraciones no es producto de una mente excesivamente reflexiva, como lo dicen sus seguidores, sino de la vacilación constante que como persona de clase media tiene ante los problemas estructurales del país, y que entra en constante conflicto con los anhelos de los simpatizantes y potenciales votantes de este partido, hecho que se encubre con la buena fe que sus seguidores muestran frente a la ·"honestidad" del candidato. Nuevamente, el hecho de que la ola verde desborde el marco programático de este partido, y el candidato Mockus vacile y trastabille continuamente en sus declaraciones, es sintomático del fenómeno ideológico de masas en que esta se ha convertido, y expresa perfectamente la situación de desorientación política de las mismas, así como su potencial revolucionario.

Incluso sus propuesta pedagógica de "cultura ciudadana" es cuando, menos, confusa en su aplicación práctica, y cuando más, veladamente autoritaria. Pretender cambiar los valores de una sociedad que, por su tradición españolista de fanatismo religioso, conservadurismo político y mercenarismo, cruzada con la cultura traqueta que el narcotráfico ha implantado en el país es, claro está, un objetivo noble. Pero la manera en que lo plantea Mockus es llanamente autoritaria. Lo que se propone no es que las personas se desarrollen educativa, política y culturalmente para llegar a un cambio de valores y actitudes, lo que se está barajando es crear una sociedad donde bajo la aparente cordialidad se esconde un sistema de vigilancia de todos contra todos y, lo que es peor aún, de uno mismo contra uno mismo. Marx decía en los manuscritos económico-filosóficos que Lutero, el reformador alemán, había reemplazado la sumisión a la autoridad externa del cura por la introducción de un sacerdote en el alma de cada cristiano, configurando de esta manera una comunidad donde cada quien es el inquisidor de sí mismo. Algo semejante es lo que propone Mockus: inocular un policía, un censor y un fiscal dentro de cada ciudadano, interiorizando una doctrina psicológica de "seguridad democrática" que se fundamenta en el sentimiento de culpa y la sumisión pasiva a la ley. Mockus, que se confiesa kantiano, debería saber que esa no es la forma en que Kant concebía precisamente la ilustración.

Es por todo esto que Mockus, si bien no logra encajar en la totalidad de anhelos de la oligarquía, tampoco representa una vía posible para solucionar los problemas del país. La propuesta programática de los verdes no cuestiona la esencia de las políticas uribistas ni incomoda, sino que se adecua a los intereses de clase de la oligarquía. Sino fuese por el peligro de una judicialización de los actores intelectuales del terrorismo estatal, con Uribe a la cabeza, y por el hecho de que al generar expectativas de cambio entre sectores de las masas sirve de cauce para que la polarización social y el malestar existente puedan empezar a expresarse, Mockus podría ser tranquilamente el comodín de la burguesía sin ningún problema. El problema aquí consiste en que el Polo, con sus contradicciones internas y por la propaganda negra del Estado, no logra asimilarse a la clase obrera y el campesinado, a la votación popular.

Petro, aún cuando su programa no es ni por asomo revolucionario y socialista, tiene una agenda programática por lo menos progresista y reivindicativa de los derechos la clase trabajadora y el pueblo colombiano, pero su problema consiste en su propia actitud oportunista: en el afán de ganar réditos políticos, ha cometido errores crasos como el de votar por el procurador (inquisidor) general Alejandro Ordóñez (propuesto por Uribe), defiende una política guerrerista contra la insurgencia e intenta azuzar el odio contra Chavéz, o desmarcarse nítidamente de él, lo cual más que una táctica política representa una actitud timorata y seguidista de la política del establecimiento, una posición que le hace el juego a la oligarquía. No es así como se puede plantar cara a la propaganda burguesa masiva, y la mejor demostración de que se puede ser consecuente sin perder el caudal electoral lo dan los senadores del polo Jorge Enrique Robledo y Alexander López, quienes han defendido una posición consecuente en defensa de los derechos de los campesinos y trabajadores, obteniendo como premio excelentes resultados electorales. Ahora Petro intenta asumir una posición más a la izquierda, para desmarcarse de Mockus, pero con sus actitudes oportunistas no logra encajar en los anhelos del pueblo colombiano. Haría bien en aprender del ala izquierda del PDA, que representa lo mejor y más granado del partido de la revolución en Colombia, el PDA

Es por eso que los marxistas de la CMR, en las actuales circunstancias, abogamos por votar a la izquierda, girando a su vez hacia una orientación revolucionara, hacia un programa socialista del polo y la CUT, las organizaciones de masas de los trabajadores colombianos, aunando esfuerzos para posicionar a Petro como el candidato de la izquierda, pero sin dejar de criticar sus desaciertos y de agitar por una renovación hacia la izquierda del polo.

