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¿Cómo luchar contra el cáncer de la corrupción? El caso PDVAL PDF Imprimir E-mail
Lunes, 14 de Junio de 2010 19:19

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El descubrimiento en Puerto Cabello de miles de toneladas de alimentos de PDVAL en estado de avanzada descomposición ha supuesto un gran escándalo. Decenas de altos cargos de esta red pública de distribución han sido detenidos y se ha evidenciado que existía una mafia haciendo negocio a costa de las necesidades del pueblo. Los partidos de oposición y las organizaciones empresariales, con su cinismo habitual, han achacado la responsabilidad de lo ocurrido al Presidente Chávez y al socialismo. La desvergüenza de estos parásitos tiene todavía menos límites que su avaricia. La primera respuesta ante lo ocurrido en PDVAL debe ser el encarcelamiento de todos los responsables y un castigo ejemplar. Pero además, es necesario sacar conclusiones acerca de qué medidas políticas y económicas debe aplicar el gobierno para llevar la revolución hasta el final y evitar que "la robadera" y el saqueo de los recursos públicos puedan continuar.

El descubrimiento en Puerto Cabello de miles de toneladas de alimentos que debía distribuir PDVAL en estado de avanzada descomposición ha supuesto un gran escándalo. Decenas de altos cargos de esta red pública de distribución, incluido su ex Presidente, han sido detenidos y se ha evidenciado que existía una mafia (posiblemente conectada con algunos oficiales del ejército y la policía, así como con empresarios privados) dedicada a acaparar alimentos de la cesta básica, certificar que los mismos estaban vencidos y venderlos al sector privado o desviarlos hacia otros países, haciendo negocio a costa de las necesidades del pueblo.

Este crimen confirma algo que miles de revolucionarios venimos denunciando y combatiendo hace tiempo: la existencia de una quinta columna burocrática dentro de las empresas públicas y del propio estado que sabotea desde dentro la revolución.  

 

El cinismo de la burguesía  

Los partidos de oposición y las organizaciones empresariales, con su cinismo habitual, han achacado la responsabilidad de lo ocurrido al Presidente Chávez y al socialismo. La desvergüenza de estos parásitos tiene todavía menos límites que su avaricia. Lope Mendoza, Presidente de Fedecámaras, en declaraciones a El Mundo (8-06-10), presentaba lo ocurrido como una consecuencia inevitable de la propiedad estatal de las empresas y afirmaba que "a las empresas privadas no se les pudren los productos".

¡Qué desfachatez! Según el diario El Mundo, nada sospechoso de ser marxista, los empresarios privados venezolanos, pese a todas las ayudas y facilidades recibidas del gobierno sólo utilizan un 52% de la capacidad productiva. Prefieren especular con los dólares CADIVI, llenarse los bolsillos en el mercado paralelo o robar al pueblo subiendo los precios. Sí, tiene razón el señor Mendoza, ellos no están dejando pudrir unos contenedores, ellos intentan que se pudra toda la economía nacional. Y con un único fin: minar el apoyo a la revolución e intentar salir de Chávez a como dé lugar.

 

¿Qué hacer para acabar con la corrupción?

La primera respuesta ante lo ocurrido en PDVAL debe ser el encarcelamiento de todos los responsables y un castigo ejemplar. Pero además, es necesario sacar conclusiones acerca de qué medidas políticas y económicas debe aplicar el gobierno para llevar la revolución hasta el final y evitar que "la robadera" y el saqueo de los recursos públicos puedan continuar.

La causa de lo ocurrido en PDVAL y de la corrupción y burocratismo que –lamentablemente- existe en otras empresas públicas, hay que buscarla no en que las mismas estén en manos del estado (ni, por supuesto, achacársela al Presidente Chávez como hace la burguesía de manera demagógica). La causa de la corrupción es que el estado que tenemos no es un genuino estado revolucionario dirigido por los trabajadores y el pueblo.

Todos esos gerentes, presidentes de empresas públicas e incluso ministros, viceministros, etc. no están sometidos al control directo de los trabajadores y el pueblo organizados en Asambleas de ciudadanos, Consejos de voceros elegibles y revocables (Consejos de trabajadores, Consejos Comunales, etc.), no son obligados a rendir cuentas de manera periódica ante las bases revolucionarias ni pueden ser revocados por ellas en cualquier momento.  

 

Por un MERCAL y un PDVAL bajo control obrero y popular. Por un Estado revolucionario basado en los Consejos de trabajadores y Consejos Comunales que liquide el burocratismo y la corrupción  

PDVAL sólo es la punta del iceberg. Muchos burócratas ubicados al frente de organismos y empresas públicas, gestionan las mismas con criterios similares a los capitalistas, en estrecho contacto con ellos y al margen -cuando no abiertamente en contra- de los trabajadores. Esto es una receta acabada para que todos los males que sufren los estados y empresas capitalistas se reproduzcan en Venezuela: tercerización de la mano de obra, represión, despidos arbitrarios, burocratismo y ¡cómo no! corrupción.

La primera lección a extraer por tanto es que resulta imposible mezclar capitalismo y socialismo y que ambos coexistan, como defienden los reformistas partidarios de la economía mixta. Si se intenta, el resultado es que el capitalismo infiltra y contamina inevitablemente cualquier elemento de socialismo que se quiera desarrollar.

La segunda lección es que el control y gestión de las empresas estatales, las llamadas empresas socialistas, etc. no puede estar en manos de un grupo de personas separadas del control de las bases sino del conjunto de la clase obrera y el pueblo organizados a través de organismos de poder popular como los Consejos de Trabajadores y Comunales.

Como el propio presidente Chávez ha explicado en más de una ocasión, él es solamente un individuo y no puede estar en todas partes. Para erradicar el cáncer de la corrupción y el burocratismo es imprescindible desmantelar la actual estructura del estado –que sigue siendo la misma que creó la burguesía – y construir un estado revolucionario basado en la elegibilidad y revocabilidad de todos los cargos, que ninguno de ellos cobre un salario superior al de un trabajador cualificado, que estén obligados a rendir periódicamente cuentas de su gestión ante asambleas de ciudadanos, Consejos Comunales y consejos de trabajadores, y que todas las tareas en que sea posible se realicen de forma rotatoria…

¿Cómo evitar la corrupción en PDVAL y MERCAL? Cada centro local de acopio, distribución y venta de ambas redes públicas de comercialización y el conjunto de la red a nivel nacional deben estar sometidos al control de los Consejos de Trabajadores y los Consejos Comunales. En cada centro de trabajo y cada barrio las Asambleas de Trabajadores y Ciudadanos, los Consejos de Trabajadores y Consejos Comunales deberían nombrar delegados elegibles y revocables en todo momento que se encarguen de participar en la gestión y control no sólo de estas empresas y organismos públicos sino también de vigilar y combatir cualquier posible irregularidad, especulación y violación del control de precios por parte de los distribuidores privados... Estos organismos de poder popular deberían tener acceso permanente a todos los libros de cuentas de PDVAL y MERCAL, desde su Presidencia nacional hasta el más pequeño centro de distribución, y ante cualquier irregularidad poder para abrir una investigación y revocar a los responsables.

Desarrollando una estructura de este tipo, basada en la unificación y coordinación a nivel local, estadal y nacional de los Consejos de trabajadores y Consejos Comunales mediante delegados elegibles y revocables en todo momento, tendríamos el embrión del estado revolucionario que necesitamos para defender y completar la revolución. Sólo así erradicaremos el burocratismo y la corrupción.