 

Conclusión: la táctica frente al "fenómeno Mockus"

Como hemos tratador de evidenciar, el "fenómeno Mockus", aún cuando sea un hecho surgido de manera azarosa, tiene su marco en la situación por la que ha atravesado el país en los últimos años de gobierno uribista, plagado de radicalización de las desigualdades, del terrorismo estatal y paraestatal y de resistencia popular en medio de las condiciones mas adversas, dando como resultado expresiones ideológicas de diversos matices, como canalizadoras del descontento popular. Igualmente, la falta de una orientación revolucionaria decidida en el polo y la CUT ha tenido como resultado el perder oportunidades importantes en el desarrollo de la lucha de clases y la progresión del movimiento popular y socialista en nuestro país, aunque el Estado con su guerra política agenciada desde el DAS tenga también mucho de responsabilidad en ello. Por último, la "marea verde" que actualmente inunda la red y transforma la dinámica política del país guarda relación con la respuesta al asombroso (si es ya posible asombrarse en el país con las tretas de la oligarquía parauribista) fraude electoral del 14 de marzo. Una multiplicidad de factores que se han reunido de manera sintética en la campaña verde explican las causas de este fenómeno.

Pero por ello mismo, por las razones que hemos señalado para develar el fenómeno de masas en que se ha convertido el Partido Verde, se debe subrayar que los simpatizantes y militantes de dicha organización no son el enemigo de la izquierda. Los estudiantes y la clase media, y detrás de ellos el pueblo que se han sumado al movimiento, lo hacen con un anhelo de cambio radical en el país, aunque la confusión ideológica los lleve a desconocer la raíz estructural de nuestra situación interna, la enorme desigualdad social producto de la orientación capitalista del país, y en consecuencia se muevan al margen de la izquierda socialista, el candidato Petro y el polo.

Este movimiento expresa un potencial revolucionario enorme, pero dado el programa y concepciones políticas de Mockus y quienes la rodean, si éste ganase el desarrollo más probable es que tras las expectativas iniciales que ha generado ocurriese algo parecido a lo que estamos viendo con Obama en Estados Unidos y dichas expectativas  se vean defraudadas. Tras el shock y decepción inicial, y en la medida en que los ataques de los capitalistas a las condiciones de vida continúen, ello empujaría a una parte de los sectores que hoy apoyan a Mockus a buscar nuevas alternativas. El que las encuentren o una parte significativa pueda caer de nuevo en la desmoralización y apatía política, o incluso mirar nuevamente hacia la derecha, depende de las propuestas que defiendan y la actuación práctica que tengan los dirigentes del Polo y la CUT en el próximo período.

Por esta razón, la táctica a seguir con los simpatizantes del movimiento verde no pasa por tomar una actitud de choque, por usar la propaganda agresiva contra ellos, como muchos militantes del Polo están haciendo actualmente, sino por asumir una postura de persuasión e ilustración, explicando pacientemente que Mockus no es la salida para los problemas estructurales del país, que sólo girando a la izquierda y luchando por el socialismo podremos alcanzar una sociedad equitativa, donde se expropie la banca, la tierra y la industria para planificar democráticamente la economía y la política sobre la base de consejos de trabajadores, obreros, campesinos, estudiantes e indígenas, sin atentar con la pequeña propiedad de la clase media.

Asumir esta postura implica un esfuerzo de paciencia, constancia e ilustración, para convencer con hechos y argumentos a la mano a los simpatizantes verdes de la situación real, y para movilizar todo el apoyo posible para votar por el polo en las presidenciales y agitar para la organización y lucha del pueblo en sus sindicatos de masas y el partido que representa los intereses de la inmensa mayoría de nuestro país.

Agarrándonos del viento con las uñas, luchando contra viento y marea, en condiciones sumamente adversas política, mediática e ideológicamente, debemos comprender primero las causas de este fenómeno de masas que es la ola verde, y atacar desde la explicación paciente la situación, para que el Polo pueda crecer, avanzar y encarar las duras luchas de clases que se aproximan en el horizonte cercano. Porque, independientemente de los resultados electorales del próximo 30 de mayo, la agudización de la pobreza, el desempleo y la precariedad laboral seguirán siendo impulsores de movilizaciones de protesta contra el capitalismo y la sanguinaria burguesía que nos domina. Y nuestro deber es estar preparados para los giros que se puedan presentar en la lucha de clases, a la par que combatir en el frente electoral.